domingo, 31 de enero de 2016

Capitulo 24

- Entonces, ¿vais a ir a cenar como amigos? – pregunta Martina incrédula desde el baño.
- Marti, que porque lo repitas, no va a cambiar la situación – ironizo.
- Yo creo que es un gran paso. Emma, has dicho que lo pasasteis bien y eso es lo que importa. – Ivana sale del baño de al lado y se acerca hasta el lavabo donde yo me observo en el espejo.
- Emm, sabes que te apoyo, pero por una vez estoy de parte de Martina. No es por nada, ya lo sabes, pero no quiero que vuelva a hacerte daño. – Daniela también sale de su baño y se acerca hasta mí para darme apoyo.
-Gracias chicas, no sé qué haría sin vosotras – suspiro y vuelvo a mirarme en el espejo. – Ayer lo pasamos realmente bien – sonrío para mí – pero tengo miedo de que pase algo. Para nosotros, estar bien significa que pronto ocurrirá algo que lo estropeé – pego mi frente contra el espejo en busca de consuelo.
- No tengas miedo Emma. Las cosas que merecen la pena son por las que una debe arriesgarse. Y si sale mal, recuerda, esas cicatrices se quedaran en memoria de la batalla sin victoria, pero que te llevó a ser la persona que eres hoy – Martina sale de su baño y se une a nosotras con determinación.
-¿¡Quién eres tú y donde está Martina!? – bromean Daniela e Ivana a la vez.
- Ya sabéis donde podéis iros ¿no? – contesta mientras le dedica a ambas una peineta. – Por cierto, ¿Dónde se ha metido hoy Alex?
- En Inglaterra. Cogió el vuelo anoche – explico. – En su antigua escuela prometió que iría para cualquier partido importante. Esa fue su condición para venir aquí la mitad del curso.
- Espero que le vaya bien, es un buen jugador – dice Ivana.
- Eso no lo dudes. ¡Es el mejor! – exclamo. Pienso en Alex y en la llave que me dio de su piso por si lo necesitaba. Tal vez pueda sacar una excusa con la llave para quedar esta noche...
****
9:00 p.m.
Al final no he necesitado excusa. Mamá y papá se han ido a casa de mi hermana. A veces pienso que de verdad no querían que se mudara, cada vez que pueden van a pasar el fin de semana con ella y Fran. A ver, no me importa estar sola, pero siento envidia. ¿Papá y mamá harían lo mismo si yo me independizara? No lo sé. El caso es que hablé con Leo y le conté que tenía la casa libre y que podía venir directamente a casa a recogerme. Y aunque tengo las llaves del piso de Alex, ni de coña me llevaría a Leo allí.
Ya estoy lista. He decidido probar algo nuevo y me he hecho ondas en el pelo en vez de plancharlo, me he puesto una camiseta básica negra de manga larga, una falda blanca y mis botas altas. Simple para una cena, pero mona. No quiero que Leo piense que me he arreglado mucho, solo lo justo. Con un poco de delineador y rímel voy divina, aunque no he podido evitar echarme el gloss de la otra vez. Ahora que lo pienso...llega tarde. Las nueve y diez, ¿dónde se habrá metido? Suena el timbre y doy un brinco en el sofá. ¡Es él! Salto del sofá y me dirijo a la puerta, me pliso un poco la falda, me arreglo un poco y abro la puerta. No me lo puedo creer... ¿¿¿Qué hace Naim aquí???
-¿N-Na-Naim? – no doy crédito. Creo que mi mandíbula se ha desencajado de la impresión. - ¿¡Qué haces aquí!?
- Esto... ¿hola? – saluda con cierta incomodidad. Recupero mis modales y vuelvo a empezar.
-Hola – carraspeo. – Perdona por el grito, me he sorprendido de verte aquí... ¿por qué has venido?
- Leo me ha pedido que me pasara – responde. Mi cuerpo se tensa, ¿a qué clase de juego se creen que juegan?
-¿Por qué? – le interrogo con cierto mal humor. Inconscientemente, pongo los brazos en jarras.
- Esta tarde estábamos juntos en mi casa, pero recibió una llamada y empezó a emparanollarse porque había quedado contigo y la llamada era un compromiso importante. No quería cancelar la cita contigo porque según me ha contado estás sola en casa todo el fin de semana. Y me ofrecí, pero si quieres que me vaya, me voy...- Naim hace un ademan de irse, pero le detengo.
-Espera. Es verdad que estoy sola. Y aunque me fastidie que Leo no me avisara de que no podía venir, tú has venido y no quiero ser desagradecida – me sonrojo ligeramente. – Gracias por venir, ¿te gustaría ir a cenar conmigo?
- Emma, no tienes por qué hacer esto. Yo solo me he pasado porque no veía bien que el inconveniente de Leo te dejara plantada.
- Naim quiero. Estoy arreglada para cenar fuera. Leo me ha plantado por algún motivo que deberá explicar. Es viernes noche, mis amigas tienen planes y mi mejor amigo tomó un vuelo a Hampstead. No quiero que pienses que te uso, pero no quiero estar sola... - le digo mientras observo mis dedos que juguetean entre ellos nerviosos.
- Yo he sido el que se ha ofrecido. Emma, será un placer hacerte compañía esta noche – sonríe.
- Gracias Naim – sonrío. – Espero que tengas hambre, porque vamos a cenar fuera, sino ¿para qué me he arreglado? Voy a coger mi chaqueta, entra si quieres. – entro al salón y cojo el abrigo y el bolso. No sé por qué el destino se encapricha en cambiar tanto mis planes, pero no voy a rechazar a Naim para pasar una noche sola comiendo helado mientras veo pelis e intento olvidar que me han plantado. Vuelvo con Naim que ha decidido quedarse en la entrada.
-Ya estoy lista. – Más tranquila, reparo en el estilo de Naim. Jeans ajustados, camiseta negra y chaqueta de cuero. ¡¡Uff!! Debo de admitir que babeo con este semidiós.
- Emma, estás guapísima esta noche – coge mi mano y la besa cual caballero.
- ¡Qué caballeroso! – finjo un desmayo por la emoción.
- ¿No te van los caballeros? La próxima vez te digo algo en plan "chorba estás tan buena que te daba lo tuyo y lo de tu prima" – no puede resistirlo y se carcajea ante la cara de horror que he puesto, pero al final termino riendo con él.
- Creo que prefiero al caballero – digo entre risas. – Vamos. – Salimos de casa y caminamos tranquilos por la calle. No está tan vacía como creía, se nota que es fin de semana. Naim y yo charlamos muy animados hasta llegar al Spiaggia Capriccioli. Nada más entrar el dueño me reconoce y bromea por traer a "mi nueva conquista". Me sonrojo notablemente y nos lleva a la mesa de siempre.
-Entonces ¿soy otra conquista? – Naim arquea una ceja.
-¡No! Es solo que... - me estoy sonrojando otra vez, lo noto – mi mejor amigo, Alex, fue el que me trajo aquí la primera vez y luego traje a Leo...y ahora te he traído a ti.... – esto último casi que se lo susurro. Naim me interrumpe a carcajadas.
-¡Menuda ligona con la que he venido a cenar!
- ¡Por favor, no digas eso! – le suplico. Naim me mira divertido. No sé por qué le hago tanta gracia.
- Esta bien, esta bien – me calma. ¿Qué vamos a cenar?
