viernes, 30 de octubre de 2015

Blog Soul Of Neverland

¡Hola a todos! Bienvenidos a mi blog "Soul Of Neverland". Me llamo Naiein y en este blog quiero compartir mis ganas de escribir y teles-transportaros a otro mundo. Uno donde reina las aventuras, donde escribir y leer son las cosas más importantes, donde podemos comentar libros, pero también música, series, películas o lo que sea que queráis. Este es nuestro pequeño rincón de sueños, no lo olvidéis.

Espero que os guste mi blog y todo lo que vaya compartiendo en él. En su origen, este blog estaba diseñado con la idea de que se diera a conocer HEAVEN, la novela en la que estoy trabajando. Pero poco a poco, he ido creciendo y creo que otra forma de crecer es ofrecer a mis seguidores o a todo aquel que se tope con este blog, un lugar recogido, ordenado y agradable, donde podamos disfrutar todos de una de las cosas más maravillosas de esta vida, que son los libros.


 He aquí la portada de HEAVEN, mi primera novela. el título tal vez no tenga mucho que ver con la historia, o por lo menos, lo que es por ahora, no coincide en absoluto, pero creo que es una historia entretenida, con personajes simpáticos y que espero que te saquen alguna que otra sonrisa.
En él, comento sobre todo música,pero también películas o algún libro. Creo que es algo interesante, y me gustaría que vosotros comentarais alguna canción o algún libro o película que os gustaría que apareciera en la historia. Acepto sugerencias y estaré encantada de leer vuestros comentarios.

¡Disculpad las molestias!

