domingo, 31 de julio de 2016

Capítulo 49

Después del brindis, atacamos la comida con ferocidad, pues a pesar de los nervios, realmente estaba hambrienta. El día anterior me resultó imposible probar bocado pensando en la comida de hoy, sin embargo, ahora creo que exageraba. La comida tampoco nos está yendo tan mal. Después de un pequeño silencio, Leo sugirió poner la televisión un rato y mientras terminábamos de comer, vimos un capitulo de "Castle".

- ¿En serio a las chicas os gusta este tipo de series? – pregunta tras darle un sorbo a su refresco.

- ¿No te gusta? Está muy chula, sobre todo con el personaje que interpreta a Castle, es muy divertido.

- No digo que esté mal pero no creo que se convierta en mi serie favorita.

- Eso es porque estás viendo un capitulo al azar – puntualizo. - ¿Qué serie dirías tú que podría considerarse como tu favorita?

- Mmmm – se lleva la mano a la barbilla mientras piensa. – Supongo que "Breaking Bad" o "The walking Dead". Son unas series geniales, recomendadas cien por cien.

- A Ivana le encantan esas series – recuerdo. – Yo empecé a ver con ella "Juego de Tronos" pero apenas pude ver los primeros capítulos por falta de tiempo.

- Deberías terminarla, es muy buena. Naim y yo nos vimos todas las temporadas juntos.

- ¿En serio? – pregunto con más interés ahora. Naim no me dijo nada al respecto. – Por cierto... ¿has visto a Naim últimamente? – pregunto intentando sonar desinteresada.

- Pues no le he visto desde el viernes cuando nos encontramos – responde más serio. – Emma... he podido ver que has congeniado bastante... bien con Naim – comenta con el rostro ligeramente ensombrecido.

- Se podría decir que sí – respondo sin saber a dónde quiere llegar.

- ¿Habéis estado saliendo mientras tú y yo....?

- Hemos quedado unas cuantas veces – me sincero bajando los cubiertos hasta el plato. – Simplemente hemos quedado como amigos y hemos pasado el rato.... no hemos hecho nada si es lo que quieres saber – respondo cortante.

- No te enfades, solo quería cerciorarme de que...

- ¿De qué? – pregunto molesta sin dejarle terminar. - ¿Querías saber si mientras estuviste fuera me acosté con tu amigo? ¿O pensaste que me buscaría un ligue por despecho? ¿¡Y qué mejor que tu amigo!?

- Emma, no he dicho nada de eso.

- Pero lo has insinuado – mascullo entre dientes.

- Emma, sé que me eres fiel.

- Leo no tiene nada que ver serte o no fiel. Naim y yo somos amigos, él me apoyó mucho mientras tú y yo estábamos en mitad de nuestra ruptura. Ruptura que, por si lo habías olvidado sigue en pie – Leo me observa dolido por mis crueles palabras que, aún siendo verdad, duelen. Todavía es pronto para decidir si merece la pena volver a intentarlo si quiera. Suelto un largo suspiro y cojo su mano – Leo, aunque no lo parezca, me duele decírtelo – digo con voz rota. – Estamos viendo a dónde va a parar esto y si seré capaz de seguir adelante y olvidarme de Colette, pero eso no significa que hayamos vuelto. Yo.... te quiero, eso lo sabes, pero no sé si solo eso basta para seguir...

- Emma, puede funcionar. El amor lo puede todo y si de verdad crees en él... – me dice con total convicción. – Pero después de todo, la fastidié y sé que tendré que pagarlo caro...sobre todo si quiero volver a recuperarte - agacha la cabeza con la mirada triste.

- Siento haberte preguntado por Naim – me disculpo intentado evadir los sentimientos recibidos con sus palabras. Sé que me quiere pero traicionó mi confianza, y eso le costará demasiado caro...

- Siento haber insinuado que me sustituiste por Naim durante la ruptura. – Su disculpa me descompone el cuerpo por completo. ¿Sustituirle por Naim? Jamás se me pasó por la cabeza que estaba usando a Naim para olvidar a Leo. ¿Fue así? ¡No! Estaba con Naim porque me gustaba estar con él, porque me encantaba hablar con él, porque... - Emma.... – interrumpe el hilo de mis pensamientos. – Si quieres, podemos ir a mi habitación – contengo el aire y observo inquieta lo que está insinuando. – No, no te asustes, es solo que allí tengo la guitarra y he pensado que tal vez te gustaría aprender a tocarla.

- Me gustaría... – respondo un poco más relajada a pesar de seguir con el cuerpo en tensión. Las comisuras de Leo se inclinan hacia arriba, y con una última sonrisa, apaga la tele y entre los dos recogemos la cocina. Metemos los platos en el lavavajillas y olvidando los últimos minutos, nos vamos hasta su habitación para mi nueva clase improvisada.

*****

Solo han pasado unos pocos días desde que quedé con Leo a principio de semana, sin embargo aún lo noto como si fuera ayer. La clase improvisada de guitarra estuvo bastante bien después de todo. Leo me enseñó a tocar una canción de Bryan Adams.... "Heaven". Desde entonces no me la quito de la cabeza... después, Leo me acompañó a casa con la promesa de volver a vernos pronto. Naim sigue sin cogerme el móvil y me estoy empezando a enfadar de verdad. Ya noté que algo raro pasaba la última vez que me llamó, y odio haber tenido razón. Mañana pienso ir a buscarle y pedirle que me explique por qué ha empezado a rehuirme. Suelto un suspiro y levanto la vista de entre los libros, Alex ha venido para hacer los deberes juntos, sin embargo está más distraído que de costumbre.

- Eh, Alex – lo llamo. – Alex, eh, eh, - me acerco y zarandeo su brazo.

- ¿Eh? ¿Qué? – pregunta distraído.

- Alex, últimamente estás muy distraído, ¿te ocurre algo?

- No... - dice en voz baja.

- Alex – digo en tono duro, me acerco hasta él y me siento a su lado. Alex sonríe ligeramente y me pasa el brazo por encima de los hombros.

- No es nada, en serio – intenta tranquilizarme. – Creo que...echo de menos mi hogar...

- ¿Echas de menos a tu familia y a Audrey? –pregunto y noto como su mandíbula se tensa. Después pone cierta expresión de dolor que, aunque la haya disimulado rápidamente, la he visto.

- Sí...- dice en voz baja.

- Subiste hace poco – recuerdo.

- Para el último partido, pero Emm, dentro de poco tendré que irme y no volveré – dice triste.

- Oh Alex, no digas eso, aún queda tiempo.

- No queda tanto Emm – suspira. – Pronto deberé volver y... siento que mi corazón está dividido.

- Pero nos podremos ver en vacaciones – intento animarlo. – La última vez que nos separamos éramos unos niños – le recuerdo. – Ahora somos adultos y podemos viajar las veces que queramos, tampoco estamos tan lejos.

- Lo sé... - conozco a Alex demasiado bien como para saber que hay otro motivo por el que está así, pero sé por experiencia que es mejor no forzarle, si quiere contarlo, lo hará.

- Alex, cuando te sientas preparado para hablar, aquí estoy – le dedico una sonrisa.

- Lo sé Emm, te quiero enana – dice besando mi mejilla.

- Yo también te quiero Alex.

*****

El jueves por la mañana tenía muy claro mi objetivo. Naim. Cometió el error de darme una de sus tarjetas de visita una de las veces que quedamos. No le pienso consentir que después de empezar a ser buenos amigos se aleje sin motivo alguno. ¿Por qué? ¿He hecho algo malo? ¿Cuando hablamos por última vez....dije algo que pudo ofenderle? Exijo una explicación, además... estoy cansada de vivir el juego continuo de "contigo pero sin ti" que tengo con Leo y Naim desde que entraron en mi vida. ¿Por qué no simplemente se quedan? O que se larguen y me dejen en paz...bueno no, no quiero que se vayan... suena estúpido y puede que hasta masoquista pero... los quiero en mi vida a pesar de todo. Se han vuelto importantes para mí...y no sabría que hacer sin ellos....

- ¿Estás segura de lo que vas a hacer? – pregunta Alex a mi lado.

- Segura – asiento. Solo él sabe de mi plan de abordaje en el trabajo de Naim. Podría ir a su casa, pero sé que será un viaje en vano.

- Está bien, ya me contarás.

- Alex – este me observa y le doy un rápido beso en la mejilla. –Gracias, y alegra esa cara – le digo antes de despedirme. Mientras me alejo a paso ligero veo a Alex hablar con las chicas y, para mi sorpresa, veo que se va en la misma dirección que Martina, algo raro porque normalmente se va con Daniela ya que viven cerca. Tendrá que ir a algún recado.