Un chico joven nos atiende. No tendrá más de veinte años y su atuendo es hipster total. Jeans ultra ajustados, gafas grandes, sombrero y camisa con corbata. Podría resultarme mono si de alguna manera dejara de mirarme. Me siento ciertamente incómoda, pero tampoco quiero decirle nada vaya que solo sea mi imaginación. Pedimos una pizza barbacoa y mientras esperamos, el chico nos trae un nestea y una coca cola.
- Aquí tenéis, que aproveche – dice el camarero de mirada penetrante. ¿Por qué me observa tanto?
- Gracias y perdona pero, incomodas a mi cita. Creo que está de más que te diga que está conmigo, ¿no? – el camarero hispter observa nervioso a Naim y tras una disculpa se marcha a atender otras mesas.
- Naim, ¿por qué has hecho eso? – pregunto muerta de la vergüenza.
- A ese chaval se le caía la baba. No te quitaba ojo y se notaba que estabas incómoda con su presencia – dice mientras se encoje de hombros.
- Gracias – suspiro. Es cierto que me incomodaba, pero me siento como una niña cada vez que un chico se pone protector conmigo. - Naim, ¿Dónde trabajas?
-¿Dónde trabajo? Ummm - ¿lo está pensando? – Bueno, hasta hace unos meses estuve de camarero, pero ahora estoy trabajando en una empresa, en el sector comercial. Me han dado la oportunidad y formo parte del equipo de marketing.
-¿En serio? – me quedo boquiabierta. Con lo guapo que es pensé que podría ser modelo, y sin embargo es un cerebrito matemático.
-Oye, oye, no me mires así. No hago nada del otro mundo. Simplemente hago lo que me piden y si encima les gustan tanto mis ideas como mis diseños mejor que mejor, ¿no? – me dice sonriente.
-Vaya, entonces no eres solo guapo – bromeo.
-¿Crees que soy guapo? – enarca una ceja. Uppss lo he dicho en voz alta, bueno mejor eso a decirle "¿Solo guapo? Eres un jodido semidiós sacado desde el mismísimo Olimpo donde tu cuerpo fue esculpido por el mismísimo David de Miguel Ángel".
- No estás mal – intento sonar indiferente. - ¿Y allí en la empresa tenéis un gimnasio o algo así?
-¿Qué? Ojalá – se ríe. – Emma, trabajo en esa empresa desde hace dos meses, pero el gimnasio forma parte de mi vida desde temprana edad – muerde su trozo de pizza, dejándome con la curiosidad.
-Oh, vamos Naim, no te hagas el interesante. Hasta ahora hemos hablado de temas banales. Quiero saber un poco más de ti – finjo un puchero para convencerlo.
-Está bien – le da un sorbo a su coca cola y sigue – cuando tenía trece años me apunté a kenpo y gané varios torneos hasta llegar a cinturón negro. A los diecinueve tuve una lesión y para rehabilitación, me apunté a un gimnasio. Eso me gustaba más y encima no tenía que patear a nadie. Así que dejé de pelear y me quedé en el gimnasio haciendo músculo – bromea tocando su fornido brazo.
-Guau, eres cinturón negro – me limito a decir.
-¿Solo te has quedado con eso?
- Lo siento, es que...me ha impresionado – digo con sinceridad.
-Puedo enseñarte si quieres.
-Sería divertido – muerdo mi trozo de pizza y terminamos la velada comiendo pizza y con unas clases básicas de kenpo.
****
-Ha sido una cena estupenda – le digo a Naim nada más pararnos frente a mi casa.
-Mucho – sonríe.
-¿Quieres pasar? – pregunto por educación, pero luego me doy cuenta de que puede desembocar a una doble propuesta y un escalofrió me recorre la espalda. ¡Ay madre! ¿¡Pensará que le estoy ofreciendo pasar para "eso"!?
-¿Me estas ofreciendo entrar? –pone una expresión muy sensual y los nervios se apoderan de mí.
-Espera ¿¡Qué!? ¡No! ¡Me refería a pasar de pasar, es decir, no me refería a pasar en plan "eso"! No es lo que piensas yo... -balbuceo sin parar y prefiero no seguir. Mi lengua se ha trabado y Naim ha roto a carcajadas.
-Ya sé a qué te referías, solo quería tomarte el pelo – intenta decir entre risas.
- ¡Eres odioso! – le regaño mientras pongo los ojos en blanco.
-No soy odioso, tú te me has insinuado – ríe coqueto.
-No insinuaba nada, solo quería ser cortés – me justifico avergonzada.
-Lo sé – se acerca y me da un beso en la mejilla. – Ya nos veremos, si necesitas algo avisa.
-No tengo tu número.
-¿No? Dame tu móvil – se lo entrego y rápidamente me apunta su número. – Ten. Nos vemos, peque.
-A-Adiós – consigo decir – observo el móvil y le sonrío como una tonta. Está claro que este chico es especial.
Entro en casa y veo que solo son las once y media. Esta noche lo he pasado realmente bien. Naim es un chico muy divertido y atento. Ha hecho que lo que iba a ser una noche llena de soledad y amargura se haya convertido en algo especial. No digo que con Leo no lo hubiera pasado igual o incluso mejor, pero él me ha dejado tirada. Ni siquiera me ha llamado o dejado algún mensaje...solo manda a Naim como sustituto, como si cambiara el hecho de que me ha dejado sola....Subo a mi habitación, me pongo el pijama y me hecho en la cama, no tengo ganas de encender el portátil, pero tampoco quiero dormir. Me hallo ante un dilema ético entre si está bien o mal decir que esta noche Naim ha sido todo lo que yo espero de Leo. ¿Cómo pretende Leo que funcione lo nuestro si cuando por fin está empezando a funcionar me deja tirada sin dar explicación? Creo que lo mejor será no darle más vueltas esta noche, así que cojo la tablet y busco algo para ver o leer. Al final opto por leer "El Gran Gatsby" y abstraerme de mi propio dilema leyendo los problemas narrados por Nick Carraway de su verano en West Egg ante la controversia de Gatsby con Tom Buchanan para volver a conquistar a Daisy, el amor de su vida. Me quedo dormida entre las líneas donde Nick hace alusión a que la relación de Tom y Daisy es tan destructiva que solo termina contaminado a todo el que rodea....en mis sueños me hallo junto a Jay Gatsby, ninguno muestra interés en la presencia del otro. Estamos allí, en su jardín, contemplando el otro lado de la bahía... esa luz verde....él con la esperanza de poder arreglar el pasado y ser feliz junto a Daisy. Mientras, yo observo esa luz, donde un chico rubio y otro moreno me tienden su mano con una sonrisa llena de promesas....
****
Sábado 28
Me he despertado más tarde de lo que pretendía. Por suerte llevo todas mis tareas al día y solo tengo que limpiar un poco, por lo que a media mañana me arreglo y salgo un rato de casa. Alex me dijo que me pasara de vez en cuando por su piso, ya que no se fía de los otros y sabe que si no oyen ruido, le prepararan alguna broma para cuando vuelva. Voy doblando la esquina cuando me encuentro con Daniela.
-Hola – me sonríe y se acerca para darme un abrazo.
-Hola Dani. ¿Qué haces por aquí?
-Austin me ha pedido que le llevara unos Cds a Víctor y no sé qué más. Me ha dado una bolsa y me ha largado de casa. Amor de hermanos dicen – ríe irónica.