domingo, 25 de octubre de 2015

Capitulo 10

Creo que todo mi mundo se viene abajo. Miro a Alex, sin saber que decir y suelto el aire. Ni siquiera me había dado cuenta de que lo estaba conteniendo hasta que he aceptado la llamada. Solo han pasado cuatro días desde la última vez que nos vimos. Pensé que, al salir huyendo no querría saber nada de mí. Sin embargo, me ha esperado en la puerta de casa casi dos horas y encima me está llamando. ¿Cómo ha conseguido mi número? Tengo algunas conjeturas, pero ese no es el caso. ¿Por qué me llama? ¿Por qué aparece ahora? Yo estaba bien, había vuelto a ser la que era, lo había superado y ahora, en este instante... no sé quién soy. Me siento confusa y, por primera vez, tengo miedo.
- ¿Emma, sigues ahí? – dice en un susurro. Su voz me devuelve a la realidad y sé que debo hacer esto, por él, pero sobre todo, por mí.
-Sí Leo, sigo aquí. ¿Qué quieres? – sorprendentemente, le hablo con una serenidad que no creí capaz de conseguir.
- A ti...es decir....quiero verte....quedar contigo...si es posible. Perdona, estoy un poco nervioso...no quiero que vuelvas a huir de mí. – Su voz es dulce, algo nerviosa y me da la sensación de que intenta medir sus palabras para que yo no le vuelva a rechazar. ¿Lo habrá pasado tan mal como yo?
-¿Quieres verme...después de lo de la última vez?
-Sí...por favor.
-Vale. – Digo para sorpresa de ambos.
- Estupendo, - dice mientras suelta el aire. Creo que, o se siente aliviado o estaba conteniendo la respiración esperando mi respuesta. - ¿Cuándo? ¿Hoy? ¿Ahora?
-¿Hoy? – digo asustada. Miro a Alex que me mira inquisitivo, lo piensa y dice que no. Con señales, me indica que le diga que mañana después de clase. – Esto... hoy no puedo... ¿te parece bien mañana después de clase? Si quieres... - me siento nerviosa, pero Alex me tranquiliza sonriendo y levantándome los pulgares al aire.
- Me parece bien. ¿Hasta mañana entonces?
- Hasta mañana, Leo.
- Te espero donde nos vimos la segunda vez, hasta mañana Emma, - y cuelga antes de que pueda decirle nada. ¿Segunda vez? Esto me confirma que recuerda aquella fiesta.
- ¡Te lo dije! ¡Me debes cinco pavos! Se notaba que el chaval no iba a pasar de ti, los hechizas a todos con tus encantos muñeca, - dice Alex con gran entusiasmo.
- ¿Cinco pavos? En primer lugar, no apostamos, en segundo lugar, ¿pavos? ¿En serio? Creía que te habías ido a Inglaterra con las libras, no a América con los dólares y en tercer lugar, no cautivo a nadie con "mis encantos" – le digo enfatizando las últimas palabras.
- Es una forma de hablar Emma, que poco llevas al día la jerga juvenil. Y sí, tienes encantos. Vamos Emma, no empieces, eres guapísima, muy divertida, pero también responsable y tienes un cuerpo precioso, un poco menudo, pero tienes curvas y un culo alucinante. Además, las rubias llamáis mucho la atención, te lo digo yo, que en Inglaterra hay para regalar, y tus ojos, estos ojazos verde grisáceos tuyos son lo más precioso que alguien haya visto en su vida. – Dice con toda la sinceridad del mundo.
- Alex, eres un exagerado, - suspiro, - pero gracias, eso me hace sentir mejor. Siempre sabes qué decir para animarme, aunque no sé cómo sentirme respecto a mi culo, - le digo con una mueca.
-Tómatelo a bien, es mi consejo como figura masculina. Además, he preferido hablar de tu culo porque sabía que si hablaba de tus pechos me darías una buena paliza.
- Buena elección entonces, sabes que no me gusta hablar de mi cuerpo, - le digo y le doy un puñetazo en el brazo por sacar el tema. Es verdad que en estos últimos años he adelgazado unos kilos, no muchos, solo dos o tres, pero siempre me he sentido acomplejada y no me gusta sacar el tema. Alex lo sabe y no sé cómo se atreve a sacarlo, y más con respecto a mi pecho que, al ser algo voluminoso desde que desarrollé, he recibido algún que otro comentario desagradable y lascivo por parte de algunos compañeros de clase. Eso provocó que Alex se liara a puñetazos en varias ocasiones. Siempre fue así de protector conmigo.
- ¡Auch! Eso ha dolido, - dice y me saca la lengua.
-Ya sabes lo que pasa si hablas de temas tabú. Además, ¿no querrás que yo te recuerde alguna que otra anécdota de tu pubertad, no? Tengo una buena, te acuerdas de esa en la que me quedé en tu casa a dormir y...
-¡No! ¡Para! Eso fue involuntario, sabes que eso es normal en los chicos a esa edad, ¡no fue aposta! Prometiste no hablar de ello nunca.... – grita Alex. Se ha puesto rojo como un tomate, igual que en aquella ocasión. No pensaba contarlo, solo quería devolvérsela para que él también sintiera vergüenza.
-Va, va, que era broma, no se lo he contado a nadie, y nunca lo haré. Solo estaba bromeando, - le digo y le doy un beso en la mejilla para disculparme por mi travesura.
-Todavía no me creo que vayas a quedar con Leo mañana, - Alex cambia rápidamente de tema, sabe que eso desviará la atención de aquel recuerdo tan embarazoso para él.
-Yo tampoco. No debería haberlo hecho, puedo llamarle y cancelarlo, ¿no? – digo dubitativa.
-Emma, lo hecho, hecho está. No le des más vueltas, habla con él, tan mal no puede ir. Te acompañaré para que te sientas más segura, y tendré el móvil en la mano por si me necesitas. Correré hasta donde estés y le daré una paliza si te hace llorar.
- Se cuidarme sola, meterte en peleas por mí no te hará ningún bien, ya eres mayor para liarte a puñetazos por cualquier chorrada. Pero tienes razón, no puedo simplemente echarme atrás, ese no es mi estilo. Seguro que todo sale bien, ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? Debo ser optimista, solo necesito planear la tarde de mañana, que me pondré, que le diré...si, si llevo un plan, no puede salir mal.
- Cuanto más planees, antes te explotará en la cara. Relájate, ponte guapa y habla con él, sé sincera, y si te hace daño, solo tienes que llamarme y yo le partiré las piernas.
-Gracias Alex, eres el mejor. Pero en serio, corta ya con ese estilo gánster que te has montado, nada de meterte en líos.
- Lo intentaré, pero no prometo nada. Sabes que siempre estaré para ti, ...menos ahora. He quedado con los caseros dentro de un rato, así que, cojo algo de ropa, me ducho y me voy. Si me hacen el contrato, me pasaré después a por las cosas, si no, vendré igualmente jejeje.
-Vale, vale, haz lo que quieras, yo tengo mucho que hacer, solo necesito coger mi mochila, el portátil y poner algo de música.
- Te veo ocupada, así que me voy, cuando termine me pasaré a verte, hasta luego nena, - Alex se acerca, me da un beso en la frente y se va.
- Hasta luego Alex, - le respondo antes de que cierre la puerta. Decido trabajar en la cama, cojo la mochila y saco el archivador y los libros, todo perfectamente ordenado y plastificado. Me levanto para coger el portátil y lo pongo encima de mis rodillas. Empiezo echándole un vistazo al horario de mañana, después a mi agenda con todos los deberes, exámenes y trabajos. En el portátil, abro mi reproductor y busco en la carpeta "música", le doy a reproducción aleatoria y empieza a sonar "Cheerleader" de Omi. Umm, buena canción para empezar, con el tema en pleno estribillo, cojo mi archivador y empiezo con mis quehaceres, tengo mucho trabajo y he de aprovechar que Alex no está para ponerme al día. Mañana estaré con Leo, con más motivo para adelantar tarea, ufff donde me he metido, después haré una lista con las cosas que quiero decirle, no puedo olvidar nada y debo guardar su número en mi teléfono. Emma, respira hondo, vamos paso a paso, primero el instituto, después Leo.
Cuando quiero terminar todo el trabajo son las ocho y no hay señales de Alex; estoy terminando de guardar mis cosas y ordenar la habitación mientras que en mi portátil suena el final de "Your song" de Ewan McGregor. Me encanta esa canción, forma parte de la banda sonora de la película Moulin Rouge, una de mis favoritas, debería decirles a las chicas de verla en la próxima fiesta pijama. Todo está en orden, ahora Leo. Cojo un folio del escritorio y un boli. ¿Por dónde empezar? Casi media hora después, creo que ya he dejado mi lista hecha, aunque deberé pasarla a limpio ya que tiene algún que otro tachón. Vuelvo a mirar la lista:
Temas que debo hablar con Leo
¿Me has echado de menos?
¿Dónde conseguiste mi número?
¿Por qué esperaste en la puerta de mi casa durante dos horas?
¿Por qué me besaste?
¿Me besaste porque me quieres?
¿Por qué tardaste tanto en ponerte en contacto conmigo?
¿Te gusto?
¿Recuerdas la promesa que me hiciste?
¿Qué recuerdas de la primera vez que nos vimos?
Colette
Ahora mismo no se me ocurre nada más, bueno si, pero muchas son relacionadas con los tachones que he hecho. No sé si podré, es un terreno bastante farragoso, y ambos sabemos que, para mantener una conversación medianamente civilizada, debemos evitar meternos en el ojo del huracán. Creo que voy a dejarlo aquí y miraré en mi armario. Después de otra media hora, por fin he elegido la ropa. No he parado hasta sacar literalmente toda la ropa del armario y probármela. Creo que me estoy volviendo loca, cuando se trata de Leo, pasa el tiempo de una manera exorbitante. Finalmente he decidido ponerme mis jeans negros ajustados favoritos, la camiseta gris de manga larga con un corazón negro en el centro que me regaló Dani por mi cumpleaños, unas vans grises... y cogeré aquel gorro de lana blanco que me compré en las rebajas el año pasado. No suelo vestirme así para ir a clase, normalmente voy con leggins, vaqueros normales y sudaderas. Sé que las chicas van a flipar, pero me da igual, quiero impresionar a Leo. También me maquillaré un poquito, sé que es una chorrada, pero cuando me maquillo me siento más segura conmigo misma. Miro el reloj, las nueve y media, ¿Dónde diablos se ha metido Alex? Creo que me ducharé primero y después le llamaré, sino iré a buscarle. Cuando bajo, escucho voces en el comedor y veo a Alex hablando con papá del partido que creo que acaba de terminar.