Me giro y, dejado el skate en el suelo, me subo y voy de camino al trabajo de Naim. Por suerte, hoy hace un buen día de Febrero, el cielo está despejado y, aunque todavía hace frío, voy bien con mi sudadera gris oscuro y una chaqueta vaquera. El viaje me resulta más corto de lo que me esperaba, y aunque me he pasado todo el trayecto ensayando todo lo que quiero decirle, creo que no es suficiente. Frente a mí puedo ver el enorme edificio donde trabaja Naim. Está realizado completamente con cristaleras, incluso el ascensor, por lo que le da un aire muy naturista. ¿En qué planta trabajará Naim? Siempre puedo preguntar, pero siento cierto reguero de nervios dentro de mí. ¿Y si se creen que bromeo y no me toman en serio? ¿Y si lo molesto y lo regañan? ¿Ha sido buena idea? Empiezo a respirar cada vez más fuerte conforme voy avanzando y me quedo justo en la puerta. ¿Debo entrar? Antes de poder seguir dudando, una mujer entrada en carnes abre la puerta.

-Hola cariño, ¿vas a entrar? – me pregunta la señora con excesivo maquillaje en la cara.

- Eh, bueno yo... - comienzo a balbucear.

- Sí tesoro, pasa, pasa – se hace a un lado y me hace pasar. - ¿Buscas a alguien?

- No, bueno...quiero decir sí.

- No tiene perdida, pregúntale a aquella recepcionista. Adiós – se despide.

- Adiós – digo antes de dirigirme hasta la recepción. Una chica un poco más mayor que yo está frente a un ordenador con expresión seria. Lleva unas gafas grandes y el pelo recogido en un moño apretado, tan apretado como su camisa blanca, donde esconde el cuerpo perfecto de una mujer. Trago saliva con nerviosismo antes de empezar a hablar.

- Buenas tardes – saludo. La chica alza la vista y me observa con expresión fría.

- ¿Qué desea? – pregunta con cierto tono indiferente.

- Buscaba a una persona...

- Mira bonita – empieza y se quita las gafas dejando más a la vista su perfecta mirada maquillada en unos ojos castaños. – Esta es una empresa seria y mi trabajo me lo tomo muy en serio. No pretendas presentarte aquí con cara de no haber roto un plato y decirme que buscas a alguien. Para empezar, ¿Qué hace una cría como tú en una empresa de corredores de bolsa? – incapaz de contestar a su lengua viperina, me alejo unos pasos del mostrador y comienzo a alejarme cuando suena el timbre del ascensor y con ella una voz familiar.

- Sí, como te cuento, con esta estrategia no podemos fallar, será todo un boom – Naim habla animado junto a otro muchacho trajeado y de pelo engominado, pero se nota que este es mayor que Naim. Se acercan hasta la recepción y hablan con la señorita "no tengo pelos en la lengua". – Elena, nos vamos a comer – le dice.

-Si os esperáis puedo ir con vosotros – le responde con una inusual sonrisa entre sus labios. Se levanta de su asiento y la veo coger el bolso mientras habla con Naim. – Acabo de despachar a una cría de lo más insolente – le cuenta. – Quería entrar aquí a buscar a alguien. Estoy segura de que solo venía para hacer una gamberrada, los niños se creen que pueden ir entrando por donde quieran. – A pesar de que mi yo interno me está gritando a pleno pulmón que salga de aquí de una vez, soy incapaz de irme. Mi cuerpo se ha quedado de piedra y no consigo hacerlo reaccionar. Solo me queda observar a la persona que consideraba mi amigo... Conforme las críticas aumentan, noto como me arden las mejillas de la misma rabia, ¿cómo se atreve a decirle a Naim todo eso de mí? ¡No me conoce lo más mínimo y se atreve a despotricarme como si fuera una escoria y ella la duquesa de Bay Rigde! ¡Esto no es el lobo de Wall Street y tú no eres la chica tan fina y distinguida que crees ser con esa boca tan sucia! Ni Naim ni el otro chico dicen nada al respecto, solo se limitan a reír por educación. Cuando la tal Elena sale de la recepción, los tres se giran y se percatan de que yo estoy en mitad del camino observándoles. - ¡Otra vez tú! – me grita. – Te he dicho que te vayas – me riñe.

- Emma, ¿Qué haces aquí? – me pregunta Naim con notable sorpresa.

- ¿La conoces? – pregunta Elena estupefacta.

- Sí – asiente sin dejar de apartar la vista de mí. Le observo disgustada y con cierto dolor en mi pecho. Ahora que le tengo delante siento el estúpido deseo de echarme a llorar. ¿Por qué dice ser mi amigo y luego en cuanto puede se aleja de mí? Con un nudo en la garganta que me impide hablar, le observo con ganas de gritarle que es un amigo horrible, pero en vez de eso, me muerdo el labio inferior y me giro a la vez que lucho por no llorar delante de él. Me juré a mi misma que no volvería a llorar por un hombre, y ahora, mírame. – Emma – me llama en cuanto empiezo a alejarme.

- Naim deja a esa cría, ¿no ves el numerito que te está montando? – si no fuera porque Naim está delante me giraría y le agarraba del moño.

- No me está montando ningún número. Y "esa cría" como tú dices, es mi novia – contesta Naim serio. – Así que deja de meterte con ella – consigo oír antes de cerrar la puerta. Naim acaba de llamarme.... ¿novia? ¿Por qué? No lo entiendo, pero ahora mismo no quiero ninguna explicación. Solo quiero irme a casa, esto ha sido un error. – ¡Emma! – me llama al mismo tiempo que se abre la puerta. Mi instinto me hace aligerar el paso, pero Naim es más alto, y por tanto, en dos zancadas no solo me ha alcanzado, sino que me está agarrando del brazo. – Emma, te estoy llamando. ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has venido a buscarme?

- La pregunta es ¿por qué me has estado ignorando? – lo encaro por primera vez desde hace diez minutos. Mi voz ha sonado peor de lo que me imaginaba y casi me avergüenzo de lo patética que debo parecerle ahora. – ¡No me has devuelto ni una sola de mis llamadas!

- Emma, yo...

- ¿Es por algo que hice o dije? – lo interrumpo. - ¿Es porque abusé de tu amabilidad? O quizás....quizás porque fui muy pesada. No sé qué te hice – digo con voz estrangulada. – Pero lo siento y creo que merezco al menos una explicación en vez de desaparecer sin más de mi vida o ignorar todas mis llamadas. – Siento de nuevo esas ganas de llorar y de nuevo, lucho por retenerlas. Para mi sorpresa, Naim en vez de inventar alguna excusa barata, me acerca hasta él y me estrecha entre sus brazos.

- Lo siento – se disculpa en voz baja. – Lo siento mucho Emma. No pretendía hacerte sentir así. Es cierto, me alejé, pero no fue porque dijeras o hicieras algo malo, todo lo contrario, eres maravillosa tal y como eres. Me dijiste que Leo y tú lo estábais intentando y no quería estar en medio. Leo es bastante celoso cuando se lo propone y pensé que si nos veía tan juntos podrías tener problemas con él. Ya tenéis bastante que solucionar sin añadir más leña al fuego.

- Eso no es excusa – farfullo mientras las lágrimas empiezan a bañar mi rostro. No estoy segura si es por el alivio de saber que Naim no estaba enfadado o porque se alejara por culpa de Leo. – Tú y yo somos amigos y Leo no es nadie para decirme con quién puedo o debo estar. Él estuvo todos estos meses viendo a su ex y siguiéndole el juego en vez de decirme la verdad...

- Ya lo sé... No quería irme de tu vida, solo alejarme hasta que se enfriaran las cosas... ¿me perdonas?

- ¿Por qué le has dicho a esa remilgada que soy tu novia? – recuerdo.

- Oh, lo has oído... - responde incómodo.

- Sí – asiento y me alejo un poco para verle mejor. Su rostro se muestra ligeramente azorado.

- Emma, no llores – cambia de tema y sube sus manos hasta mis mejillas donde con los pulgares atrapa mis lágrimas. – Por favor, deja de llorar, no quería hacerte sentir mal – cada palabra hace que más lágrimas corran por mi rostro ahora levemente rojizo.

- No me has contestado – consigo decir antes de empezar a hipar.

- No me ha gustado como te ha tratado, por eso le he dicho eso.... ¿te ha molestado?

- No.... – niego con la cabeza. Tampoco pasa nada porque esa relamida crea que tengo una relación con el chico porque el que se le cae la baba.

- Me siento fatal Emma, no quiero que estés así por mi culpa.

- Entonces no te vayas... Naim me gusta....mucho estar contigo, eres un amigo muy importante para mí y...no quiero que te alejes solo porque creas que me puedes ocasionar problemas.... eso solo puedo decidirlo yo – sorbo ligeramente por la nariz antes de continuar. – Te dije que era Leo el que quería intentarlo, yo solo le estoy dando un final mejor a lo nuestro...