-Austin es un caso – me uno a su risa. – Yo voy a pasarme por el piso de Alex. Me pidió que le echara un ojo estos días. ¿Te vienes?
-Vale – Daniela se viene conmigo y caminamos hasta el piso de Alex. - ¿Y cuándo es el partido?
- Mañana, pero se fue el viernes para entrenar estos días y ver a Audrey. Su novia. Audrey. Con la que sale.
- Vale, Emm, lo entendí a la primera. No soy estúpida – me pone los ojos en blanco.
-No eres estúpida, solo comentaba....- no quería incomodarla, pero no sé cómo abordar el que los vi el otro día sin pensar que tienen una "aventura". - ¿Cómo te va con David? Hace mucho que no vamos a su local, desde tu cumple...
-Emm, para de una vez – replica algo molesta. - ¿Te ocurre algo? Puedes decírmelo sin dar tantos rodeos – bufa. Vaya, ella no suele perder el control tan rápido, algo debe ocurrir que no me quiere contar. No quiero forzarla, así que cambiaré de tema.
-Lo siento Dani, no quería incomodarte. Solo quería saber si al menos a ti te van bien las cosas... – me paro frente al edificio donde vive Alex. – Entremos. – Daniela me sigue y subimos las escaleras sin mediar palabra. Al abrir el piso veo que todo está tan limpio como la última vez, paseo por las habitaciones para abrir algunas ventanas y encuentro una nota de Alex en la cocina.
Querida Emma:
Espero que cuides de mi dulce morada en mis tres largos días de ausencia. Sé que me echaras de menos, pero no llores, te traeré algo bonito. Llegaré el domingo por la noche, por si te apetece recibirme con una fiesta sorpresa (fingiré sorprenderme de verdad). Gracias otra vez por pasarte, te agradecería que estuvieras un rato e hicieras ruido para que vean que hay gente. No quiero que me hagan la misma broma que al chino del segundo. Ya te contaré. Por favor Emm, no traigas a ningún tío a casa, no quiero pensar que te has acostado con alguno en algún lugar de mi casa.
P.D: Por si ignoras mi petición, hay condones en el segundo cajón de mi cómoda, no quedan muchos, ya que cogí unos cuantos por si Audrey me ha echado mucho de menos, ya me entiendes.
Te quiere, Alex :)
Cojo la nota y la guardo rápidamente en mi bolsillo para que no la vea Daniela. Sacudo la cabeza censurando la nota. Este Alex nunca cambia, digo para mí. Me voy al comedor donde Dani observa la habitación con atención. Si no me equivoco, es la primera vez que viene.
-Emm – me llama sacándome de mis pensamientos. –Sobre lo de antes, ¿te ha ocurrido algo con Leo? – su tono es de preocupación.
-No apareció...- me limito a contestar mientras me acerco y enciendo el televisor para hacer ruido. – En su lugar, vino Naim para excusarlo y terminamos yéndonos los dos a cenar – me siento en el sofá mientras hago zapping sin parar en ningún canal en concreto.
- ¿Te fuiste con él sin más? – me observa con sorpresa, me giro para observarla por primera vez desde que entramos al piso.
-Sí. Me dijo que Leo recibió una llamada importante. –Me paro en un canal de música y suena un tema de Sia "Titanium" mientras Dani y yo hablamos. - Ya conozco a Naim – relativamente – y no tiene nada de malo. Leo y yo solo somos amigos y lo mismo que él se fue a Dios sabe dónde, yo también puedo quedar un viernes por la noche con un amigo – le suelto a la defensiva. No sé por qué me ha molestado tanto su comentario.
-No he dicho que sea nada malo... - mierda, he incomodado otra vez a Daniela. – Solo preguntaba porque cuando Leo te falla, terminas con Naim...
-Si has terminado de decirme que juego a dos bandas tengo mucho que hacer – me levanto y apago el televisor. Daniela me observa confusa ante mi respuesta pero no dice nada. Yo tampoco tengo nada que decir y mi humor se ha convertido en uno de perros. Salimos del piso y nos marchamos sin mediar palabra hasta mitad del camino donde Daniela se despide para marcharse a casa. Yo hago lo mismo y vuelvo a casa, donde me preparo algo rápido de comer y me paso media tarde estudiando, o al menos intentándolo. Desde que hablé con Dani esta mañana me duele mucho el estómago y no me encuentro nada bien. A las siete me levanto del sofá y guardo los libros en mi habitación, total, dudo mucho que pueda estudiar algo. Me siento mal por haberle hablado así a Daniela, así que, antes de ir a la ducha, le dejo un mensaje disculpándome. Al salir de la ducha oigo el timbre, ¡maldición! ¿Quién será? Me pongo el albornoz y bajo repitiendo en alto "ya voy, ya voy". Cuando por fin llego a la puerta y abro me quedo de piedra al ver a un Leo con un bote de helado en una mano y en la otra un pack de cervezas.
-Hola Emm – me sonríe, aunque su sonrisa se amplía al verme mejor y lo hace de arriba abajo sin ningún disimulo. Instintivamente me cubro aún más si puedo con la bata.
-¿Qué haces aquí? – pregunto con recelo.
-Quería disculparme por lo de ayer. No sabía que traer, así que he optado por cervezas y helado de chocolate. No es una buena combinación, pero como el otro día levantabas pasiones por el chocolate – ríe para sí. Me cruzo de brazos y le observo escéptica.
-Leo, ahora somos amigos. No tienes por qué venir con una disculpa, te salió un plan mejor y ya está. – Intento que mi voz no suene molesta pero fracaso estrepitosamente.
-No, no "ya está", Emma quedé contigo y te fallé. Vengo a redimirme y compensarte con alcohol y chocolate. Deberías amarme por ello.
-Traes cosas que me pueden emborrachar o engordar, ¿y por ello debo amarte?...ya – pongo los ojos en blanco y recuerdo las palabras de Dani "cuando Leo te falla, terminas con Naim". Intento quitarme ese pensamiento de la cabeza y me concentro en que Leo ha venido a compensarme por el plantón de ayer. Leo me observa inquieto, le sonrío para tranquilizarlo un poco y hago espacio en la entrada. – Pasa, pediremos algo para cenar. Habrá que meter ese helado en el congelador.
- Eres un ángel Emm – Leo me besa la mejilla antes de entrar en casa. Cierro la puerta y le observo como intenta descubrir dónde está la cocina.
"Cuando Leo te falla, terminas con Naim" no, eso no es así, Naim solo vino porque él quiso, yo no le llamé y Leo no me ha fallado, se está disculpando. Somos amigos, da igual lo que haga o deje de hacer....
Outfit cena con Naim

domingo, 24 de enero de 2016

Capitulo 23

Aquí está. Lo tengo delante y un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. No hace tanto, pero siento como si hubiera pasado muchísimo tiempo desde la última vez que le vi. Estoy muy nerviosa y no sé qué debo hacer. ¿Me termino de acercar? ¿Le abrazo o le beso? ¿Guardo distancia? Le observo, ufff está más guapo de lo que recordaba. Vaqueros y sudadera, su look casual pero terriblemente sexy. Leo también me observa, me intimida un poco que sus preciosos ojos azules me miren de arriba abajo y se muerda ligeramente el labio.
- Hola – me saluda con voz ronca.
- Hola – susurro. Sigo sin saber qué hacer, por suerte, es Leo quien acorta las distancias y me da un beso en la mejilla.
-¿Qué quieres hacer? – pregunta.