- El árbitro no se entera de nada, ¡era una falta en toda regla! ¡Y roja además! Casi le parte la pierna y...- está diciendo papá cuando entro en el salón, pero deja de hablar y me mira para saludarme. – Emma, hija, estábamos a punto de llamarte para cenar.
- Hola nena, ¿cómo estás? – dice Alex mientras se gira en el sofá para mirarme.
-¿Qué haces aquí? – le digo algo molesta por no haberme dicho que había llegado.
- Estaba comentando con Ricardo el partido que acabamos de ver, ¡tendrías que haber estado! ¡Te puedes creer que el árbitro....
-¡Me da igual! ¡Por mí como si le dan la tarjeta amarilla a la reina de Inglaterra! ¿No dijiste que vendrías cuando terminarás? – estoy molesta. Odio cuando la gente dice que harán algo y luego hacen lo que les da la gana sin decirme nada.
-Emma, llegué a las siete y media y subí a buscarte, pero estabas concentradísima con tus cosas y no quise molestarte, así que me vine a ver la tele. Ricardo vino al rato y empezamos a ver el fútbol, pensé en volver a subir, pero tu padre me dijo que ya bajarías cuando te diera hambre, - dice excusándose.
-Cariño, no te pongas así, como dice Alex, yo le dije que se quedara aquí conmigo. No eres la única que le ha echado de menos. Además, cuando seáis novios podrás estar con él todo lo que quieras, pero mientras deja que haga lo quiera, - me dice tan tranquilo.
-¡¡Papá!! ¡No digas eso! ¡Alex y yo no somos novios! ¿¡Por qué dices eso!? – le digo muerta de la vergüenza. A Alex parece que le divierte y se está riendo a carcajada limpia en el sofá, a saber qué le habrá dicho este pequeño hijo de su madre.
- Nena, prometo que cuando nos casemos, compraremos una casa por aquí para estar cerca de tus padres, - consigue decir Alex entre risas. Le fulmino con la mirada y después a papá que también está a punto de reírse en mi cara.
-¡Iros a la mierda! ¡Me voy con mamá a la cocina! – les grito mientras me dirijo a la cocina.
-Emma, venga, era una broma, no te enfades, - le oigo decir a Alex en la lejanía.
Mamá está terminando de colocar los platos en la mesa para cenar, le ayudo y llamamos a los graciosillos para que vengan a cenar. Transcurre una cena tranquila, Alex y papá son los que más hablan, mamá a veces participa y yo me quedo al margen, aún estoy algo enfadada, pero lo que realmente me distrae es mi cita de mañana. ¿Lo puedo considerar una cita? No lo sé. Termino de cenar y subo a mi cuarto sin mediar palabra, cojo el portátil y decido ver algo que me distraiga. Entro en facebook y veo que Martina ha compartido un video de un chico que ha hecho un cover de James Arthur con la canción "Impossible", le doy al play y empieza a sonar. El cover es bastante bueno, el chico no solo canta bien, sino que le ha añadido su propio estilo y le ha dado un toque flamenco, quedando en perfecta sintonía a pesar de ser la canción de género pop. Fijándome en la letra, me fijo en que habla de rupturas, corazones rotos y amores imposibles..., inconscientemente pienso en Leo, y veo que esta canción muestra que esos son los miedos que tengo con Leo,...el hecho de que me haga daño, rompa mi corazón y les cuente a los demás lo ocurrido entre nosotros. Pero ese miedo solo se puede tener cuando amas a alguien, ¿no? Llaman a la puerta y Alex entra cauteloso a la habitación, interrumpiendo mis cavilaciones. Paro la canción y dejo el portátil a un lado, sin abandonar mi contacto visual con Alex.
-Hola, - dice casi en un susurro. Creo que piensa que sigo enfadada. Bien, se lo voy a hacer pasar mal un rato, la venganza se sirve fría.
-Hola, - le respondo en un tono seco.
-¿Puedo entrar? – va con pies de plomo.
- ¿Por qué no? Total, a lo mejor luego ni siquiera entras. ¿Estás seguro de no quieres irte con tu suegro a ver el fútbol?
-Emma, por favor...- entra en la habitación, cierra la puerta y se sienta en la esquina de la cama, no se atreve a acercarse. – Emma, lo siento, no iba en serio. No quería molestarte, por eso bajé al comedor, y lo de casarnos era broma, tú eres a quien más quiero en este mundo, pero como una hermana. Así es como nos hemos criado, como hermanos, Audrey es mi novia, y la quiero; Ricardo y yo solo bromeábamos, no queríamos hacerte enfadar.
-Odio que digas que vendrás a verme o que me llamarás y luego hagas lo que te dé la gana, y encima me dices que solo me quieres como una hermana, después de dormir juntos y darte mi primer beso. No pensé que fueras tan corto, lo de Leo y Sebas era solo para darte celos por lo de la fulanita inglesa, ...veo que solo te interesarás por mí si llegamos un poco más lejos, - le digo y empiezo a levantarme, me acerco sensualmente hacía él y me acerco con intención de besarle en el cuello. Está tenso y su respiración se ha acelerado, su cara es de pánico puro, no me da tiempo a rozarle con mis labios cuando suelto el aire y empiezo a reírme con todas mis ganas y vuelvo a mi sitio mientras intento para de reír.
- ¡¡Joder, Emma!! ¡Eres lo peor! – me grita. Está enfadado, muy enfadado, pero se lo tiene bien merecido, eso le enseñará.
- Alex, vamos, no te enfades, era una broma, tú mismo lo has dicho, no iba en serio, - le digo mimosa para que se le pase el enfado.
-¡Nena, ni se te ocurra! Casi me matas de un susto, ...pensé que hablabas en serio. Así que ahora mismo te vas a la cama, castigada sin dormir conmigo, - lo dice muy serio, si cree que eso es un castigo va listo. Se levanta, me quita el portátil, lo apaga y lo deja en el escritorio, me echa a un lado, abre la cama y me mete en ella.
-¿No vas a dormir conmigo? – finjo pucheros.
-Hoy no. A Alicia no le hizo mucha gracia que durmiéramos juntos anoche, y no quiero enemistarme con ella. Mañana mientras estás en tu cita, yo llevaré mis cosas al piso, le he dicho que estaríamos toda la tarde juntos así que puedes ir tranquila con Leo que te cubro.
-Gracias Alex, - le digo mientras bostezo.
-De nada, buenas noche, Emma. – Alex me da un beso en la frente y se va su cuarto.
****
Mamá y Alex están abajo desayunando mientras yo todavía sigo arreglándome. Me he puesto el conjunto que decidí, he guardado la lista que no pasé a limpio en el bolsillo y me estoy terminando de maquillar. Anoche me desperté como un millón de veces, soñaba con Leo y todas las cosas que podían salir mal, y ahora tengo unas ojeras horribles...puff, estoy segura de que si me viera un oso panda me haría el ritual de apareamiento ¡Maldita sea! Por suerte, he conseguido disimularlo con el corrector, una línea negra y un poco de rímel, genial. Cuando bajo y voy a la cocina, Alex me mira de arriba abajo y me silba con gran admiración. Mamá está estupefacta y no se atreve a hablar. Papá acaba de entrar en la cocina y me mira bastante sorprendido. Esto es incómodo, así que soy la primera en romper el silencio.
-Buenos días a todos, hoy tengo una charla con la orientadora y algunas entrevistas para el periódico aprovechando algunas visitas que tiene nuestro instituto esta semana. Y debo vestir acorde a mi trabajo, -digo bastante seria y empiezo a comer.
-Estás muy guapa cielo, seguro que te va estupendamente, - es lo único que dice mamá. Terminamos el desayuno en silencio y Alex y yo nos marchamos para llegar a clase. En el instituto no mejora la cosa, Alex y yo somos el centro de todas las miradas, entiendo que le miren por ser el nuevo, pero ¿por qué a mí? ¡Maldición! Debería haberme puesto más sencilla. Las chicas también se ponen muy pesadas por cómo voy vestida, por suerte, entra el profesor y comienza la clase.
-Buenos días a todos. Hoy se incorpora a clase un nuevo alumno, se llama Alexandro Gianetti, ¿quieres presentarte ante tus compañeros? – dice el profesor Márquez en tono amable. Alex, que está sentado a mi lado, se levanta y mirando a los demás se dispone a hablar.
- Hola, prefiero que me llaméis solo Alex. Y que no os engañe mi apellido, el italiano es mi padre, yo soy de aquí. Pero me tuve que mudar a Inglaterra hace tres años. He venido para hacer mi último año aquí porque quería cambiar de aires, - y dicho esto, se sienta otra vez a mi lado y me dedica una sonrisa de bobalicón.
- Breve, me gusta. Chicos ayudadle en todo lo que necesite, Emma, ya sabes qué hacer con los nuevos alumnos, los demás, abrid el libro de historia por la página cincuenta y ocho. – y así, con la normalidad de siempre, pasó el día. A cada hora que pasaba me acercaba más a mi "cita" y yo cada vez estaba más y más nerviosa. Suena el timbre atronador y veo aterrada que ya es la hora. Miro a Alex que, sabiendo lo que estoy pensando, me infunde seguridad con una mirada de protección y cariño.
Nos despedimos de las chicas con la excusa de llevar las cosas de Alex a su nuevo piso y vamos en dirección opuesta a ellas, dirigiéndonos a Leo...le veo, allí está. Su pelo rubio es inconfundible. Lleva un vaquero algo ajustado, pero no mucho, una sudadera negra con cremallera. Veo cómo mira ceñudo el móvil. Nota mi presencia y levanta la vista, primero me mira a mí, sus preciosos ojos me dicen que se alegra de verme, pero luego ve a Alex, que me tiene cogida de la cintura para que no se me ocurriera salir corriendo, y sus ojos se oscurecen. Llegamos a su altura y Alex rompe el silencio.
-Emma, te dejo aquí, voy a estar con la mudanza. Pero ya sabes, si necesitas algo, llámame. ¡Lo que sea! – enfatiza, y mira a Leo desafiante, pero este no se achanta ante la amenaza.
-Gracias Alex, luego nos vemos, - le doy un beso en la mejilla para despedirme, el me da otro en la frente y echándole una última mirada a Leo, dice – te veo luego, Emma - y se va.
-Hola Leo, - le digo tranquila, debo parecer lo más serena que pueda, aunque en el fondo estoy temblando y aterrada de cómo va actuar después de lo que Alex acaba de hacer.
-¿Hola? – dice bastante serio, creo que se ha enfadado. Hace un ademán de darse la vuelta e irse, pero no quiero que se vaya. No me había dado cuenta de lo mucho que había extrañado a esos hermosos ojos azules. Debo detenerle.
-¡No te vayas! – le suplico. Me mira fijamente, me coge de la muñeca y me empuja hacia sus brazos.
-No pensaba irme, - me susurra al oído.