- Entonces... ¿vas a cortar con él?

- No lo sé... - respondo con un ligero temblor en la voz. – No quiero romper porque todavía le quiero pero al mismo tiempo... me cuesta olvidar que estuvo con su ex cuando debía estar conmigo.... yo...yo...no sé qué hacer.... es todo tan confuso – vuelvo a echarme a llorar con fuerza. Naim tiene la capacidad de hacer que suelte todo lo que llevo dentro.

- Emma, tranquilízate – dice con voz tranquila mientras me vuelve a envolver entre sus brazos y me acaricia la cabeza. – Aunque no lo creas, te entiendo. El amor es algo muy complicado y es difícil olvidar los sentimientos hacia alguien que significa mucho para ti – dice apretándome más hacia él. – Pero con el tiempo aprenderás a hacerlo o conocerás a otra persona que te haga sentir cosas más fuertes que por las que sentías por la otra persona.

- ¿De verdad?

- De verdad – me separa un poco para poder dedicarme una de sus perfectas sonrisas. Como puedo, le devuelvo una torpe sonrisa y entonces me doy cuenta de que estamos en mitad de la calle y algunos transeúntes nos observan como si fuéramos un espectáculo en vivo.

- Todo el mundo nos está mirando.

- ¿Y qué? – sonríe más ampliamente. – Seguro que todos se mueren de envidia al verme abrazado a una chica tan guapa.

- Seguro que piensan que soy una cría patética con una rabieta en mitad de la calle – respondo apartándome una lágrima del rostro.

- Estoy seguro de que no – posa su mano en mi barbilla y me la levanta ligeramente. – Te diré que vamos a hacer, tu y yo nos vamos a ir ahora a comer, vas a poner una sonrisa en tu cara y vas a olvidarte durante cinco minutos que un tío fue lo suficientemente estúpido como para estar detrás de una tía que le rompió el corazón dejando a un bombón como tú abandonada.

- No digas tonterías – sonrío.

- Esa sonrisa está mejor – atrapa una pequeña lágrima al mismo tiempo que la otra mano se entrelaza con la mía. - Y ahora voy a invitarte a la mejor hamburguesa que hayas probado en tu vida.

Atrapa una pequeña lágrima al mismo tiempo que la otra mano s entrelaza con la mía...


viernes, 29 de julio de 2016

☆☆¡Sigo Viva! ☆☆


¡Buenas noches mis queridos Neverlanders!
Tengo muchas cosas que contar, lo primero y principal, daros una disculpa por el abandono del blog y segundo, los motivos de por qué parece que lo he dejado abandonado de la mano de Dios.



Es cierto que yo de por sí tampoco es que posteara todos los días pero; al menos una o dos veces por semana subía alguna reseña, el capitulo de HEAVEN o alguna que otra cosa. Pensé que con la llegada del verano podría dedicarle más tiempo al blog y poder subir más cosillas a lo largo de estos tres meses, sin embargo,mis planes se han visto obligados a tomar otra dirección.

Vereis, todo empezó hará ya un tiempo, en plan primeros de julio, el portátil que uso (el de mi hermana) empezó a dar problemas. Después de que se me rompiera mi ordenador hace unos años ya, me quede con la idea de buscarle un sustituto y llevo tiempo queriendo comprarme uno propio (pues sé que muchos se preguntaran por qué uso el de mi hermana. Y, es simplemente porque ella tenía su portátil cuando se rompio mi ordenador, y era un poco tontería comprar uno si el suyo estaba nuevo por aquel entonces). Al caso, me da problemas, se recalienta o se me apaga de golpe en mitad de lo que este haciendo en el momento, y pasa cosas como la semana pasada, es decir, que tuve que subir el capítulo de HEAVEN a través del móvil (y las pasé literalmente putas para poder mover los archivos y postear) por lo que principalmente no puedo hacer mucho con ese problema. Se que debería llevarlo a arreglar, pero eso le corresponde a la verdadera dueña y no a mí la verdad. También es cierto que tengo una tablet y al principio trabajaba con ella, pero era bastante coñazo y ha decir verdad, me salió bastante mala. (Lo barato sale caro, pero me hacía falta y apenas tenía dinero, en fin)

Hasta que encuentre otro medio, lo podría seguir haciendo a a través del móvil, pero los capítulos están en el portátil y prefiero corregir por allí  (soy muy maniática y lo suelo corregir varias veces antes de subirlo). Quitando este gran problema, los demás motivos se resumen en que llevo casi todo el verano saltando de un trabajo a otro.

Actualmente me establecido en uno que, en mi opinion es bastante bueno. Sólo trabajo seis horas y es por la mañana, dejándome el resto del día libre. Lo malo es que sólo libro un día y me levanto muy temprano, por lo que suelo quedarme dormida por las tardes y para cuando quiero darme cuenta, se me ha ido la tarde.

Además, como este invierno se me ha hecho un poco aburrido, volví a probar a echar papeles para volver a estudiar. Pensé que sería sencillo, y lo es....pero no para mí. Para hacer la inscripción tuve que rebuscar para sacar mis notas de los cursos anteriores y rellenar las solicitudes por tres veces. Después, tuve que esperar como un mes o así para que empezarán con las adjudicaciones. La madrugada antes la vi y resulta que me desestimaron todas mis solicitudes. Ya no sólo fue el cabreo monumental que pille a las dos de la mañana y pasarme toda la noche despierta malhumorada y buscando por el movil con quien debía reclamar (casi hasta punto de quejarme a los altos cargos de la Junta de educación. Si es una exageración ahora que lo pienso, pero en ese momento estaba ultra cabreada).

Al día siguiente llamé al primer centro donde me desestimaron y se echaron el culo fuera pero por entero, echándome la culpa a mí y de que tenía unos días para reclamar y si no lo hice fue mi culpa (yo estaba trabajando y no me acordé ni en el Santo nombre de reclamar ni puñetas). Asi que tuve que ir a mi antiguo instituto para que me ayudarán. Obviamente allí no podían hacer nada porque ellas no tenían ninguno de los papeles que eché, así que tuve que volver a casa y llamar al otro centro donde me desestimaron. Ellos si fueron amables y sólo tuve que enviarles un fax con mis notas del último curso y listo. Tuve que salir y buscar una papelería que me enviara el fax. Al día siguiente miré las listas y fui aceptada del tirón. Si os soy sincera, no sólo me puse loca de contenta, sino que me sentí tan aliviada después de todo el estrés que tuve los dos días anteriores.

Con ello sólo he tenido que ir al centro y rellenar la matrícula, lo único que me tengo que desplazar y salir pues, yo soy de un pueblo (a ver, es un pueblo pero grande y muy popular en el tema de turismo por nuestro clima, playa y un largo etcétera. No es el típico pueblo perdido donde Dios tiró la zapatilla y no volvió). Pero lo que había allí no me gustaba, por tanto decidí probar suerte en la provincia y, la he tenido, por lo que este invierno me mudó allí. No voy a entrar en detalles de como me siento o de como será esta gran aventura, pues prefiero hacerlo mejor en otro post y centrarme sólo en ello.

Este post sólo era para que tuvierais señales mías y no pensárais que me ha comido un tiburón o algo jejeje.

En fin queridos míos, hasta que me compre un portátil nuevo (pestoyues aún estoy a la busca de uno que me resulte lo suficientemente atractivo y que, además de cumplir mis expectativas, complazca todas mis necesidades) intentaré trabajar aunque sea por el móvil o por el portátil cuando sea buena gente y no se me apague de pronto dejándome colgada. Y poner cositas, aunque sea de cómo me va la vida o yo que sé, ya intentaré hacer algo y buscar tiempo con el trabajo y los preparativos (aunque aún tengo tiempo, que preparar las cosas será más a medidados de Agosto)
Sin enrrollarnos, espero que estéis pasando un buen verano y que hayáis leído muchos libros maravillosos. Yo he leído unos pocos así que en cuanto pueda os hago reseña.
¡Os quiero Neverlanders! :) xx

martes, 19 de julio de 2016

Capítulo 48

Suena mi móvil en la oscuridad. Me levanto rápido a la vez que tanteo entre los cuerpos de las chicas que duermen como pueden por la habitación hasta que consigo alcanzar el escritorio y poder descolgar antes de que despierte a alguien.

- ¿Quién es? – pregunto somnolienta en voz baja.

- Emma... ¿te he despertado? – suena la voz de Leo. Me aparto el móvil con sorpresa. Primero porque era la última persona de la que esperaba una llamada y segundo para comprobar la hora. Cuando veo que éste marca las seis y media siento cierto ataque homicida dentro de mí.