-No sé... ¿Qué quieres hacer tú? – Creo que es la primera vez que me muestro tan tímida con él.
-Creo que deberíamos ir a un sitio cerrado, no llevas ropa como para deambular por las calles – me señala. Llevo puesto mis mallas de yoga, una sudadera y un abrigo que me llega hasta el culo.
- Estoy bien... achís – estornudo sin querer.
-Siii, estás bien – ironiza.
- No es nada, simplemente he estornudado - me defiendo. No quiero que me repita que no me abrigo lo suficiente como me lleva diciendo toda la semana.
- Esos pantalones no abrigan nada, te vas a resfriar – continua.
- Oh, vamos. ¿Has venido simplemente para decirme que me voy a resfriar?
- Diría que sí, pero corro el riesgo de que me fulmines más aún con la mirada, si eso es posible. – Bromea y no puedo reprimir una leve risa. – Pero no, he venido para verte un rato y pasarlo bien. Vamos, te voy a llevar a un sitio. – Coge mi mano y nos dirigimos a saber dónde.
Me ha sorprendido muchísimo que haya cogido mi mano, pero no me atrevo a retirarla. No quiero hacer incómoda la situación. Caminamos durante un rato y nos detenemos justo delante del Tony's Pub. Principalmente se jugaba al billar pero poco a poco empezó a "ampliar" la zona recreativa y ahora también hay futbolines, mesas de aire, dianas y máquinas arcade. Tanto niños como adultos disfrutan del lugar regentado por Tony padre y ahora también por Tony hijo. Conozco este local desde que era niña, pues su dueño es amigo de papá y en él pasábamos muchas tardes.
- ¿Tony's Pub? – no puedo evitar sonreír al recordar como pasaba mis tardes aquí con África, Alex, y después con las chicas.
-¿No te gusta? – pregunta desilusionado.
-Al contrario – sonrío. – ¡Entremos!
Entramos al local y está tal y como lo recordaba. Bueno, tal vez con más mejoras y más moderno, pero los recuerdos siguen ahí. No puedo evitar soltar un pequeño gritito al ver que todavía conservan la gramola.
-¿Emma? – escucho a mi espalda.
- ¡Tony! – grito al saber quién me llama. Me giro y confirmo que es Tony Jr. Corro hacia él y me abraza con tanta fuerza que me levanta del suelo y me da vueltas.
- ¿Cómo estás pequeña? ¡Cómo has crecido! – me separa un poco para observarme mejor. - Mi padre se pondrá loco de contento cuando le diga que has venido – dice con orgullo. Tony Jr. ha sido como un hermano mayor para mí. Es alto, y tanto su pelo como sus ojos son negro azabache. Lleva barba de unos días y por lo que veo, no abandona la manga corta ni nevando. Siempre solía jugar con África y conmigo, y la verdad es que pensaba que algún día se casarían, pero al final, Afri se enamoró de Fran en el instituto. Así que la cosa no cuajó entre ellos. Y si no recuerdo mal, Tony tendrá unos veintisiete años ahora.
- ¡Genial, tú no has cambiado! Bueno, ahora tienes barba – le digo divertida. - He venido con un amigo a echar una partida – le señalo a Leo que nos observa de forma impenetrable.
- Leo, ¿Cómo te va? Hacía mucho que no venías. No pensé que podríais conoceros - ¿Leo también lo conoce? Bueno, es normal, Leo es mayor. Lo raro es que lo conozca yo.
- Sí. Nos presentó la hermana de Austin. ¿Hay algún billar libre?
- Para vosotros, por supuesto. Venid – nos indica y vamos con él a un billar más reservado. No hay mucha gente, así que el ambiente está tranquilo y se puede escuchar al grupo Journey cantando "Anyway you want it". Luego iré a elegir una canción. Tony nos deja a solas. Me acerco a la mesa y asientos que hay al lado y me despojo del abrigo y de la bolsa de deporte, quedándome con la sudadera que a pesar de ser un poco ancha, se ajusta en mi cadera. Oigo a Leo carraspear detrás de mí, me giro y observo cierta rojez en sus mejillas y sus pupilas dilatadas.
- Ejem, ¿lista? – pregunta y desvía la mirada.
- Sí, aunque hace mucho que no juego.
-No te preocupes, yo te enseño lo que hayas olvidado – sonríe y me pasa el taco. Le paso un poco de tiza y me preparo para jugar. - ¿Quieres empezar? – me cede.
-Vale – me coloco a su lado y me inclino hacía la mesa para dar el primer golpe. Leo se encuentra detrás de mí y noto que su respiración se ha hecho más pesada. - ¿Ocurre algo? – le pregunto.
-Nada, nada, sigue así...- su voz ha vuelto a ponerse ronca. Le hago caso y le doy un golpe a la bola blanca, el golpe va con efecto sobre las otras bolas que rápidamente salen disparadas. ¡Bien!
- ¡Las rayas son mías, las lisas tuyas! – exclamo contenta. Leo me observa muy atento y me siento un poco tonta por haberme mostrado tan efusiva. Voy a dar el siguiente golpe, pero la mirada de Leo termina por ponerme nerviosa y fallo.
- Mi turno – sonríe. Observa el tablero y se dispone a lanzar. Entra, luego otra. ¡Vaya! Es muy bueno, pero lo que no sabe es que yo tengo mal perder y no voy a dejarle ganar tan fácilmente. ¿Qué hago? Antes de que lance carraspeo un poco para llamar su atención, Leo levanta ligeramente la vista y me observa atónito. He cogido todo mi pelo y me lo estoy recogiendo en una cola, provocando que mi pecho quede marcado en la sudadera. Sé que es un truco muy sucio, pero he conseguido mi objetivo, ha fallado el golpe.
- Mi turno – sonrío.
- Que tramposa – masculla, pero sin ningún rastro de enfado. Más bien, de diversión.
- ¿Has dicho algo? – pregunto en mi total inocencia.
- Nada.... – dice algo más pero en un tono tan inaudible que no he sido capaz de escucharlo.
Me preparo y me coloco lista para lanzar. Leo deambula a mi alrededor y me pone nerviosa. Antes de lanzar noto como se coloca encima de mí y su respiración choca con mi oído. – Deberías colocarte mejor así si quieres que entre alguna – susurra. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Hacía mucho que no estábamos tan cerca el uno del otro... inhalo el olor de su colonia y me quedo anonadada durante unos instantes. Al no obtener respuesta, Leo posa sus manos en mis caderas y me coloca con delicadeza unos centímetros a la derecha de mi posición actual. Lanzo y ¡entra! Doy un salto de alegría y sonrío a Leo como si acabara de hacer algo increíble. Voy a prepararme para volver a lanzar y cuando estoy a punto de darle a la bola, el taco da en el tapiz y la bola blanca se sale del billar. No ha sido adrede, me giro enfada a Leo.
-¡Me has tocado el culo! – lo acuso.
-¿Yo? – finge inocencia.
-No veo a nadie más por aquí – le digo mientras pongo los brazos en jarras.
- ¿Tan malo ha sido?
-¿Qué? Si, no, bueno...- no está bien que me haya tocado el culo. Se supone que somos amigos y los amigos, al menos chico y chica no suelen hacer eso. Sé que debería cruzarle la cara por lo que ha hecho, pero en el fondo, no me ha disgustado.
- Vamos Emma, no he hecho nada malo. Admite que en el fondo te ha gustado – me sonríe con cierta petulancia.