Outfit de Emma

domingo, 18 de octubre de 2015

Capitulo 9

Quince minutos después, entro a la habitación, con un pijama nuevo, el de los bajones lo he guardado. Llevo un pantalón negro y una camiseta rosa un poco ajustada, creo que mi madre me ha escondido las camisetas anchas. Alex sigue donde lo dejé, concentrado en el portátil, escuchando una canción. Conozco esa canción, fue él mismo el que me la enseñó, pero voy a hacerme la loca.
- Alex, ¿Qué has puesto?
- Ummm, no sé, algo del pasado, ¿la has olvidado?
- Jamás la olvidaría. Esas tardes en las que nos encerrábamos en tu cuarto, hablando durante horas mientras sonaba Green Day de fondo están aquí, - le digo señalando mi cabeza. –Todavía guardo el cassette que me regalaste, - le digo con una sonrisa.
- Esta canción, "Basket case", recuerdo que te la enseñé el día que te dije que me mudaba la primera vez. Este ha sido nuestro grupo desde entonces. En mis primeros días en Inglaterra los escuchaba sin parar, fingiendo así que no me había ido. Que seguía aquí, que estábamos en mi cuarto, hablando, jugando o planeando alguna travesura, escuchando esta banda de fondo y cantando las estrofas fingiendo ser uno de ellos, - me dice con voz melancólica, pero con una gran sonrisa recordando esos momentos.
-No te pongas melancólico, ahora estamos juntos y eso es lo que importa. Y a todo esto ¿Cuánto vas a estar aquí? – le digo cayendo en la cuenta de que no nos ha dicho a qué ha venido ni nada.
-De eso precisamente quería hablarte, ven, siéntate, - me dice mientras da unas palmadas al colchón para que me sienta a su lado en la cama. Le hago caso y me coloco en el lado libre.
- Verás, no he venido aquí de visita. He venido porque me gustaría hacer aquí mi último año de instituto. A mis padres no les ha hecho gracia la idea, no solo por querer dejar el instituto pijo y renunciar a la beca para ir a una buena universidad gracias al equipo de fútbol, sino porque me alejaba de ellos; pero echaba de menos esto, y te echaba de menos a ti. Ya soy mayor de edad, y quería aunque fuera hacer mi último año aquí, o al menos convencerte para que te vinieses conmigo a Inglaterra, - me dice muy decidido.
-¿¡Qué!? Alex, ¿¡cómo se te ocurre que yo me vaya a Inglaterra contigo!? – le grito. Luego me doy cuenta de mi reacción, y de que no puedo gritar porque es bastante tarde, así que respiro hondo y le digo más tranquila, - Alex, me encantaría, sabes que me encanta Inglaterra, y que siempre he deseado ir, pero ahora me es imposible. El curso ya está empezado, no tengo a donde ir, ni tampoco tengo tanto dinero, además tengo a mis amigas, tengo un futuro que organizar y Leo... - de pronto me sonrojo. ¿Frenaría mi viaje soñado por él? Gracias a Alex no he pensado en él en todo el día, solo cuando ha salido de tema en la conversación. ¿Habrá pensado Leo en mí? De alguna manera le echo de menos.
- Emma, no vayas por delante. No quiero que te vengas ahora mismo. Quiero que te vengas cuando empieces la universidad. Ven y haz el primer año allí, será una experiencia fantástica, además, vivirás conmigo, y no tendrás que pagarme nada, para eso está mi padre. Me debe mucho después de marearme todos estos años con estúpidas mudanzas. Yo he decidido venir aquí por voluntad propia, y aunque aquello es genial, necesitaba un cambio de aires.
- Alex no sé, esto es tan...repentino. Es demasiada información,... ayer estabas a más de siete mil kilómetros y hoy estas aquí...y me dices que te quieres quedar y que el año que viene me vaya, ufff, no sé qué decir.
- No digas nada. Todavía tienes mucho tiempo para pensar si te quieres venir conmigo o no. Estamos en noviembre aún. Yo por el contrario tengo que ver si me consiguen aceptar en tu instituto o en alguno del barrio y poder quedarme aquí, además de buscar un sitio para vivir. Paso de hoteles.
-Si te quedas, fijo que mi madre te dice que te quedes aquí, - le digo mientras bostezo.
- No quiero molestaros, ya buscaré algo y vámonos a dormir. Estás que te caes de sueño y mañana tienes clase, - dice tranquilamente. Quita el portátil, lo deja en mi escritorio, vuelve a la cama y aparta el edredón.
- Pero, ¿qué haces? – le pregunto divertida.
-Acostarme en la cama, y tú también, vamos, - me dice con una sonrisa a la misma vez que me coge de la mano para meterme en la cama con él.
-Alex tienes tu propio cuarto. Además, tienes novia y esto es raro.
-No es raro, bueno, tal vez un poco. Pero hemos dormido juntos muchos años, no veo la diferencia entre haberlo hecho antes y hacerlo ahora, - dice tan pancho. Todavía tiene las mismas cosas que cuando era niño.
-Ahora somos adultos, y por muy amigos que seamos, no deja de ser...raro... ¿no?
-Deja de darle vueltas, no vamos a hacer nada, solo dormir. Así que métete en la cama, pégate a mí y acuéstate de una vez, - me ordena en tono suave. Decido hacerle caso, no merece la pena llevarle la contraria. Son las dos de la mañana, apenas dormí ayer y tengo clase en seis horas.
- Esta bien, hazme un hueco, - le digo vencida.
-Buena chica, - dice y me dedica otra vez esa sonrisa de chico bueno que no ha roto un plato en su vida y me da un beso en la mejilla.
-Buenas noches Emma.
-Buenas noches Alex.
Estamos a punto de salir por la puerta y mamá se despide de nosotros. Se le hace raro que no haya cogido el skate. A mi también la verdad, pero ahora que Alex está conmigo no lo necesito. Caminamos tranquilamente hasta el instituto mientras le pongo al día de lo que ha pasado en su ausencia. Llegamos temprano, y decidimos quedarnos en la puerta para esperar a las chicas y así presentárselas a Alex de una vez.
-Entonces, ¿sigues con la idea de quedarte aquí? A ver, no es que me importe, al contrario, me encanta que estés aquí ya lo sabes, pero ¿qué pasa con tus padres? ¿Y el instituto? ¿Y Audrey?
-Emma, para, quiero seguir adelante con esto. Soy mayorcito para tomar mis propias decisiones, además, hablé con el director y le conté que quería estudiar aquí. No le hizo especial ilusión de que me fuera, ya que soy el mejor jugador del equipo y no sé cómo, todo el mundo me adora allí. El caso es que llegué a un acuerdo con él,... yo podía venir aquí a estudiar, siempre y cuando volviese para el tercer trimestre y jugase en la final. Aunque tendré que volar algún que otro fin de semana para algún partido importante. Así podía venir, pasar una temporada contigo y estar allí para contentar a todo el mundo y conservar mi beca para la universidad, ¿a que me lo he montado bien? – dice con una sonrisa de tonto en la cara.
-¿¡Bien!? ¿Me tomas el pelo? ¡Te lo has montado más que bien! Alex, sin duda, eres el capullo con más suerte que he conocido nunca, - le contesto mientras le doy un codazo.
- Te lo he dicho, allí me adoran, así que solo me queda hablar con el director de aquí y que me deje estar estos meses por aquí. Así me cuenta para la nota y no pierdo clase, ya que por mucha beca que me dé el futbol también debo sacar buenas notas.