- ¿Tú qué crees? – pregunto irónica.

- Lo siento...es que... tuvimos una despedida un tanto...fría el otro día y....bueno, me gustaría verte, pero, quería darte un poco de tiempo para...asimilarlo todo.

- ¿Y tienes que preguntármelo a estas horas? – pregunto con cierto enfado. Agradezco que me dé espacio, pero preferiría tener esta conversación a una hora en la que mis ojos no estuvieran pegados por las legañas.

- Veo que no tienes buen despertar – intenta darle un poco de humor a la conversación.

- Ding, ding, ding, premio para el señorito – ironizo mientras salgo de la habitación y voy hasta la de África para tener más intimidad y no despertar a nadie. - ¿Qué quieres? – pregunto nada más sentarme en la cama.

- Verte – responde sin preámbulos.

- ¿Ahora? - ¿No hablará en serio?

- ¿Tu qué crees?

- No creo que sea...

- No me rechaces – me interrumpe. - ¿Cómo puedo compensar mis errores si no dejas de huir de mí o rechazarme? – pregunta con la voz cargada de angustia. Mi yo interno, por mucho que quiera negarlo, sabe que tiene razón. Por mucho que me pese, esta batalla la tengo perdida...Suelto un largo suspiro antes de atreverme a contestar.

- Si te dijera que sí, ¿a dónde iríamos?

- Te invitaría a desayunar a donde quisieras.

- Leo no pienso ir contigo a menos de que me especifiques el lugar – digo en tono duro. No voy a arriesgarme a terminar en Dios sabe donde con él intentando meterme mano otra vez.

- ¿Te parece bien el "Petit café"? Es la cafetería donde te llevé el día que fuimos a la radio de mi padre....¿te acuerdas?

- Sí. Nos vemos en la puerta en media hora.

- ¿No quieres que te recoja?

- He dicho que nos vemos allí en media hora – respondo antes de que me arrepienta y cambie de opinión. Mucho antes de esperar respuesta alguna, cuelgo el teléfono y me voy a mi habitación.

****

Tal y como acordamos, media hora después me encuentro frente al "Petit Café". Para no despertar a las chicas, me he vestido a tientas y he cogido unos jeans desgastados, un jersey gris y mis converse negras. Encima llevo un chaquetón para protegerme del frío de la mañana. Me he dejado el pelo suelto y ligeramente alborotado, además de darme una ligera capa de rímel. No pienso arreglarme tanto para un simple desayuno. Aunque claro, el rímel sobraba. Le he dado la oportunidad, pero eso no quiere decir que vaya a ser blanda con él. Leo aparece a los pocos minutos, vestido con su clásica sudadera azul marino y jeans ajustados.

- Buenos días – saludo en cuanto está a mi altura.

- Hola Emma – responde ligeramente nervioso. Se acerca y me da un beso breve en la mejilla. Al principio pensé en separarme, pero para evitar hacer más incómoda la situación, he aceptado el breve contacto. - ¿Entramos?

- ¿Tu qué crees?

- Emma hoy te has levantado demasiado irónica para mi gusto.

- No haberme despertado y seguiría de buen humor – respondo tranquila.

- ¿O sea que soy yo quien te ha puesto de mal humor?

- ¿Despertándome un domingo tan temprano? Sí – en mi interior se disparan las alarmas. Emma, ¿Qué diablos estás haciendo? Se supone que esto es para arreglarlo, no para empeorarlo. Pero no puedo evitar el sarcasmo sin tener una taza de café en mi sistema. Leo me observa con el ceño fruncido y cuando está a punto de soltar alguna fresca, se detiene, respira hondo y se serena.

- Emma, no hemos venido aquí para discutir, ¿podríamos simplemente entrar y desayunar?

- Sí – asiento y entramos en el café.

- Buenos días – saluda Nico como la otra vez. ¿Cómo es posible que esté de buen humor siendo tan temprano?

- Gracias por abrir antes – le oigo decir a Leo.

- No es nada, de por sí debo abrir temprano para dejarlo todo listo. La dueña odia no tenerlo todo perfecto – ríe ligeramente.

- Nos vamos arriba – le informa y subimos las escaleras hasta la mesa junto al ventanal.

- ¿Le pediste que abriera antes? – pregunto nada más sentarnos.

- Sé que él suele venir antes, así que simplemente le pedí que si podía atendernos a esta hora – explica mientras se encoge de hombros. Inconscientemente evoco una sonrisa, aunque rápidamente la borro antes de que pueda verme. Por muchas idioteces que haga, no puedo evitar adorar estos pequeños detalles.

- ¿Qué vais a tomar? – pregunta Nico desde las escaleras.

- Un café bien cargado – respondo rápidamente.

- El mío con leche y una bandeja de churros – añade Leo.

- Oído cocina – dice antes de bajar las escaleras y hacer nuestro desayuno.

- ¿Cuántas veces quedaste con Colette cuando habías quedado conmigo? – pregunto tras un largo silencio.

- No creo que sea una buena conversación Emma....

- No, Leo. Quiero saberlo.

- No llevé la cuenta.

- Quiero una aproximación – exijo en tono duro. Sé que tengo carácter, pero es la primera vez que me muestro tan inflexible con alguien.

- ¿Dos de cada cuatro?

- ¿Preguntas o afirmas?

- Afirmo – dice en tono lúgubre. Bajo los ojos y pienso bien mi siguiente pregunta a pesar de que sé que voy a salir escaldada.

- Cuando quedabas con ella, ¿Qué hacíais exactamente?

- Hablar.

- ¿Solo hablar? – enarco una ceja.

- Colette me obligaba a quedar para ir a la casa de los estudiantes o a los bares que suelo frecuentar. Nunca quedábamos los dos solos. Siempre que quedaba con ella le exigía que nos encontráramos en un sitio público para que no hiciera ningún truco de los suyos.

- Como el beso de Nochevieja – añado.

- Como el beso de Nochevieja – repite con cierto pesar.

- ¿Solo os besasteis en Nochevieja o hubo otras veces más? – consigo preguntar sin vacilar.

- Hubo unas pocas más.... pero porque me pillaba distraído y me apartaba en seguida, lo juro – añade rápidamente. Algo en su mirada me hace saber que dice la verdad. Pero eso no hace que se aligere la presión que tengo en mi pecho. Se produce un largo silencio entre nosotros hasta que finalmente Nico viene con nuestro desayuno.

- ¡Que aproveche! – dice antes de irse y dejarnos nuevamente a solas. Cojo la taza de café y le doy un largo sorbo para que me despeje las ideas.

- Leo – lo llamo y este alza la vista. - ¿Pensaste en mí cuando la besabas?

- ¿Qué?

- Responde – por favor, necesito saberlo. Suplico en mi cabeza.

- Nunca dejaba de hacerlo mientras estaba con ella. Prefería estar contigo en vez de con Colette...sé que no me crees, pero es verdad. Solo quería irme contigo, pero no podía moverme ni un solo centímetro sin que ella dijera "se lo contaré todo" o jurando que te haría daño si la dejaba plantada.

- ¿Hacerme daño en qué aspecto?

- No estoy seguro, pero sé por experiencia propia que solo con las palabras puede destruirte. No quería que te hiciera eso....

- Mmmm – respondo antes de darle otro sorbo al café. - Si no has estado en la ciudad.... ¿dónde te has metido estás últimas semanas? – cambio de tema.

- Me fui a Francia.

- ¿Francia? – pregunto perpleja.

- Sí – sonríe ligeramente. – Quería volver al sitio donde fui realmente feliz y...poder pensar en la música de nuevo.

- ¿Has estado escribiendo?

- La verdad es que sí. Tengo algunas canciones nuevas que, aunque no estén en la maqueta, podrían valer para improvisar en algunos bolos o conciertos futuros – me cuenta más animado.

Y así, aún creyendo a primeras que este desayuno iba a ser un espanto, resultó ser, de alguna manera, menos tenso una vez que dejamos el rencor a un lado. No participé mucho en la conversación, más bien me limité a escuchar anécdotas de cómo trató de superar nuestra ruptura en la ciudad del amor. Tras el desayuno, Leo me acompaña a casa y a pesar de los muchos silencios, hemos conseguido sobrellevar la situación.

- Ya estamos – digo señalando mi casa.

- Emma, ¿lo has... pasado bien?

- Supongo... - me encojo de hombros.

- ¿Podría recogerte mañana y quedar otra vez?

- Leo yo....

- ¡Deja que lo haga! – insiste. – Te llevaré a algún sitio bonito para comer.

- Leo estoy harta de que te gastes el dinero y me lleves siempre a comer de un sitio a otro. Podemos simplemente quedar o pasear sin que tengas que mantenerme – estallo sin motivo. Pero en el fondo siempre quise decirle eso.