- Ese no es el caso. No puedes hacer eso porque...bueno, pues porque estamos en un sitio público. ¿Qué hubiera pasado si alguien te ve?
- Pues que hubiera deseado ser yo – responde sin dudar. – Emm, no lo he hecho para enfadarte, simplemente no he podido resistirlo. Esas mallas son muy ajustadas – me dice mientras le echa un vistazo sin disimulo de arriba abajo. - ¿Me perdonas? - me pone cara de cachorrito. No quiero enfadarme y provocar una pelea, pero tampoco está bien que haga eso.
- Está bien – cedo a regañadientes. – pero no vuelvas a hacerlo.
- No prometo nada – sonríe malicioso. -¿Vas a tirar otra vez?
-No, te toca a ti – voy a buscar la bola blanca que casualmente se ha parado cerca de la gramola. No puedo resistirme y busco alguna canción. Casi todas son antiguas y me encanta que sea así, aunque también hay muchas modernas. Al final me decido por Bon Jovi, "It's my life". Me acerco a Leo y le entrego la bola.
-¿Bon Jovi? – pregunta.
-¿Algún problema? – enarco una ceja esperando a ver qué dice.
-Ninguno. Me gusta está canción. – sonríe y se coloca para seguir jugando. La partida, que en principio parecía que no iba a durar mucho, se ha terminado alargando, más que nada porque cada vez que le toca a uno, el otro hace algo para que falle. A ambos nos queda colar tres bolas y ninguno está dispuesto a ceder.
-¿Qué ocurre Leo? ¿Te estoy dando muchos problemas? – canturreo con sorna.
- Deberías agradecerme que no esté jugando en serio. Soy un caballero – dice mientras pone una pose digna.
-Que excusa más mala – me río.
-¿Quieres que juegue en serio? Está bien. Hagamos una apuesta.
-¿Una apuesta? – La idea de apostar algo hace que se me corte la risa en seco. - ¿En qué piensas? – le desafío.
- Si gano volvemos a estar como antes. - ¿Q-Q-Qué? Sabía que no iba a dejarlo pasar, pero no pensé que llegaría a este extremo.
- ¿Y si gano yo? – intento mostrar mi mejor cara de póker para que no vea el ataque de pánico que amenaza con salir a manifestarse.
- Me alejaré de ti... - dice con solemnidad.
- No lo acepto. – no puede hablar enserio. – No quiero que te alejes por una estúpida apuesta – le respondo con desdén. – Me gusta como estamos ahora y si esto sigue bien, podemos estar mejor que lo que dejamos atrás... - no puedo evitar ponerme triste al pensar en lo que ha dicho.
- Emma, no...- Leo se acerca hasta mí y me pasa su mano por la barbilla para que pueda verle a la cara. – No quise decirte esto para que te sintieras mal – dice disgustado. – Venga, si me ganas te invito a cenar.
- ¿Y si ganas tú? – pregunto más animada
- Me invitas – sonríe. – Y te advierto que a mí me sale más rentable comprarme un traje. Tengo el estómago en los talones – bromea.
- Hecho – me animo y continuamos la partida. Esta vez sin distraer al otro, solo fiándonos de nuestras habilidades. Ya solo nos queda la bola negra. Le toca a Leo pero falla, creo que aposta, pues ha exagerado mucho el golpe. Me toca, sé que el premio es algo tan tonto como una cena, pero eso no hace que me lo tome menos en serio. Me coloco en posición para lanzar, intento concentrarme para que mi golpe sea certero, noto como Leo me acaricia las caderas.
-¡Leo! ¿Qué te dije? ¡No hagas trampas! – lo riño.
- Solo quería ayudarte a que te colocaras mejor. Te echas mucho encima del billar y tu ropa atrae a muchos curiosos – me señala un grupo de chicos que desvían rápidamente la mirada de nosotros.
- No me están mirando – resto importancia. No tienen por qué hacerlo.
-Emma, esos tíos no han dejado de mirarte desde que han venido. Tus pantaloncitos marcan demasiado...-dice mientras se humedece los labios. Ahora me siento avergonzada. Sé que estas mallas son algo ajustadas, pero no esperaba que llamaran tanto la atención. – Emma, te dejo lanzar, pero deja que yo me coloque detrás – dice sin rastro de humor. – No consiento que ninguno de esos babosos te mire – gruñe.
-D-de acuerdo – cedo. Me intimida un poco ese lado protector, pero de alguna forma, me recuerda a Alex. Ahora entiendo por qué no paraba de moverme cada vez que me tocaba. Vuelvo a inclinarme para lanzar y noto la presencia de Leo detrás de mí. He aceptado que se ponga detrás, pero esto es ridículo. Giro levemente la cabeza y veo a los muchachos que me señaló Leo. Efectivamente, intentan mirar pero Leo está en medio impidiendo que puedan ver algo. Suspiro. Odio que tenga razón. Me concentro con todas mis fuerzas y lanzo. ¡¡Entra!!
- ¡Ha entrado! – chillo sin querer mientras me giro hasta Leo. - ¡He ganado! ¡He ganado! – continúo pletórica. Sin pensarlo me abrazo a Leo mientras sigo cantando mi victoria. A Leo le ha tomado por sorpresa, pero me devuelve el abrazo y ríe al escucharme. Entonces me doy cuenta de lo que he hecho y me aparto. – Perdona – me disculpo.
-No te preocupes – finge una sonrisa. – Has ganado, no tan limpiamente, pero has ganado – ahora si sonríe sincero.
- He ganado con todas las de la ley – me jacto triunfal.
- No sé yo... ejem, ejem – carraspea y comienza a imitarme como me recogía el pelo. Me quedo boquiabierta por su imitación.
-¡Serás capullo! – le grito y me acerco para darle un puñetazo de broma, Leo intenta detener mis brazos mientras se ríe y yo lucho por darle su merecido. - Eres cruel, al menos yo no le meto mano a nadie – lloriqueo a modo de broma.
-No te metería mano si usaras ropa más decente – ríe. Me aparto de él y me acerco al sofá donde tengo mi abrigo y mi mochila. Las cojo. Y estoy a punto de pasar por su lado cuando me coge de la muñeca.
-¿Por qué te vas? ¿Te ha molestado mi comentario? – pregunta intentado sonar tranquilo. Le observo seria, quería ver su reacción y ha sido mejor de lo que me esperaba. No sé si podré continuar sin echarme a reír.
- Mi ropa indecente y yo hemos decidido irnos con esos muchachos, tal vez ellos valoren mejor mi victoria.
- ¡De eso nada! – me contesta serio. Y antes de que me dé tiempo a decirle que es broma, me coge como si fuera un saco de patatas en su hombro. Chillo suplicándole que me baje, pero no cede. Coge mi bolsa del suelo, mi abrigo y les echa un último vistazo a los muchachos mirones. Veo como estos se han acobardado ligeramente, así que pongo la mano en el fuego a que Leo los ha fulminado con la mirada. La gente nos mira y yo sigo suplicando para que me baje de una vez. Tony nos observa divertido, aunque yo no le veo la gracia.
-Tony gracias por la partida. Ya volveremos, alguien se ha portado mal y merece un castigo – dice y mueve el hombro donde estoy para dar a entender que soy yo. Algo bastante obvio.
-Cuando queráis – escucho a Tony reprimir una risotada. Si pudiera, juro que se llevaba una patada. – Hasta luego, Emma, le daré recuerdos a mi padre.