- ¿Y al final qué vas a estudiar?
- Arquitectura. Lo decidí en cuanto llegué a Londres y vi la hermosa arquitectura de Hampstead, quedé hechizado. Sé que tengo un gran futuro en el fútbol, me lo ha dicho mucha gente, pero no quiero quedarme solo ahí. Me encanta y siempre será mi pasión, pero la arquitectura también me gusta. Debo esforzarme el doble, pues quiero ambas cosas y las quiero combinar en mi futuro, seré el primer futbolista que diseñe su propio edificio. – Alex está my convencido de sus palabras, su mirada se ha tornado soñadora, y sé que si se lo propone, lo logrará. Este chico siempre consigue lo que quiere, si no, no estaría aquí.
Noto que alguien nos mira. Me giro y veo a Sebas, que viene con otro chaval; Alex también se ha dado cuenta y se baja del muro de donde estaba sentado. Se pega a mí, pasándome el brazo por los hombros, mira a Sebas muy serio, ¡me está asustando! Me acerca y me besa en la mejilla, me susurra que le siga el juego y vuelve a mirar a Sebas. Está claro que Alex sabe como marcar el territorio ante lo que es suyo, y puede hacer que alguien se sienta intimidado, pues, Sebas ha seguido con el otro chico y no se ha atrevido a decirme nada. ¡Gracias Alex! Me encanta que sea tan protector conmigo.
- ¡Como odio a ese capullo! En serio, si no fuera porque no puedo meterme en problemas, le partía la cara a ese desgraciado, ¡y después le cortaba esas manos para que ni se lo ocurriera tocarte nunca más! Además de arrancarle las pel...
-¡¡Alex!! ¡Para ya! Estás exagerando, - a veces se pasa de protector, me muero de la vergüenza cuando se pone así.
Antes de que a Alex le dé tiempo a seguir con sus amenazas, escucho la voz de mis tres chicas favoritas. Vienen muy animadas y distraídas, hasta que miran al frente, y ven a Alex a mi lado, abrazándome todavía. Sus caras son épicas, y bastantes divertidas, no se creen lo que ven, y no puedo recriminárselo, esta escena no es muy común en mí. No suelo dejar que los chicos, a excepción de Alex, se tomen tanta libertad conmigo. Cuando llegan a nuestra altura, Martina es la primera en reponerse y hablar.
-Pero bueno, ¿de dónde has sacado a este bombón? – siempre tan directa, nunca cambiará.
-Este bombón se llama Alex, y estoy encantado de conoceros al fin. Tuve ocasión de hacerlo, pero al mudarme, solo disponía de tiempo para estar con Emma, - responde Alex a modo de presentación.
-Chicas, ¿recordáis que siempre os hablaba de Alex? Pues, aquí lo tenéis. Ha venido para quedarse una temporada por aquí, pero antes tiene que hablar con el director para que le admitan.
- Emma, no podía haberlo resumido mejor, y ahora que sabéis quien soy y a qué he venido, os tocan las presentaciones, aunque creo que ya sé quiénes sois. Empezando por la izquierda, tú debes ser Danielle, siendo medio británica tendremos muchos temas de conversación, - dice mientras le guiña un ojo, después le da dos besos y se centra en Ivana. – Tú eres Ivana, llevas una trenza y... ahí, llevas un Darth Vader colgado en la mochila, algo friki, pero me gusta, yo también soy fan de las pelis de Star Wars, - le da sus respectivos dos besos, y termina centrándose en Martina, - ya solo me queda la capitana de voleibol y futura diseñadora de moda, Martina, ¿lo he hecho bien? – me dice con una sonrisa de mírame, lo he hecho perfecto, dímelo para que me lo creas más. ¡Agh! A veces se pasa de presumido, pero le quiero igual. Le da los dos besos a Martina y se vuelve a colocar a mi lado.
- ¡Diez puntos para Gryffindor! - grita Ivana, riéndose de su propia ocurrencia.
- Encantada de conocerte al fin Alex, pero puedes llamarme Dani o Daniela. Y si eres un forofo del Chelsea o del Manchester, te invito a venir a casa, allí tendrás a dos locos del fútbol, - Dani le dedica una sonrisa muy dulce, siempre es tan educada con todos que cuesta no quererla.
- Yo no soy una gran seguidora del fútbol, pero si necesitas algún diseño, soy tu chica, - le guiña un ojo y se queda tan tranquila, esta Martina nunca cambiará.
-Ahora entiendo por qué os lleváis tan bien con mi pequeña Emma, espero que me la hayáis cuidado mucho en mi ausencia.
-¡Alex! ¡No soy una niña, sé cuidarme sola!, - le digo haciendo un mohín. Me trata como si fuera una cría solo porque me sacaba una cabeza y media, pero a él parece que le divierte y suelta una carcajada tan encantadora que al final terminamos todos riendo. De pronto, suena el timbre, es hora de ir a clase.
-Chicas, ha sido un placer, ahora, he de camelarme al viejo director Don Hilario Quintana. Espero que todavía se acuerde de mí, pues no pienso irme hasta que me acepte. Emma, te enviaré un mensaje en cuanto hable con él en caso de que no pueda ir a vuestra clase. Nos vemos chicas, - dice mientras se dirige a la puerta. Las chicas me miran y decidimos entrar también a clase, tenemos historia de España, y es mejor no llegar tarde.
                                                                            ****
Ha pasado todo el día y no tengo noticias de Alex. Estoy muy nerviosa. En el recreo le he llamado varias veces, pero siempre me saltaba el contestador, así que le he ido dejando mensajes entre clase y clase. ¿Dónde demonios se habrá metido? ¿Qué ha pasado con el director? Dijo que me avisaría con lo que sucediera, y que no se iría hasta conseguir quedarse. ¿Se habrá ido porque no le han dejado quedarse? ¿Le habrá dado una rabieta y se habrá ido? Juro que como no me conteste lo estrangulo con el cinturón que llevo puesto. ¿Y si le ha pasado algo? ¿Ha vuelto a Londres? No es su estilo, pero, ¿y si ha decidido ir a por Sebas y se ha metido en líos? ¡Me va a dar un ataque! Por decimo quinta vez en el día, intento llamarle mientras salgo con las chicas a la salida del instituto, pero antes de que me dé tiempo a pulsar la tecla de llamada, le veo apoyado en una pared, mirándome y sonriendo como un bobalicón. Salgo corriendo hacia donde está y antes de que le dé tiempo a decirme hola, le doy un puñetazo en el brazo y empiezo a gritarle.
-¡¡Menos mal que me ibas a llamar!! ¿Se puede saber dónde te has metido? ¡Te he dejado como un trillón de mensajes y llamadas y Dios sabe que más! – hago una pausa para recuperar el aliento, lo que le da tiempo a las chicas a llegar hasta nosotros. Alex se frota el brazo donde he descargado la presión de toda la mañana. Todavía me estoy planteando lo del cinturón, así aprenderá a no volver a desaparecer sin decir nada.
-¡Auch! Emma, eso ha dolido, y mucho, - dice con una mueca de dolor, pero a la vez divertido por ver como he reaccionado, creo que no se esperaba que estuviera tan histérica.
- Hey, Alex, ¿Dónde te habías metido? A Emma casi le da un ataque al corazón al ver que no dabas señales de vida, - le dice Ivana para que yo me relaje un poco.