- ¿Prefieres ir a mi casa y que te prepare algo de comer? – pregunta de pronto.

- ¿Qué? – pregunto atónita. Me esperaba de todo menos esa respuesta.

- El viernes te llevé a casa y apenas pasaste tiempo en ella, salvo el rato que dormiste y cuando te.... – se detiene dejando la frase en el aire. Creo que la palabra que iba a usar iba a ser demasiado violenta para la situación.

- Entiendo... pues.... vale... - acepto. No me hace mucha gracia la situación dada mi primera visita, pero a unas malas, siempre puedo correr a casa de Naim.

- Vale.... ¿sería mucho abusar el vernos esta tarde?

- Sí – asiento. Todavía me cuesta pasar tiempo con él sin sentirme traicionada. Puede que ese sea el motivo por el que me siento un tanto reticente o esquiva al hablar o mantener contacto. El otro día fue una excepción debido a la tormenta de sentimientos encontrados producido por nuestro encuentro después de tanto tiempo.

- Lo entiendo – suspira y se pasa la mano por el pelo para revolvérselo ligeramente. – Nos vemos mañana entonces.

- Sí – vuelvo a asentir, como si mis movimientos estuvieran motorizados. Leo se acerca para besar mi mejilla, pero, al contrario que esta mañana, me alejo. – Lo siento Leo – me disculpo antes de salir corriendo y entrar en casa. Una vez dentro, voy lo más sigilosa que puedo hasta mi habitación. Para mi sorpresa, todas están despiertas.

- Mirad quién vuelve a la escena del crimen – rompe Martina el silencio.

- Emma, ¿Dónde te has metido? – África está muy seria y siento cierto miedo.

- Leo me llamó... - me muerdo el labio culpable.

- ¿Qué has hecho que? – Daniela me observa con cara de haber perdido el norte.

- Emm, ya hablamos de esto anoche – la mirada reprobatoria de África no mejoró la situación.

- ¿Por qué te llamo? – interrumpe Ivana para dejar que pueda explicarme.

- Quería que fuéramos a desayunar juntos. Estaba a punto de rechazarle cuando me dijo que si siempre le rechazaba nunca le daría la oportunidad de redimirse – agacho la cabeza.

- Tiene su punto de razón.

- Ivana, ¿de parte de quién estás?

- Del amor, Martina – responde con convicción.

- No habrá amor si Leo sigue en su vida.

- Dani no seas así – tercia Ivana. – Le conoces mejor que nosotras, sabes cómo es.

- Tú misma acabas de decirlo, lo conozco mejor que vosotros y por eso mismo no me fio Ivana. Fue un buen chico, pero Francia le convirtió en lo que es hoy.

- Dime que al menos supiste mantener las distancias – suplica África.

- Solo me besó una vez en la mejilla cuando nos encontramos en la cafetería. Al despedirnos me he apartado y he...entrado corriendo a casa. –Prefiero ahorrarme el comentario de que he quedado con él mañana para comer... y encima, en su casa.

- Por ahí te vas a librar – Afri me señala con el dedo a modo de aviso.

- Vale, vale – levanto las manos en señal de paz.

Después de regañarme, bajamos a la cocina donde las chicas desayunaron. Martina fue la primera en irse porque tenía su partido de voley. Después se fue Dani al recibir una llamada de su hermano, y solo nos quedamos Ivana y yo. África se fue con mamá a dar una vuelta.

- Emma, me voy – anuncia Ivana después de vestirse.

- Puedes quedarte un rato más, Iv. ¿Has mirado la nueva tira del periódico? El borrador está en mi portátil.

- Sí, ya lo he visto. Me he enviado una copia. Además, quiero añadir un tema que investigué recientemente – dice mientras se termina de recoger el pelo en un moño desordenado. – Me gustaría pero debo irme, sino Sam se enfadará porque le tocará quedarse con las pequeñas.

- Como quieras – respondo y la acompaño a la puerta.

-Emm – se gira. – Perdona si estoy muy pesada con el tema de Leo – dice de pronto. – Sé que te confundimos y que parece que le defiendo, pero si lo hago es porque a pesar de lo malo, eráis muy felices los dos juntos. Quizá con el tiempo puedas perdonarle...
- Ivana – cojo sus manos. – Gracias por preocuparte por nosotros. Sé que tienes razón, éramos muy felices, pero esos momentos no pueden borrar todo lo malo. Cuesta mucho olvidar que ante todo, él siempre querrá a Colette.

- No creo que sea así.

- Sí lo es Ivana, siempre será así – suspiro.

- Cuando menos te lo esperes tendrás tu final feliz. Ya sea con Leo o con otra persona – me asegura. – Solo debes esperar.

- Esperar es duro.

- Lo sé – se acerca y me abraza. – Te llamaré en cuanto termine la tira.

- Vale – asiento y nos despedimos.

La tarde del domingo pasa mucho más rápida de lo que me esperaba. África se quedó para comer y Fran se pasó también, aunque poco después me subí a mi habitación para poder estudiar y seguir con mis deberes. Al principio me costó concentrarme. Tenía la cabeza llena de dudas con respecto a Leo y a todo lo que me han dicho las chicas y África. La opinión de Alex es más que obvia, así que no tengo por qué preguntarle. Hablamos un poco por mensajes, sobre todo chorradas que me hicieron reír sin ahondar en ningún tema en concreto. También llamé a Naim para charlar un rato, pero en seguida me saltó en contestador.

- Llámame cuando puedas – digo tras la cuarta vez que me salta el contestador. Suspiro y dejo el teléfono a un lado. ¿Estará muy ocupado?

****

Lunes. Otro comienzo de la semana. Anoche pasé gran parte de ella dando vueltas por la habitación sin poder conciliar el sueño. Me sentía realmente inquieta. ¿Ha sido buena idea aceptar? Lo dudo mucho. No le he contado a nadie mis planes de esta tarde, salvo a mamá, pero a ella ha sido más bien una mentira piadosa relacionada con que iba a comer con Naim.....Naim sigue sin cogerme el teléfono. Él sabría qué hacer, pero seguramente estará muy ocupado. O quizá su móvil se ha estropeado. Intento llamarlo de nuevo mientras juego con el colgante que me regaló entre mis dedos.

- El móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura. Deje un mensaje... - click. Cuelgo.

- ¡Maldito contestador!

- ¿Qué dices Emm? – pregunta Martina fuera del baño.

- Eh, nada, ya salgo. Me guardo el móvil en mi short negro y salgo del baño. Esta mañana he revuelto todo el armario hasta poder elegir qué ponerme. Mi opción final ha sido este short negro, un jersey gris, unas medias de color carne y unas botas negras que me llegan casi a las rodillas. Hoy hace especialmente frío, por lo que he añadido una bufanda gris y un gorro negro a mi conjunto.

-¿Por qué has tardado tanto? Ya casi va a empezar la última clase.

- Pensé que me había bajado la regla – me excuso.

- Agh, no me hables, yo estuve con ella en el partido de ayer.

- Oh, es verdad – recuerdo. - ¿Qué tal el partido?

- ¡Ganamos! – exclama feliz. – Antes hablé con Alex del partido, ¿desde cuándo le gusta el voley?

- Ni idea – me encojo de hombros.

- Vamos a clase.

Ésta última termina más rápido de lo deseado. Con los nervios a flor de piel, cojo el móvil y releo por decimo cuarta vez el mensaje que Leo me envió en la hora del recreo. "Te estaré esperando al final de la calle para evitar encuentros indeseados. Ya sabes cuál es mi coche". Vuelvo a guardar el móvil y tras una escusa bastante pobre hasta para mí, me deshago de todos y me voy en busca de Leo. No me resulta muy difícil encontrar su coche. Armándome de valor, trago saliva y abro la puerta del copiloto.

- Hola –saludo mientras tomo asiento y cierro la puerta.

- Hola preciosa – me dedica una sonrisa suave. Su coche huele tal y como lo recordaba, ligeramente a cuero y a lavanda. Entrelazando mis dedos en mi regazo, observo a Leo de reojo. – Emm, tranquilízate, no voy a comerte.

- Lo sé.... ¿Jason Derulo? – pregunto a la vez que señalo la radio.

- The other side...

- Eso pensaba...

- Emm yo...- suspira y se revuelve el pelo. – Te llevaré a mi casa. - Sin volver a decir una sola palabra, pone rumbo a su apartamento con el único sonido de la radio que amortigua esta insoportable tensión. Es tal que casi podría cortarla con un cuchillo. Sin embargo, no me atrevo a decir nada sin quizá echarme a llorar. ¿Por qué? Simplemente porque me aterra estar a su lado y volver a perder el control. Quiero creer que le quiero lo suficiente como para que podamos superar este gran bache, pero a la vez tengo un miedo irracional a que vuelvan a repetirse las mismas malas experiencias....