-Gracias...-le digo molesta. -¡¡Leo bájameeee!! – pataleo.
-No – responde y se echa a reír. Salimos de Tony's Pub y ahí sigo. Leo camina tranquilo sin decir nada, pero su cuerpo me dice que está intentado no partirse de la risa. Yo sigo molesta por este numerito, la gente no deja de mirarnos y yo debo de estar del color del muñequito rojo del semáforo. Ya llevamos un buen rato así y esto ya me parece denigrante.
- ¡Leo, por favor, bájame ya! ¡Lo siento! – hago pucheros como una niña.
- No debería. Querías irte con esos babosos que te estaban desnudando con la mirada – replica molesto.
-No lo decía enserio, era broma. Por favor, bájame. – Estoy cansada de suplicarle.
- Te bajaré...pero todavía tengo que castigarte. – Se para y poco a poco me baja de su hombro. Le observo y le lanzo cuchillos con la mirada. – No me mires así, te he bajado, ¿no? – me replica mientras me ofrece el abrigo para que me lo ponga.
- Después de la vergüenza que me has hecho pasar, creo que ya he tenido suficiente castigo – refunfuño.
- No te enfades Emm.
- Me enfado si quiero – le saco la lengua, me giro y camino. Leo no dice nada y me sigue hasta ponerse a mi altura. Caminamos tranquilos hasta la puerta de mi casa.
-¿Todavía estás enfadada? –me pregunta al ver que no he vuelto a abrir la boca.
- No estoy enfada. Solo quería dejarte con esa duda por haberme llevado a cuestas casi todo el camino.
-¿Y qué tiene de malo? No tuviste que caminar – se encoge de hombros.
- Si es malo, la gente no paraba de mirarlos – le recuerdo molesta.
- No te pongas así, ha sido divertido – hace una mueca para hacerme reír. – Ganaste, así que te debo una cena. ¿Mañana? – me cambia de tema para que olvide su travesura.
-¿Mañana? – dudo. Sé que no le voy a sacar una disculpa por haberme llevado a cuestas por medio camino. Pero ahora que me ha recordado la cena, no sé si fue buena idea apostar eso.
-¿No quieres? Podemos ir el sábado o el domingo.
-No, no es eso...mañana me parece bien. – es mejor no intentar retrasarlo. En el fondo me lo he pasado bien y solo será una cena de amigos.
- Estupendo. Te recojo a las nueve como la otra vez. ¿Quieres ir a algún sitio específico o prefieres que sea sorpresa?
-No he vuelto a ir al Spiaggia desde que fui contigo. Podríamos ir allí otra vez y pedir una pizza.
-Si es lo que quieres, a mi me parece bien – sonríe. Se acerca y me da un beso en la mejilla. – Hasta mañana, ponte guapa para mí.
- Hasta mañana – sonrío y le quito mi bolsa de deporte. – Gracias por llevármela.
-Soy un caballero jejeje. Nos vemos. – se despide y como todas las veces anteriores, observo cómo se marcha. Suspiro y entro en casa, donde mamá pregunta por mi tardanza. Me excuso diciéndole que he ido con Ivana por ahí. Ahora es solo ver que le cuento para mi cena de "amigos" de mañana...
¡Las rayas son mías, las lisas tuyas! 

domingo, 17 de enero de 2016

Capitulo 22

Hace una preciosa mañana de domingo. Después del susto de anoche no me apetecía seguir en casa comiéndome la cabeza. No puedo dejar que mis emociones controlen mi vida y tampoco quiero acabar tan joven encerrada en un psiquiátrico por demencia. Así que he decidido coger mi sudadera de Mickey Mouse, mis shorts, unas medias y mis convers negras para dar una vuelta a la ciudad con el skate. Hacía mucho que no paseaba así. No pienso en nada, ni siquiera me he puesto los cascos, solo quiero ver vida más allá de las cuatro paredes de mi habitación... Demostrarme a mí misma que no puedo simplemente ocultarme e invernar al mínimo problema que surge en el camino. Me guste o no, la vida sigue, es un sistema perpetuum mobile que nunca se detendrá y yo no soy ningún segundo principio de la termodinámica que la detenga. Por tanto, el que yo pare, no significa que lo haga el resto. Paseo por el centro y me desvío por la zona donde fui con Leo cuando quedamos para desayunar. ¡Vaya! Es más bonita de lo que recordaba. Voy ralentizado con el skate, fijándome con más detenimiento en las tiendas, casas y locales que hay.
-¡Cuidado! – me gritan. Miro al frente...estoy a punto de chocar con alguien. Intento detener el skate pero me pongo tan nerviosa que acabo cayendo al suelo.
- ¡Au! – me quejo. ¡Maldita torpeza la mía! Siempre acabo en el suelo.
-¿Estás bien peque? – pregunta una voz familiar.
- Eso creo – levanto la vista y observo al semidiós traído del mismísimo Olimpo ofreciéndome su mano. La acepto y me levanto. –Gracias.
-Nada – sonríe- ¿Qué tal?
- No lo sé – me encojo de hombros. Llevo mucho tiempo sin saber como estoy realmente.
- Esperaba un bien o algo similar. "No lo sé" no suele ser una respuesta frecuente – se ríe y me descubro riéndome con él.
- Naim yo...quería darte las gracias...por lo del otro Sábado. Aaron me contó que anoche cuidaste de Leo y también quería darte las gracias por ello.
-Emma, no tienes por qué agradecer nada. Me lo pasé bien contigo y ayer no hice nada. Mientras Aaron hablaba contigo, yo me limité a hablar con Leo hasta que le empezó a bajar la borrachera. Al rato, se fue con Austin que huía de una chica que no le dejaba en paz.
- Aún así quería agradecértelo – vuelvo a insistir. No sabe hasta qué punto me han tranquilizado sus palabras.
- Te preguntaría que pasó al final el otro sábado, pero creo que no me incumbe.
- Es largo de contar.... – suspiro.
- Tengo tiempo y aquí hay muchas cafeterías. Elige una – señala los locales con una sonrisa.
- Vale – acepto. No sé cómo he terminado accediendo a tomar algo con Naim, pero ha pasado y no he sabido decir que no. Nos sentamos en una cafetería bastante amplia. El sitio parece muy moderno, se llama "Tea vs Coffee Latte". Es un sitio bastante interesante, sus paredes son negras, pero con dibujos blancos en todas ellas, con frases, un teléfono, aviones de papel...su mobiliario es muy básico: mesas y sillas altas y algún que otro sofá negro. Nos atiende una chica de aspecto gótico. Pelo corto negro, uñas negras,... lleva una falda muy corta de cuadros rojos y medias de rejilla, su camiseta de manga corta es negra con una cruz y una rosa de dibujo. A primera vista me ha dado miedo, pero luego nos ha atendido con una gran sonrisa y simpatía, entonces me doy cuenta de que no puedo juzgar a alguien por su aspecto. Nos sirve los cafés y nos deja a solas.
- ¿No me vas a preguntar? - pregunto tras varios minutos en silencio. No era un momento incomodo en absoluto, pero vinimos porque me dijo que quería saber que ocurrió. No sé si debería contárselo. Es amigo de Leo y apenas le conozco, pero algo me dice que puedo fiarme de él.
-¿Quieres que lo haga? – enarca una ceja.