- Os lo contaré todo, pero quiero ir a comer por ahí, veniros todas y hablaremos tranquilamente.
-Alex fuimos ayer a comer, no podemos estar comiendo fuera todos los días, - le reprendo.
-Oh, vamos, Emma, no seas así. He visto un restaurante genial cuando venía hacía aquí, venga os invito a comer a todas, os cuento lo que ha pasado y después cada uno a lo suyo. Juro que no os distraeré y antes de las cuatro y media podréis estar en casa haciendo vuestras cosas, palabra, - lo dice tan convencido que al final acabamos aceptando.
Terminamos en un restaurante italiano llamado Spiaggia Capriccioli, en honor a una de las playas más bonitas y populares de la Costa Esmeralda, en Italia. Lo abrieron hace poco, los dueños son italianos, nacidos en la zona a la que le han puesto el nombre al restaurante. El sitio está ambientando al más puro estilo italiano, es como si estuviéramos en la mismísima Italia en vez de en España; son todos muy amables y tienen un menú tan exquisito y a la vez tan barato para una estudiante, que mentalmente lo he catalogado como uno de mis restaurantes preferidos. Tomamos asiento en un reservado, pedimos pizzas y Alex empieza dar explicaciones.
-Veréis, cuando os he dejado, he entrado al despacho del director y aunque al principio no me reconocía, le conté algunas de mis travesuras y enseguida se acordó de mí, - Alex y yo recordamos esos tiempos pasados, lástima que cuando él estaba aquí las chicas todavía no estaban en este instituto. – le conté mi experiencia en Londres y que, como parte de mi formación, debía quedarme unos meses aquí para la clase de idiomas.
-¡Alex, eso es mentira! –le digo atónita.
-No es una mentira, bueno, tal vez, pero es piadosa, no hago daño a nadie. – dice encogiéndose de hombros. – El caso es que no ha tenido ninguna objeción al respecto y me dijo que podía empezar hoy mismo. Le pedí que si podía estar en vuestra clase para que Emma me pusiera un poco al día y me ayudará en todo lo que necesitara. Al principio no estaba muy de acuerdo porque en vuestra clase sois muchos, pero después de persuadirle un poco y decirle lo importante que era para mí estar con Emma, terminó aceptando. Y como ya me había perdido casi las dos primeras horas, no le importa que empiece mañana. Iba decírtelo, pero luego pensé que primero debía buscar un sitio donde vivir. Así que fui a una inmobiliaria para estudiantes, le conté mi situación y tuve suerte de que una chica estaba libre y me atendió. Se llamaba Estefanía y fue muy agradable conmigo; me enseñó cuatro pisos, baratos y cerca del centro, yo le dije que el precio no era problema, pero ella no quería que me gastara mucho en alquiler. Al final me he quedado con el cuarto piso, que está a veinte minutos del instituto y media hora de la casa de Emma. He firmado todo lo que necesitaba, solo me queda hablar con los caseros está tarde mientras tomamos un café. Finalmente, fui al hotel a recoger mis cosas y cancelar la reserva.
-Entonces, has sabido aprovechar al máximo el día, - dice Martina tras un breve silencio.
-Se podría decir que sí. Dejé mis cosas en casa de Emma, y cómo ya era casi la hora de que salierais, le dije a Alicia que nos iríamos a comer fuera.
- Alex, eres demasiado derrochador, deberías controlarte un poco, - le digo preocupada. Sé que no tiene problema alguno con el dinero, pero tampoco puede estar despilfarrando dinero porque sí
-Pero si se lo gasta en comida tampoco es nada malo, - dice Ivana terminando su porción de pizza.
- Una al año no hace daño, y esta comida lo merece. Gracias por invitarnos otra vez Alex, - Daniela es siempre muy agradecida.
-No hay de qué, las amigas de Emma, son mis amigas, y creo que os lo debía por no querer conoceros en el pasado – contesta Alex con su mejor sonrisa.
Terminamos de comer mientras hablamos tranquilamente de temas variados, después, los dueños nos invitan a su postre más popular, tiramisú italiano, receta especial de la familia de la dueña que, según nos ha contado, proviene de una larga dinastía de pasteleros. Es todo un manjar, está delicioso y mira que a mí nunca me gustó mucho este postre. Mientras repetimos por segunda vez de este maravilloso postre, suena de fondo "Scusa ma ti chiamo amore", de Sugarfree. A las cuatro y cuarto estamos todos en la puerta, comentamos algún que otro detalle del instituto y nos vamos cada una a nuestra casa. Alex se viene conmigo a casa, querrá arreglarse un poco si dentro de un rato se va hablar con los caseros de su nuevo piso. Llegamos a casa y mamá está en la puerta, tiene mala cara.
-Hola mamá, - le digo al entrar.
-Hola Alicia, ya estamos aquí.
-Emma, ¿no tienes nada que decirme? – su tono es preocupado.
-Emmm, no sé, ¿debería? Mamá, ¿ha ocurrido algo malo? Por favor, no le des vueltas, lo que sea dilo ya, - odio que vacile a la hora de decirme algo.
-Emma, ¿habías quedado hoy con un chico que no fuera Alex?
¿Qué? ¿Me está tomando el pelo?
-No. No había quedado con nadie, es más, ni siquiera sabía que Alex iba a buscarme. ¿Por qué preguntas eso?
-Verás... - empieza dubitativa, - estaba esperando a que tu padre viniera, porque hoy se ha retrasado y tal, y al asomarme por la ventana de la entrada...había un chico. Era alto, rubio y parecía que esperaba alguien, no dejaba de mirar de un lado a otro, se paseaba nervioso, y de vez en cuando miraba hacía la casa. Pensé en llamar a la policía, pero cuando cogí el móvil, vi a tu padre venir y él se alejó, pero en cuanto entró tu padre, volvió a colocarse en la puerta. Ha estado aquí casi dos horas esperando y después se marchó. Pensé que habría quedado contigo y te estaba esperando.
Rubio...era Leo. Estoy segura, no me cabe duda. ¿Qué hacía aquí? ¿Por qué me ha estado esperando? ¿Querrá decirme algo? Me estoy poniendo nerviosa, Alex se da cuenta, me agarra la cadera, dándome a entender que está aquí, le dice a mi madre que sería alguien del instituto que me buscaría para algo, y tras una breve excusa, me lleva a mi cuarto y me sienta en la cama.
-¿Quieres hablar? – dice muy suave, cree que me romperé si me habla más alto. Niego con la cabeza y me pego a él, abrazándole, Alex me coloca en una posición más cómoda y me acurruca entre sus brazos. Me alegra tenerle aquí, no sé cómo sentirme en estos momentos. Decidí alejarme de él, no puedo dejar que me afecte, tengo un futuro en el que pensar, y él no puede permanecer en él. ¿Para qué me busca? ¿Debería seguir evitándole o plantarle cara? De repente suena mi móvil, la habitación se inunda del tono de "Last Friday Night" de Katy Perry, me alejo un poco de Alex y sacó mi móvil del bolsillo. No tengo ese número guardado, y por un momento me cunde todo el pánico del mundo., no será...Alex me mira con expresión "haz lo que creas correcto", eso no me ayuda, debo cogerlo antes de que cuelgue o no.... luego me arrepentiré, pero ahora necesito saberlo.
-¿Quién es? – digo con voz temblorosa.
-¿Emma, eres tú? Soy Leo...