En cuanto Leo aparca el coche en la cochera, entramos al pasillo que da rumbo a los pisos y subimos por el ascensor sin romper el silencio. Solo el sonido del ascensor al abrirse las puertas nos hace reaccionar. Salimos de este y vamos hasta su puerta, Leo está metiendo la llave en la cerradura cuando se detiene y se gira.

- Emma, sé que soy un capullo integral además de un cerdo – suelta de pronto. – Pero por favor, háblame – me pide con voz rota. – No soporto estar como esta casi media hora de silencio. Antes en nuestros silencios no necesitábamos nada, se estaba bien... Ahora sin embargo son silencios sordos que me destrozan porque ya no te comportas conmigo como siempre – posa sus manos en mis hombros, obligándome así a tomar contacto visual con él. - ¿Cuánto tiempo vas a estar sin hablarme?

- No pretendía hacerte sentir así – digo sin saber cómo explicarme mejor.

- Sé que no es tu intención – sonríe derrotado. – No puedo pedirte que seas la Emma de hace un mes cuando yo intento dejar de ser el Leo que era antes. Pero esto es peor que cualquier castigo.

- Leo no busco castigarte pero también debes entender que me sienta....cohibida – consigo decir. – Nunca antes me quisiste traer a tu casa o cocinar para mí y... saber lo que me has ocultado este tiempo atrás...

- Lo entiendo, soy un idiota – se lleva la mano a la cara, como si estuviera realmente agotado. – No voy a presionarte – dice girándose y abriendo la puerta. – Pasa – me invita.

- Con permiso – digo entrando en el piso. Ahora que entro, como debería de haber entrado la primera vez, puedo ver que su piso es igual o incluso un poco más grande que el de Naim. La casa juega con importantes tonos de la paleta de los oscuros y blancos. Nos movemos por el pasillo hasta entrar en la cocina. Es bastante amplia y lo que más destaca en ella es el mármol usado para la encimera y una preciosa barra de desayuno. Además, del gran televisor de plasma situado frente a la barra. En medio vislumbro una isla plateada con los fuegos. La nevera es todo un monstruo de dos puertas de casi dos metros de grande justo al lado de las repisas en tonos negros.

- No sabía si querrías comer aquí o en el salón.

- Cualquier sitio es bueno, no te preocupes.

- ¿Segura? Podemos comer...

-Aquí – le interrumpo. – Me muero de hambre, además, así podremos limpiar antes – sonrío levemente. No quiero que toda la comida sea igual de angustiosa que el rato que hemos pasado en el coche.

- Genial – sonríe por primera vez. – Antes tenía un comedor – explica – pero lo quité para poder crear el estudio que viste el otro día.

- ¿Y eso? – pregunto a la vez que tomo asiento en la silla situada junto a la barra de desayuno.

- Vivo solo, y suelo comer lo que sea en la cocina cuando no como fuera. Y el estudio me hacía más falta aunque creo que, cómo pudiste comprobar, mi habitación tampoco es muy distinta.

- Estaba guay – intento alargar la conversación.

- Si con guay te refieres por sucia, lo acepto – reímos para sorpresa de ambos. – Ejem – carraspea. -Voy a poner la comida.

-¿Te ayudo? – pregunto levantándome de la silla.

- No es necesario, eres la invitada de honor. – A pesar de sus palabras, me levanto y me coloco a su lado.

- ¿Dónde están los cubiertos?

- Ahí – señala el primer cajón. Nos ponemos manos a la obra y en unos pocos minutos preparamos la mesa. Leo sirve la comida y me la planta delante.

-Ummm – inhalo con curiosidad. – Huele de escándalo.

- Pues espérate a probarlo – me guiña un ojo. – Ante ti se haya la única obra maestra de mi escaso menú como cocinero, la única e inigualable. La receta heredada por mi madre. Te presento "La lasaña de pollo" – anuncia como si fuera un presentador. Le observo primero a él y después al plato y suelto una pequeña risa. – Oh, vamos, no te rías, he hecho una gran presentación.

- No lo niego. Seguro que está buenísima – digo cogiendo el tenedor.

- Espera que quiero hacer un brindis.

- Oh, venga, tengo hambre – me quejo a la misma vez que mi estómago. Leo coge dos vasos llenos de refresco y me entrega uno.

– Sé que la última vez no te hizo gracia el vino, por lo que hagamos un brindis aunque sea con esto – sonríe con cierto nerviosismo.

- Vale – accedo y pongo la copa en alto. - ¿Por qué brindamos?

- Por las segundas oportunidades – dice más serio y trago saliva.

- P-Por las segundas op-p-portunidades - consigo decir a pesar de que me ha dado un vuelco el corazón. Darle una segunda oportunidad.... ¿Esto es otra oportunidad? Desee que lo nuestro hubiera tenido un final mejor, ahora podría tenerlo. Después de comer simplemente podría decirle a Leo que esta es nuestra despedida. Sería tan fácil decir eso y seguir con mi vida, pero hay algo que me impide hacerlo....todavía tengo sentimientos encontrados hacia él y, por mucho que lo intente, no puedo luchar con esa pequeña parte de mi que aún cree que lo nuestro puede funcionar...


Subimos por el ascensor sin romper el silencio...