- No, bueno...no sé, - me empiezan a arder las mejillas. – Es solo que como me has dicho que tenías tiempo... – me revuelvo incómoda. Estaba muy a gusto, no sé por qué me he puesto tan tímida de pronto.
- No tienes por qué darme explicaciones – dice tras darle un sorbo a su café. – Te dije que tenía tiempo. Y mejor que estar solo... – sonríe.
- Cierto – sonrío tímida. – Pero lo dijiste porque te dije que era largo de contar.
- ¿De verdad quieres contarlo? Parece que te mueres de ganas, a ver, que a mí me da igual, pero te veía más reservada – se encoje de hombros.
- Y no quiero contarlo – me defiendo. – Es solo que no quiero haberte obligado a venir conmigo porque iba a contarte algo sobre tu amigo – al menos me así siento.
- Emma, ¿de verdad crees que ejerces tanta influencia en mí? No tenía nada que hacer y por lo que he visto, tú tampoco. Disfruta del café y olvídate de tus problemas. Lo del sábado era una excusa para que vinieras conmigo – ríe ligeramente.
- Eres un buen chico, gracias – le sonrío con ilusión. No sé por qué no puedo evitar ser sincera con él.
- No te creas, a lo mejor puedo ser un violador y tú estás aquí tan tranquila sin saberlo.
- ¿Qué? – escupo en la taza el sorbo de café con los ojos abiertos como platos. Naim al verme se empieza a reír con ganas.
- Era broma mujer, que inocente eres – ríe divertido.
- Eres muy malo – le saco la lengua como si tuviera cinco años.
- Lo sé – sonríe y me guiña un ojo pícaro.
Nos echamos a reír y disfrutamos de una agradable conversación hasta que suena su móvil.
-¿Si? Estoy con una amiga – me sonríe cómplice al decir "amiga" – no sé qué hora es. ¿Tan tarde? Vale, no te preocupes, sino nos vemos luego. He de parar primero por mi piso. Vale, adiós. – cuelga y me observa. – La una y media, ¿te importa si continuamos nuestro café otro día?
-¿¡La una y media!? – grito sin querer. Me doy cuenta y veo que algunas personas se han girado, disimulo muerta de la vergüenza y digo en un tono más bajo - ¿Cómo se ha hecho tan tarde?
- Tal vez porque no paras de hablar – se burla.
-Como que tú no – le devuelvo el chinche.
- Vamos, te llevo a casa. – Naim me deja pagar mi parte a regañadientes y caminamos tranquilos a mi casa.
-No te veía con un skate – dice rompiendo el silencio.
-¿De verdad?
-Sí. Te imaginaba como la típica chica que no hace nada de chicos y que no le gusta nada que implique moverse o sudar.
- No soy una señorita. Este skate es lo más importante que tengo – lo sujeto con más fuerza – y no me importa sudar. Estuve en el equipo femenino de fútbol el año pasado.
- ¿En serio? Jamás lo hubiera creído – responde con sorna.
- Oh vamos, déjame – río mientras le doy un golpe en el brazo.
-¡Que fuerza tienes! Mejor no me meto contigo – se ríe mientras finge que de verdad le he hecho daño.
-¡Eres idiota! – le digo entre risas. Naim es capaz de hacerme reír y hacer de estas cosas como si las hubiéramos hecho siempre.
-Sí, pero un idiota encantador – sonríe.
- Un idiota encantador – le imito. Estallamos en carcajadas y seguimos con los piques hasta que llegamos a la entrada de mi casa. – Es aquí – le indico.
- Es enorme – dice mientras observa la casa. – He de irme, me esperan. Un placer coincidir – me dedica una de sus mejores sonrisas.
- Siempre – le devuelvo la sonrisa. Y es cierto, disfruto mucho de su compañía. – Nos veremos pronto, espero.
-Cuando quieras – me guiña un ojo. No quiero despedirme de él, pero es tarde. Me acerco y, poniéndome de puntillas, le doy un beso en la mejilla. Tiene barba de uno o dos días, pero no me importa. Con una última sonrisa, me alejo de él hasta la puerta.
-Nos vemos pequeña – escucho cuando voy a cerrar la puerta. Me giro y observo a Naim alejarse poco a poco de la casa. Cierro la puerta.
-¿Emma? – escucho la voz de mamá. - ¿Ya has llegado?
-Sí – respondo mientras voy a la cocina. – Perdón por llegar tan tarde, me encontré con alguien.
-¿Alguien del instituto?
- No. Más bien alguien que conocí hace poco – se escapa una sonrisa de entre mis labios al recordarle. – Alguien bastante interesante.... – mamá me observa pero no dice nada. Quizá piense que estoy sufriendo algún episodio, trastorno o crisis adolescente, no sé, el caso es que cada día tengo un humor distinto.
****
Lunes 23 Nov
A pesar del fin de semana tan estrambótico, me voy a clase de buen humor. He dejado el chándal y el moño aparcado y hoy voy a clase en jeans y jersey, dejando que mi pelo luzca suelto y rebelde. La música suena en mis cascos favoritos, Shaina Twain me recuerda que soy joven y debo divertirme, porque "Man, I feel like a woman". Hoy veo el mundo desde otro punto de vista. Canturreo la canción de camino al instituto en mi skate cuando mi móvil vibra. Me paro y le echo un ojo.
Nuevo mensaje de Leo 8: 07
Buenos días Emma. Espero que tengas un buen día.
Observo el móvil atónita. No he sabido nada de él desde la madrugada del sábado. Y he de admitir que me siento algo avergonzada por ello, me olvidé por completo de él desde mi encuentro con Naim. No fue adrede, no es que quisiera olvidarle sin más, simplemente Naim hizo que tuviera un buen domingo en vez de estar muerta de preocupación por Leo. Ahora somos amigos y da igual lo que haga o deje de hacer, para empezar no hice nada malo. Él por el contrario se emborrachó y me llamó para echarme en cara haber estropeado lo nuestro. Le contesto para no parecer descortés y me uno a un Alex adormilado que acaba de cruzar la calle.
-¡Bueno días! – le grito para despertarlo.
-¿Emma? – pregunta despertando de su somnolencia.
-¿De qué te sorprendes? Ni que no me hubieras visto en treinta años – bromeo.
-Perdona, es que...- ahoga un bostezo. – Tuve un fin de semana movido. ¿Estás bien? Se te ve bastante mejor, hablas y ya no vistes fea.
- Sí, Alex. Y gracias, me encanta que me digas que visto horrible. – Ironizo.
- No tonta, ya sabes. Vistes siempre bien, pero cuando te deprimes coges la ropa más fea que tienes, esa que ni los mendigos se ponen y permaneces con ella hasta que mejora tu humor. – fulmino a Alex con la mirada por su comentario, aunque en el fondo sé que tiene razón.
- Leo vino a mi casa el viernes – digo sin rodeos y noto como Alex se tensa.
- ¿Y qué quería? – masculla molesto.
- Disculparse. Hablamos algo del tema...luego nos dejamos llevar por nuestras hormonas....pero no ocurrió nada – aclaro rápido al ver que pone mala cara. - Supimos contenernos. Quedamos otra vez el sábado y tras comentarle que quería que fuéramos solo amigos se fue a la estúpida fiesta de la casa de estudiantes y se emborrachó para después llamarme de madrugada. Qué romántico – ironizo para no darle importancia a mis palabras.