domingo, 11 de octubre de 2015

Capitulo 8

No sé cuánto tiempo llevamos aquí tirados en mitad de la calle. La gente nos mira, pero a mí me da igual. Todo da igual cuando se trata de Alex. Nos conocemos desde que éramos muy pequeños; nuestras madres eran muy amigas, además, vivían en la casa de enfrente. Éramos los mejores amigos del mundo, nos lo contábamos prácticamente todo, es más, nos pasábamos los días juntos, y era raro cuando uno no dormía en casa del otro. Alex siempre me defendía y luego yo le curaba las heridas que se hacía por defenderme. Cuando teníamos ocho años, ascendieron a su padre y se tuvieron que mudar a la ciudad vecina, y aunque ya no vivía en la casa de enfrente, eso no nos impidió seguir viéndonos. Poco después de mudarse conocí a las chicas, pero no se las pude presentar a Alex, porque siempre que quedábamos, él quería que estuviéramos los dos solos. Nos fue difícil seguir con nuestra amistad, porque el trabajo de su padre les obligó a mudarse varias veces, y cada vez más lejos, pero nosotros seguíamos quedando todos los fines de semana y llamándonos a todas horas. A los catorce años, volvió a mudarse a la casa de enfrente y pudo matricularse en mi instituto. Estábamos felices de poder pasar todo el tiempo juntos otra vez, lástima que esa felicidad solo durase un año, ya que su padre tuvo que trasladarse a Londres para gestionar la nueva sucursal que tenían allí. Cuando me enteré de la noticia acabé destrozada. Alex tampoco quería irse, pero como no quería que me sintiera mal, él fue el fuerte de los dos y no paró de prometerme que seguiríamos en contacto, y que pronto volvería. El mismo día que nos despedimos, Alex me regaló su bien más preciado, su skate, es por eso que desde entonces lo llevo siempre conmigo, era como si Alex nunca se hubiera ido, y yo a él le regalé mi primer beso. A ambos nos dio bastante asco, pero luego nos reímos bastante al ver que compartimos hasta nuestro primer beso,… ya casi me había olvidado de aquello.
Seguimos en contacto durante un año y medio más, pero cada vez nos costaba más y más por los estudios, nuestros amigos, el horario y demás. Sin embargo está aquí, otra vez en mi vida, no puedo dejar de abrazarle para comprobar que es real, que Alex está aquí, a mi lado.
-Emma, llevamos aquí un rato, y la gente nos está mirando. Sabes que no me importaría estar así todo el día, pero en serio, me muero de hambre. Solo hace dos horas que bajé del avión, así que solo me dio tiempo a venir aquí, buscar un hotel y recogerte. Así que venga, llama a Alicia y dile que te invito a comer. Echo de menos la comida española, aunque un McDonald’s estaría de lujo.
-Tienes razón, será mejor que me levante ya, perdona por aplastarte, - digo y sorbo por la nariz. – Es que…no puedo creer que estés aquí. Te he echado tantísimo de menos, me siento fatal por haber perdido el contacto contigo.
-Yo también te he echado de menos. La vida en Londres fue un gran cambio para mí, y tuve que dejar muchas cosas atrás, aunque nunca te olvidé, y por lo que veo, tú tampoco lo hiciste, - dice señalando el skate. Tras eso me ayuda a levantarme, y me pasa las manos por la cara para quitarme las lágrimas de las mejillas.
-Nunca, - le digo con una sonrisa.
- Nunca, - me devuelve la sonrisa. – Ahora en serio, llama a Alicia y vámonos a comer. Tenemos mucho que contarnos, no será fácil, pero vamos a ponernos al día con nuestras vidas.
- Tienes razón, tenemos mucho que decirnos. Oye, no te importa llamar tú a mi madre, yo necesito recomponerme un poco ante tanta emoción. – Estoy demasiado sensiblera últimamente y sé que si soy yo la que la llama, acabaré llorando otra vez.
-Vale, vale, yo llamaré a Alicia, venga, ven, hace tres años que no te he abrazado y pienso recuperarlos, - dice mientras me guiña un ojo. Se me escapa una risita nerviosa y me acerco a él para darle su abrazo. Después nos alejamos en dirección al McDonald’s más cercano mientras él llama a mi madre, pero ni siquiera en ese momento me suelta, me tiene cogida por la cintura, agarrándome con fuerza, como si tuviera miedo de que me escurriera entre sus dedos. Pero no me importa, yo tampoco quiero alejarme de él. No me había dado cuenta de lo mucho que le echaba de menos hasta que ha vuelto a mi vida.
-Sí, sí. Alicia no empieces como tu hija, estoy aquí y eso es lo que importa. Sí, sí. Por supuesto que me pasaré, pero antes quiero llevarme a Emma a comer, espero que no te importe ¿Que cuánto tiempo? Bueno, pues todavía no estoy seguro, pero esto prefiero hablarlo en persona, sí, sí. Alicia, después de comer y pasar un rato con Emma voy a casa, ¿de acuerdo? Estoy deseando ver a Ricardo y a África. Os he echado mucho de menos a todos. Sí, sí, Emma me pondrá al día, vale, ajá, sí, hasta luego Alicia, - y cuelga.
-Mi madre se ha puesto muy pesada, ¿no? – le digo al ver la cara de diversión que le ha dedicado al teléfono.
- Pesada no es la palabra, más bien entusiasmada. Me quiere dar una bienvenida por todo lo alto, y me ha suplicado que vaya a casa después de comer, pero quiero tenerte un rato más para mí solo, así que iremos cuando hayamos terminado de ponernos al día, ¿te parece bien?
-Perfecto, - le digo mientras le abrazo con más fuerza.
Caminamos un poco y entramos en el McDonald’s, pedimos nuestros menús y nos sentamos en un sitio apartado para tener mayor intimidad. Empezamos a comer y decidimos que sea él quien empiece a contar sus últimos tres años en Londres.
- Emma estoy tan nervioso que no sé por dónde empezar.
-Tú cuéntame a partir del momento en que nos separamos, así pillarás carrerilla, - le digo con una sonrisa, y le doy un apretón en la mano que tiene libre para transmitirle confianza.
-Vale, - me devuelve la sonrisa y el apretón. – Cuando subí al coche, empecé a llorar y a gritarle a mis padres por hacerme esto. No me quejé en las otras mudanzas, pero el hecho de irme a otro país fue un shock tremendo, aunque lo que más me dolió fue verte tan destrozada. En Londres vivía en Hampstead, uno de los barrios más bonitos de Londres, es algo pija por ser una zona bastante cara, pero mis padres solo querían un barrio tranquilo y cercano al trabajo de mi padre. Hampstead fue zona de veraneo para la aristocracia londinense durante los siglos XVIII y XIX, de ahí que se caracterice esa zona por su arquitectura georgiana, el sitio no está tan mal a fin de cuentas, pero en cuanto vaya a la universidad pienso independizarme e irme a vivir a Notting Hill. Es una zona de moda, y aunque es algo cara, mi padre tiene pasta, - dice dándose fingidos aires de niño rico, lo que hace que empiece a reír y casi me ahogue con la patata que estaba masticando. – El caso es que allí, hace años abundaba la población afrocaribeña, que dio origen a su famoso carnaval que celebran a finales de Agosto. Es una pasada, hay carrozas, gente disfrazada y grandes desfiles, además, hacen unas after-parties alucinantes. En serio, tienes que ir alguna vez, yo he ido todos los años a verlo. Actualmente la mayoría de la población es más parecida a los pijitos remilgados de Kensington, pero eso no le quita sus orígenes y la fiesta es más prometedora cada año. Pero bueno, me voy a ahorrar los detalles de guía turística por ahora. La verdad es que me fue bastante bien, fui al instituto St.Paul, en el barrio de Barnes, a media hora de casa, aunque yo prefería ir a Southbank International School que solo está a diez minutos, pero mis padres querían el mejor colegio privado. Es bastante pijo, y no me gustaba mucho, pero sacaba notas geniales, a pesar del cambio de idioma. Luego entré en el equipo de fútbol y conocí mucha gente, hice muchos amigos, y pronto dejé de sentirme fuera de lugar entre tanto ricachón. El entrenador me dijo que tenía un gran futuro y lo seguiré teniendo siempre y cuando siga en el equipo, pero ya llegaré a eso. Hace cosa de un año empecé a salir con una chica. Se llama Audrey Wheeler. Es fantástica y muy guapa. Tiene más o menos tu altura, menuda y con el pelo largo y pelirrojo, tiene unos preciosos ojos negros y su sonrisa es la más bonita de todo Londres. Seguro que os llevaríais genial. - habla de ella con mucha ternura, se nota que está coladito por esa tal Audrey y eso hace que me sienta feliz; estoy deseando conocerla. - Y con eso no tengo mucho más que contarte, creo que es un buen resumen de estos años, más tarde podemos entrar en anécdotas divertidas, pero antes quiero saber que fue de mi pequeña Emma, - me dice con su sonrisa más sincera.