lunes, 11 de julio de 2016

Capitulo 47

Despierto horas después en una cama extraña. La habitación está a oscuras y siento cierto pánico. ¿Ha sido todo un sueño? ¿Ha sido real? No lo sé…. en el fondo quiero creer que todo ha sido mi imaginación, que estoy en la cama de Naim, donde me he quedado dormida mientras estaba haciendo los deberes de latín. Entonces él aparecerá y me dirá algo en plan “Emma, despierta de una vez, estás babeando encima de los libros” o alguna chorrada que seguro me hará reír. Pero no es así, esta cama tiene un olor distinto. Es varonil eso sí, pero es un aroma más…. exótico… casi tropical. La habitación sigue a oscuras y no puedo distinguir nada. Alzo la mano, y después de chocar con el cabecero, tanteo por las paredes hasta dar con el interruptor. Al abrirlo, quedo temporalmente ciega y con más confusión si cabe. Cuando mis ojos por fin se adaptan a la luz, puedo ver que esta no es la habitación de Naim. La cama está en el centro de una habitación con paredes en blanco y negro llena de posters… enfrente de mí hay un mueble blanco con forma de escaleras lleno de discos en distintos formatos, ¡incluso vinilos! También hay fotos, un balón de baloncesto y un gran armario al fondo…mire por donde mire, esta habitación está llena de auriculares, papeles y demás. Sobre todo en el pequeño escritorio que hay debajo de dos pequeñas ventanas. A mi izquierda hay una guitarra eléctrica de color negro.
Mi primer pensamiento es que esta habitación es alucinante, el segundo es…. ¿¡Qué se supone que acabo de hacer!? Emma, eres idiota, no espera,… eres imbécil, no, no, eres peor que imbécil… ¡Eres la tía más patética del mundo y acabas de meterte en la boca del lobo! ¡No lo has soñado, todo ha sido real! Esta es la habitación de Leo. Hemos hablado, nos vemos besado y encima hemos…me llevo las manos a la cara e intento asimilar la estupidez que acabo de cometer. Esto no debería haber pasado. Estaba bien como estaba, lo había superado… ¿¡Cómo he podido dejarme enredar de nuevo!? ¿¡Cómo le he permitido que me haga el amor después de lo que me hizo!? Suelto un largo suspiro e intento tranquilizarme. Emma, te negaste, le dijise que no, ¿dije en algún momento que sí? ¡No, por supuesto que no! Todo pasó porque él…. en ese momento…me necesitaba. Sí, lo recuerdo, él me necesitaba. Leo me necesitaba y yo… no supe decirle que no….Creo que yo también le necesitaba o…tal vez no, pero quise creer que sí para no sentir esa culpabilidad que me comía por dentro cada vez que veía su rostro de angustia…Suelto un largo suspiro y agacho la vista. Me doy cuenta de que sigo desnuda por lo que me levanto y cojo lo primero que veo. Encuentro una sudadera negra de Leo, la cojo y me la pongo. En cuanto esta pasa por mi cabeza puedo inhalar su aroma y me estremezco ligeramente. Sacudo la cabeza para ahuyentar mis pensamientos y salgo de la habitación.
Su casa es tan grande como la de Naim. No sé muy bien donde está, por lo que me paseo por la casa mientras le busco. Por suerte, después de toparme con el baño, le encuentro en una sala donde hay un enorme escritorio lleno de monitores unido a un portátil. Leo está en una de las sillas negras escribiendo algo. Al otro lado hay unos altavoces y más papeles sueltos por la mesa junto a varios vasos de plástico de café.
- ¿Leo? – llamo no muy segura. Leo alza la vista del portátil y se gira. Solo lleva puesto el vaquero y me regala una sonrisa.
- ¿Ya te has despertado?
- ¿Qué hora es?
- Las nueve, no has dormido mucho si es eso lo que te preocupa.
- ¿Qué haces? – pregunto mientras aguanto el peso de mi cuerpo en el pie izquierdo.
-Después de quedarte dormida me vine aquí a trabajar un rato.
- Mmmm – me muerdo el labio incómoda.
- Te arrepientes, ¿no es así?
- ¿Qué?
- Se te nota Emma… - dice más serio.
- No me arrepiento Leo…. – bueno sí, pero no quiero herir sus sentimientos. – …lo que pasa es que creo que no deberíamos haber hecho nada.
- ¿Por qué? ¿No te ha gustado?
- No tiene nada que ver que me haya gustado o no – intento explicar mientras ordeno mis ideas. – No podemos simplemente recurrir al sexo después de casi un mes sin saber del otro. Además….habíamos roto – digo esto último con un hilo de voz.
- Pues yo quiero volver – me dice con voz neutra mientras se levanta de la silla hasta acercarse a mí. – Emma, te quiero, no pienso volver a cometer los mismos errores. Esta vez, pienso hacerlo bien.
- La cuestión no es hacerlo bien o no – me cruzo de brazos. – Leo perdiste mi confianza, eso es algo que vas a tener que ganarte de nuevo.
- ¿Cómo?
- Con tiempo – suspiro agotada. – Quedarme aquí no es buena idea.
- Por favor – me pide. – Quédate – desenvuelve las manos de mi cuerpo hasta cogérmelas y entrelazar nuestros dedos. Aunque el gesto me parece tierno, esta vez no me voy a dejar engatusar.
- No, Leo – digo firme mientras me aparto. – Esto ha sido un error. Un enorme error. Para ambos ha sido difícil y como siempre, nos hemos dejado llevar sin pensar en las consecuencias.
- No hay más consecuencias que la de que te quiero – se agacha levemente para apoyar su frente con la mía.
- Hay consecuencias Leo…. no podemos basarnos solo en lo físico…
- ¿Me quieres?
- Leo eso no…
- ¿Me quieres? – vuelve a repetir.
- Leo – vuelvo a suspirar abrumada. – Te quiero – respondo y se le ilumina la cara – pero también es verdad que tengo miedo y que no me fio de ti – sigo y su sonrisa se borra.
- Prometo volver a conquistarte….
- Y esto se acabó – continúo. – No vamos a volver a tener sexo solo porque me lo pidas. Es más, ni siquiera deberíamos haberlo hecho hoy.
- Lo suponía – suspira. – Pero es cierto que te necesitaba. Emma, te quiero y sabes lo que me provocas….
- Debo irme a casa – le interrumpo.
- Vale – vuelve a suspirar, esta vez derrotado antes de separar nuestras manos….
****
Después de hablar, volví a su habitación y me puse mi propia ropa. Nuestra despedida fue bastante fría, pero no pienso mostrar debilidad de nuevo. No voy a volver a dejarme llevar por él hasta que consiga recuperar mi confianza…. Tuve suerte y pude coger el último bus que iba hasta la zona donde vivo. Cuando encendí el móvil, vi que tenía muchas llamadas perdidas. Casi todas eran de Alex y Daniela. Incluso una de mamá.
El bus recorre el camino a casa tranquilo mientras las luces de la ciudad iluminan esta fría noche de febrero. Con la frente apoyada en el cristal, vuelvo al punto de partida e intento recrear los últimos acontecimientos para ver en qué momento me pareció buena idea acompañar a Leo a su casa y acostarme con él. Por suerte, fui lo suficientemente inteligente como para irme temprano y no pasar la noche en su casa. Una lágrima caliente baja por mi mejilla sintiéndome estúpida y sobre todo, una idiota por abrirme de piernas solo porque Leo quería saber si todavía era suya….De pronto suena mi móvil. Es Naim.
- Hola – respondo con voz neutra mientras intento detener las lágrimas.
- ¿Molesto? – pregunta.
- Que va – intento disimular.
- ¿Ocurre algo? – pregunta con preocupación en la voz.
- No sé – me encojo de hombros a pesar de que no pueda verme. – El que ha llamado eres tú.
- Quería saber si estabas bien. Parecías asustada cuando te fuiste con Leo – me recuerda.
- Y lo estaba – suspiro.
- ¿Ya no?
- Estoy de camino a casa en bus, así que creo que puedes hacerte una idea de cómo ha ido.
- ¿Tan malo ha sido? – no quiero contarle a Naim cómo Leo ha conseguido quitarme las bragas. El mero recuerdo ya provoca un nudo en mi garganta, así que opto por decir una verdad a medias omitiendo detalles. Por suerte, he conseguido neutralizar las ganas de llorar.
- Digamos que… se han dicho y hecho cosas que nos hace estar en un punto ciertamente incómodo.
- ¿Vas a volver a verle? – pregunta un poco más serio.
- No lo sé… - vuelvo a suspirar. – Leo quiere volver a intentarlo pero… no creo que sea capaz de confiar de nuevo en él.
- Emma, si de verdad le quieres, el tiempo te dará su confianza.
- Naim yo…
- He de dejarte – me interrumpe. – Nos vemos pronto Emma.
- Adiós… - consigo decir antes de que me cuelgue. En ese momento, tuve la sensación de que Naim se estaba despidiendo de mí por un largo tiempo.
En el resto del trayecto, hablé con Alex y le expliqué brevemente lo que pasó. Aunque estoy segura de que está realmente enfadado por mi estupidez, no me regañó y me apoyó en todo momento. También hablé con mamá brevemente para decirle que al final me iba a casa. No tenía los ánimos suficientes como para estar en otro sitio que no fuera mi habitación y poder aclarar todas mis ideas. Al llegar me fui directamente a mi cuarto, y después de ponerme el pijama me eché en la cama y empecé a llorar, liberándome por fin de todo lo que había reprimido desde el momento en que vi a Leo en la calle esta tarde….
****
Al día siguiente, apenas tuve tiempo de estar deprimida. Me había pasado tanto tiempo autocompadeciéndome que había olvidado por completo que hoy es la fiesta premamá de África. Ya casi está de seis meses y quiere hacer la fiesta ahora antes de que se le junte con la boda. Aunque no recuerdo que haya dicho alguna fecha y el tiempo se le agota, sobre todo si quiere hacerla antes de que nazca el bebé….
Es por ese motivo por el que, ahora mismo, nos encontramos en el salón de casa un montón de mujeres, mis amigas que han venido a saludar a Afri y mamá. Alex es el único chico que está deambulando por la sala en este momento, no le hace mucha gracia estar aquí por la falta de testosterona, pero África le pidió que se pasara un rato.