-Al contrario que tú, no tengo mucho que contar, - le digo después de darle otro bocado a mi hamburguesa. - Cuando te fuiste me pasé una semana llorando y enfadada con el mundo, África estuvo a mi lado y fue la que me sacó de esa incertidumbre y derrumbó el muro que yo misma me construí en el momento en que te vi subir al coche. He seguido en el mismo instituto, así que de ahí no te puedo contar nada que no sepas ya, aunque ahora podrás conocer a mis amigas. Te hablé de ellas cuando estabas en Londres, fue una lástima que ellas entrasen al instituto después de irte tú. Son mis mejores amigas, ellas son Danielle, aunque todos la llamamos Dani, es medio británica, así que os llevareis muy bien. Tiene el pelo larguísimo, liso y cobrizo, sus ojos son azules y es muy guapa, además de esbelta. Es muy responsable, le encanta su clase de debate y está conmigo en literatura universal. Martina también es muy guapa, tiene el pelo negro y ondulado, sus ojos son color miel y además tiene bastantes curvas, todas la envidiamos por eso jejeje. Es la más fiestera de todas y la que más bebe, así que te aconsejo que no la invites a ir de bares. Que no te engañe su apariencia, es la capitana de voleibol y una gran diseñadora, no es solo una cara bonita. Y ya solo me queda Ivana. Es rubia, como yo, pero ella lo tiene más claro y casi siempre lo lleva recogido en una trenza. Sus ojos son verdes, y tiene algunas pecas. La reconocerás enseguida porque siempre lleva algo friki encima, es muy divertida, bueno, todas lo son, seguro que te caen genial. En clase sigo con el rol de delegada, en eso no he cambiado, además soy la editora del periódico del instituto y la que organiza las actividades en clase de literatura universal. También me he apuntado con Ivana a yoga, para liberar tensiones y bueno, todavía sigo con la idea de estudiar periodismo, así que no tengo mucho más que decirte. Y no tengo novio, por si lo quieres saber.
-Vaya, menuda carrera, ¿tienes al menos tiempo para respirar? – Se ríe ante mi día a día, le da un sorbo a su coca cola y recuerda algo -¿Entonces el chico de antes…? – dice confundido
-Eso es otra historia, te la cuento de camino a casa y… de paso otra cosa que ocurrió el sábado…no me he atrevido a contárselo a nadie y, ahora que estás tú…solo puedo fiarme de ti. – Alex se da cuenta de la gravedad de la situación, así que no me pregunta, solo se limita a asentir y a devolverme el apretón.
Salimos del McDonald’s y nos vamos a mi casa. Por el camino se lo cuento todo. Es liberador tenerle aquí. Alex es la única persona a la que me puedo abrir de esa manera. Sincerarme con él es tan sencillo, contarle lo de Sebas y después lo de Leo me ha dado la vida. Me siento mucho mejor y aunque Alex todavía no me ha dicho nada, me reconforta sentir su mano en mi hombro.
-Vaya, vaya, Emma, menos mal que no tenías mucho que contarme. Lo de Sebas ha sido una idiotez, si yo hubiera estado aquí ese gilipollas no te hubiera tocado un pelo. Ya me imaginé que había pasado algo en cuanto os vi, aparecí justo a tiempo para salvarte.
-Como has hecho siempre Alex, menos mal que viniste, no sé si hubiera conseguido escapar de él sino llega a ser por ti.
-Te enseñaré algunas llaves que aprendí en el instituto, para que sepas defenderte de acosadores como él, - dice riendo, lo que me hace reír también a mí.
- Y respecto a Leo, ¿Qué opinas que debería hacer?
- Seguir con tu vida. Está claro que le importas, pero su pasado se interpone ante sus sentimientos presentes, lo que le impide pasar página y le hace actuar como lo hace. Cuando se sienta preparado, volverá a por ti, si no lo hace es que no le importaste de verdad, pero no creo que sea su caso. Solo deja que pase el tiempo, ya verás como aparece otra vez para recuperarte. Si ese tío quiere algo contigo, tu rechazo solo avivará más sus ganas de estar contigo.
-Oh, Alex, como echaba de menos estos consejos tuyos, - le digo mientras le abrazo con más fuerza y le recompenso con un beso en la mejilla.
-¡Guau, como en los viejos tiempos! Echaba de menos tus besos, aunque ahora también extraño los de Audrey, - dice haciendo un fingido mohín.
-Me encantará conocer a Audrey. Ojalá hubiera venido contigo, - le digo un poco apenada. Quiero conocer a la chica que ha cuidado de mi Alex este último año.
-Yo también quería que viniera, pero ahora está en Escocia, intentando convencer a sus padres para seguir el último curso en Londres, aunque ellos quieren que termine en casa. Pero no te preocupes, ya la conocerás.
-Eso espero, - ambos sonreímos y entramos en casa. Mi madre empieza a llorar y no deja de abrazar a Alex y decirle lo guapo que está. Mi padre, que acaba de llegar del trabajo, se acerca y le da un gran abrazo de bienvenida.
-¿Y África? – pregunta Alex en un respiro que le da mi madre. Ostras, olvidé por completo contárselo.
-Alex, olvidé decirte que África se fue a vivir con su novio Fran a las afueras. Teníamos tantas cosas que contarnos que ni me acordé, - le digo a modo de disculpa.
-Cariño, no te preocupes, si queréis podéis llamar a África para pasar el fin de semana en su casa, - me dice mi madre. Es una buena idea, hace mucho que no veo a Afri, la echo de menos. Mamá decide llamarla ella misma, mientras nosotros nos vamos al comedor con papá. Alex y él están hablando muy animadamente y no quiero interrumpirles, pero no me separo de él. Alex es mi hermano de otra madre, no me había dado cuenta hasta ahora y no me quiero separar de él en absoluto.
Mamá se ha superado y ha hecho una cena fantástica. Alex nos ha contado un montón de anécdotas y nos hemos reído como nunca. Estábamos tan absortos con su visita que no nos hemos dado cuenta de que ya eran las doce y media. Mi madre prácticamente ha obligado a Alex a quedarse a dormir, aunque él le ha dicho que está en un hotel, ella se niega a que se quede solo en un hotelucho teniendo una cama para él aquí. Al final Alex accede a quedarse y viene a mi cuarto donde seguimos hablando sin parar.
-Bufff menudo día, mañana tendré que ponerme al día con todo lo que no he hecho, menos mal que anoche adelante un montón, - le digo a Alex mientras termino de preparar la mochila para las clases de mañana. Él está echado en mi cama con mi portátil mirando el facebook o alguna red social.
- Emma no seas así. No hace falta llevarlo todo al día, yo lo dejo todo para el último momento y no me va nada mal. ¿Te importa si pongo alguna canción de fondo?
- Tú no lo necesitas porque eres un genio, pero los demás mortales necesitamos tener un orden, y sí, puedes poner lo que quieras, ya lo sabes. Voy a darme una ducha, ¿necesitas que te traiga algo?
- Exagerada, no soy un genio, solo tengo habilidades ocultas, jejeje. Y no, no necesito nada, tu padre me ha dejado esto para dormir, pero si me quedo más por aquí tendré que dejar ropa. Así que venga, dúchate tranquila, después iré para enjabonarte bien la espalda, - me dice intentando sonar sensual, pero lo hace fatal.
- Tú sigue diciendo ese tipo de comentarios a las jovencitas y te quedarás sin novia, - le digo mientras le tiro un cojín, pero lo esquiva a tiempo y cae en el otro lado de la cama.
-Audrey sabe como soy, no me dejará. Después de todo, soy adorable, y lo sabes. Anda dúchate que te van a dar las tres de la mañana.
-¡Sí, papaíto, lo de que tu digas!
- Jovencita no me hable en ese tono si no quiere unos azotes, - me reprende en broma.
-Claaaaaro, lo que tú digas, - y antes de darle tiempo a que me responda, cierro la puerta y me voy al baño antes de que me entretenga con algún comentario más.