- Entonces…. ¿hay tarta?
- Alex, por última vez, sí – digo harta de él mientras coloco más regalos encima de la mesa. Todavía quedan muchos por abrir, pero de momento, vamos a dejarlos todos en un mismo sitio.
- Vamos Emm, relájate un poco – Martina se coloca a mi lado y me ayuda con los regalos.
- Es difícil relajarme después de todo lo que ha pasado – las chicas vinieron antes de que empezara la fiesta y les pude poner al día de la última estupidez que había hecho.
- Lo importante es que ya habéis hablado – sonríe Ivana a la que, ve algo positivo en mi desliz. Sé que le preocupaba que Leo hiciera una estupidez, pero al final la que lo ha terminado haciendo he sido yo….
- Pero la próxima vez, piensa con la cabeza y no con….
- Ya Dani – bufo. – Cometí un error, pero Leo…
- Te necesitaba – repiten todos al unísono. Los fulmino brevemente con la mirada por burlarse de mí, pero hasta yo empiezo a estar trillada de esa frase. No intento justificar mis actos, pero tampoco puedo dejar que simplemente el error sea solo mío cuando fue él quien me presionó.
- Emma, deja de excusarte con eso. Lo hicisteis y punto.
- Lo sé, Marti, lo sé, pero…
- ¿No has pensado que le dejaste solo porque te sentías culpable? – pregunta Daniela y una bombilla se ilumina en mi cabeza. ¿Me sentía culpable? Podría ser….
- Venga, muchachas, ¿Qué hacéis ahí? – interrumpe África. El flujo de teorías retorcidas se detienen y vuelvo al salón para prestarle atención a mi hermana – Dejad de parlotear entre vosotras, se supone que soy yo la de la barriga – señala su ya notable vientre.
- ¿Sabes ya si es niño o niña? – le pregunta Daniela.
- No, cariño. Fran y yo queremos que sea sorpresa.
- ¿Estás segura de que solo traes uno? – Alex señala la tripa de Afri divertido.
- ¡Serás sinvergüenza! – le grita África mientras intenta darle un capón. - ¿Cómo se te ocurre decirle eso a una embaraza? ¡Yo que cuidé de ti como a un hermano más! – dramatiza.
- ¡Ay! – grita cuando le ha alcanzado. – Vamos, Afri no seas tan dramática. Solo bromeaba – dice frotándose el brazo donde ha sido golpeado. - Te querríamos igual aunque estuvieses como una vaca.
- Alex no lo arreglas – ríe Ivana. Mientras África persigue a Alex por la sala, mamá viene de la cocina con la tarta que encargó para la fiesta.
- Hey, dejad de discutir, ya está la tarta – anuncio. África tiene a Alex cogido del cuello mientras le recuerda que debe darle mucho amor ahora que tiene una criatura en sus entrañas. Nos echamos a reír tras el momento cómico y nos acercamos hasta la mesa donde mamá y las demás invitadas están esperando a la anfitriona.
- Bueno, no se me dan muy bien los discursos – empieza con cierto nerviosismo. – Pero, lo primero y ante todo, quiero daros las gracias a todas por venir y hacerme tantísimos regalos. Mis amigas, compañeras del trabajo, mi familia y Alex. Todas habéis venido solo para hacerme feliz. Esta fiesta premamá me ha hecho mucha ilusión y los regalos son todos fantásticos. Estoy deseando que mi pequeño salga ya – dice mientras se frota la barriga con dulzura.
- Venga cariño, quítale el envoltorio – dice mamá. África se acerca a la tarta y le quita el papel que lo cubre dejando la tarta al descubierto. Después de un gritito de emoción, el resto de invitamos exclamamos un largo “ohhhh” al unísono. Mamá le ha encargado una tarta realmente adorable. Tiene forma de barriga con una camisa de palabra de honor de un color rosa pálido con rosas de decoración y unas letras en cursiva que dice “Felicidades África”.
- ¡Es preciosa! – exclama. – Casi me da lástima comérmela.
- ¡Tarta, tarta! – grita Alex a su lado. Mamá reparte los trozos de tarta entre las invitadas y mientras comemos otra vez se divide la fiesta en pequeños grupos donde charlamos sin descanso.
- Ojalá la tarta de mi boda sea la mitad de deliciosa que esta – señala mi hermana sentándose a mi lado.
- ¿Aún no lo has decidido?
- Tengo dudas con algunas. Lo que si tengo decidido es qué papel haréis cada una como mis damas de honor – sonríe.
- ¿Seremos tus damas de honor? – preguntan las chicas con ilusión.
- Por supuesto – sonríe y terminamos haciendo un abrazo grupal. Seguimos hablando de la boda y de todos los detalles que aún debía elegir hasta que media hora después, Alex se despide de nosotras.
- Lo siento chicas, ya habéis obtenido mi cupo de tolerancia ante tanta feminidad. La tarta, de muerte, pero en serio, necesito testosterona por un tubo.
- Lo entendemos Alex – le digo con una sonrisa.
- Alex – lo llama Daniela. Esta se acerca y le susurra algo al oído. Otra vez están haciendo eso. ¿De verdad que no pasa nada entre ellos?
- Bueno, me voy con mis vecinos a ver un partido de fútbol mientras bebemos cervezas y hablamos de sexo como los buenos machos que somos – dice sacando pecho.
- Pásalo bien – le anima Ivana.
- Gracias muñeca – le guiña un ojo. – Y por cierto…. Martina – esta alza la cabeza. – Suerte para el partido de mañana.
- Ammm, gracias – responde ella sorprendida. Alex se despide de todas y se marcha. – No recuerdo haber comentado nada del partido delante de él – la oigo musitar.
- Chicas, ¿queréis quedaros a dormir?
- Eso no hace falta que lo preguntes – sonríen las tres picaronas. La fiesta dura hasta tarde y a las once de la noche estamos todas, incluida África en mi habitación comiendo helado mientras nos peinamos y hacemos la manicura.
- Me alegra no ser lo suficientemente mayor para poder hacer estas cosas – África está disfrutando de su fiesta premamá como nunca imaginó. Aunque esta sea ahora una fiesta de pijamas.
- Es divertido tenerte otra vez aquí Afri – le dice Martina. – Lástima que ahora no puedas enseñarnos nada que no sepamos.
- Perdona pero todavía puedo enseñaros cuatro cosas – responde orgullosa. – Voy a ser mamá, creo que todavía os llevo ventaja – se ríe.
- Todavía no nos has dicho cómo va a ser la boda– le recuerda Ivana. - ¿Va a ser por todo lo alto o una boda como las de antes?
- Fran y yo hemos pensado en hacer algo pequeñito, ya sabes, una boda pequeña para contentar a nuestros padres. Pero no queremos gastar mucho pues estamos ahorrando todo para cuando llegue el bebé.
- ¿Ya has pensado fecha? – pregunta Daniela mientras cepilla mi pelo.
- No suelo ser muy impulsiva pero….hemos pensado hacerla entre finales del mes que viene o a principios de abril.
- ¿¡Qué!? Afri… ¿eso no es demasiado pronto? – pregunto con los ojos muy abiertos. ¿Desde cuándo una boda se prepara en tan poco tiempo?
- Oh, Emma, cariño, no te preocupes. No va a ser una boda por todo lo alto, además, me gustaría hacerla antes de que se fuera Alex.
- Juro que si no se comporta le mato después del detalle que tienes con él – amenaza Martina y todas estallamos en carcajadas.
- Lo acepto – ríe África.
- ¿Y a Fran le parece bien?
- Daniela, pronto aprenderás que los hombres no tienen voz ni voto en este tipo de temas. No porque no puedan tenerlo, sino porque son demasiado vagos como para elegir siquiera a sus padrinos de boda.
- ¿Cómo puede ser que no los haya elegido aún? – pregunta Martina mientras se tumba en mi cama.
- Por ahora solo tiene a su hermano Alberto y a Alex porque se lo dije yo. Ha pensado en decírselo a algunos de sus amigos, pero me aterra la idea de que no se comporten.
- Podría ir Leo – interviene Ivana.
- ¡¡Ivana!! – chillo escandalizada. - ¡No pienso llevar a Leo a la boda de mi hermana!
- ¿Y a Naim? – pregunta Daniela.
- Naim es distinto…. – agacho la cabeza.
- ¿Por qué es distinto? – preguntan todas con curiosidad.
- Leo y yo hemos empezado a vernos después de un mes. Rompimos – aclaro. – No voy a presentarme con él en tu boda – digo mirando a África. – Naim es mi amigo, si fuéramos, sería mi acompañante como amigos, no como pareja.
- Traigas al que traigas está invitado – añade África.
- Afri creo que sería mejor que fuera sola…
- ¡Ni hablar! No quiero que mi hermana vaya sola a mi boda.
-¡Tampoco voy a ir con alguien sin haber solucionado nada en mi vida! – gruño.
- Bueno hermanas, tranquilizaos – intermedia Daniela.
- Dani tiene razón, aún queda tiempo – señala Martina. - Quizá para entonces tengas una ligera idea de con quién quieres ir.
- No creo que eso se solucione tan pronto…- suspiro.
- Si quieres mi consejo deberías olvidarte de Leo – dice África. – Aunque se haya disculpado y tenga sus motivos, te ha engañado todo este tiempo pasándolo con su ex. Eres demasiado buena incluso dándole una mera oportunidad. – Las palabras de África, aunque duras, sé que son ciertas.
- No voy a darle una oportunidad – respondo con un hilo de voz.- Solo sé que quiero un final mejor del que tuvimos…
- Emma, cariño. Yo te quiero, lo sabes y odio que te hagan daño. Pero a veces, el mejor final es dejar ir aquello que solo te hace sufrir.
- Emm, estoy de acuerdo con África – asiente Martina.
- Le advertí a Leo que no se acercara a ti, y aunque sé que no es un mal chico, Colette le hizo mucho daño.
- Dani tiene razón – interviene Ivana. – Pero creo que, si Leo se esfuerza en recuperar tu confianza será capaz de sanar esas heridas del pasado. Tú puedes ser su pegamento Emm.
- Puede serlo, pero quizá se rompa ella misma tratando de arreglarlo a él – sentencia Martina. – Emm, nosotras solo te damos consejos, pero la decisión es tuya.
- Nosotras te apoyaremos decidas lo que decidas – Afri se acerca para abrazarme y terminamos las cinco en un abrazo grupal que parece no tener fin….
Felicidades África