- ¿¡Qué!? ¿Le dijiste eso? Después de lo mal que lo pasaste... ¿quieres solo ser su amiga? – Alex no da crédito.
-Lo sé – exhalo y observo como mi aliento se transforma en vaho – sé que no tiene sentido. Leo me importa, no sé si puedo afirmar con rotundidad que le amo, pero no puedo decir que no sienta nada por él. Alex, no podemos seguir haciéndonos daño y antes de volver a intentarlo...estaría bien conocernos un poco más. ¿Es una locura?
- En absoluto – me observa comprensivo. – Ven aquí – me abraza y rápidamente me siento reconfortada. – Emma, ¿cómo te sientes?
- Es extraño, pero me siento bien. – Y lo digo de verdad. – Desde mi encuentro con Naim no volví a pensar en Leo...
-¿Naim? ¿El amigo ese que os invitó a la fiesta? ¿Desde cuándo sois tan amigos?
- Me lo encontré el domingo y tomamos un café. Fue muy amable conmigo, eso es todo. Por cierto, ¿quedaste el sábado con alguien? – pregunto curiosa. No he olvidado que lo vi con Daniela.
-¿Qué? ¿Yo? – lo sabía. Se revuelve incómodo y desvía la mirada. ¿Qué pasó para que no me lo quiera contar? – Mira, por ahí vienen las chicas. – Señala - ¡Hola! – grita para llamarles la atención.
Las chicas se detienen en la puerta del instituto y nos observan con una sonrisa. Llegamos hasta ellas y nos saludamos. Estando las chicas delante sé que no soltará prenda y Daniela lo negará todo. ¿Qué pasará entre ellos? Sin entrar en detalles, les resumo a las chicas mi fin de semana y tras sus palabras de apoyo entramos en clase. Le pido a Ivana que se siente conmigo, pues quiero hablar con ella. Empieza la clase de latín y la profesora, a su costumbre, está dando el sermón a los que no han traído la tarea.
- Ivana, ¿has hablado con Aaron? – pregunto en voz baja.
-Si es por lo del sábado, sí. No quería ir a la fiesta, así que Aaron se fue con sus amigos y el domingo lo pasamos juntos.
-Siento que Aaron cuidara de Leo – me disculpo.
- Y yo siento que hayáis roto – Ivana se ha tomado la noticia bastante mal.
- Ivana, no se puede romper lo que nuca hubo – le digo con cierto dolor. – En ningún momento fuimos "algo"...no hemos roto nada, y por eso vamos a probar a ser amigos – intento sonreír. Ivana me coge de las manos como muestra de apoyo.
-Emm, se nota que de alguna manera os gustáis. El problema es que sois demasiado parecidos. No podéis ser fuego, uno debe ser agua para que haya equilibrio.
- Las del fondo. Si tenéis tantas ganas de cháchara es porque habréis hecho los deberes – nos regaña la profe. Ivana y yo nos disculpamos muertas de la vergüenza. No volvemos a hablar por si nos obliga a contarle al resto de la clase sobre nuestra conversación. Y así, llega la hora del recreo donde, como siempre, salimos un rato fuera para comer en nuestro banco de siempre. Martina nos cuenta como le fue en el partido de ayer, de repente, mi móvil empieza a sonar. Es Leo, miro el móvil con cierta desconfianza, las chicas me observan preocupadas mientras que Alex se ha tensado notablemente.
- Anda, cógelo, nosotras te esperamos aquí – Ivana me da ese último empujoncito para tomar la decisión. Lo cojo y me alejo a otro banco para tener algo de intimidad.
- Hola – respondo antes de que cuelgue.
- Hola Emma – su voz suena aliviada.
- ¿Qué quieres?
- Quería saber de mi....amiga. No hemos hablado desde el sábado.
- Después del susto que me diste no era como para hablar mucho más. – le recuerdo y un escalofrío me recorre la espalda. El miedo que sentí al pensar que podía haberle ocurrido algo es indescriptible.
-¿Susto? – pregunta confundido
- ¿No lo recuerdas? ¿Aaron no te ha dicho nada?- ¿tanto bebió como para olvidar que me llamó? – Bueno, no te preocupes, me habré confundido – no merece la pena agobiarle si no recuerda la llamada y mucho menos si Aaron no ha querido decírselo. - ¿Qué tal el día? - intento desviar la conversación.
-Bien...- dice con poca convicción. ¿Todavía le dará vueltas a lo que acabo de decirle?
-¿Solo bien? – insisto.
- Tenía un descanso. Mi padre se ha encargado de tenerme hasta arriba de trabajo al enterarse de que hice novillos cuando te traje aquí. Tienen la lengua muy suelta algunos.
-¿En serio? Menudos chivatos – me echo a reír. – Siento que por mi culpa tengas tanto trabajo.
- No te preocupes, le he encasquetado medio trabajo a Ingrid. Está que trina, deberías verla – me comenta divertido. No puedo evitar reírme ante semejante situación.
- Eres una mala persona – le regaño. – Pobre Ingrid – la compadezco.
- No sientas lástima por ella, si hubiera sabido cerrar la boca no estaría metida en este lio – se justifica. Hablamos durante unos minutos más, donde Leo me contó como encontró a uno de los técnicos de sonido entre las piernas de la chica de las fotocopias. Y no sé si es por su forma de contarlo o porque simplemente es Leo, pero no pude parar de reír. Por desgracia, la magia se rompió cuando la sirena anunció el final del recreo.
- Leo, he de colgar. Ha sonado el timbre y debo ir a clase – digo con cierta tristeza. Estaba disfrutando mucho de esta llamada.
- No te preocupes, hace rato que debería haber vuelto a trabajar. Seguro que Ingrid me tira el ordenador a la cara en cuanto me vea. – Intento no echarme a reír otra vez.
- Hasta luego Leo. Me ha encantado hablar un rato contigo.
- A mi también. Podríamos hablar un rato esta tarde, si quieres.
-¿Hablar otra vez? – unas dudas me recorren todo el cuerpo. ¿Está bien hablar por teléfono? Ahora somos amigos, no creo que sea malo, pero él me dijo que lo estropeé todo al decirle eso...Aunque, no es malo, es solo hablar, conocernos mejor, ¿no?....- Vale.
- Estupendo. Hasta luego...amiga.
-Adiós...amigo. – cuelgo. ¿De verdad esto es lo correcto?
-Emma, vamos a llegar tarde, vamos – me llama Martina. Me uno a ellas y nos dirigimos a clase.
-Parecía que lo pasabas bien – comenta Daniela.
- Para serte sincera, tenía miedo de cogérselo, pero ahora agradezco haberlo hecho. – sonrío a Ivana y le doy un apretón de mano para darle las gracias.
- ¿Estás segura de que solo quieres ser amiga suya? – pregunta Martina poco convencida.
- Es lo mejor – respondo.
-Pero, ¿para quién? Emma, la semana pasada llorabas por las esquinas porque habíais "terminado" y ¿ahora estás contenta siendo solo su amiga? Chica no te entiendo. – Martina me adelanta, dejándome atrás como un caso perdido.
-Sé que es raro, pero así es. No pido que lo intentéis comprender chicas – suspiro incómoda – la única diferencia es que ahora el único vínculo que nos une es la amistad, y tal vez eso nos ayude a volver a intentarlo otra vez. La semana pasada creí que le había perdido para siempre...ahora sé que todavía sigue en mi vida...aunque sea como amigo... - les digo cabizbaja.
- Emma, sea cual sea tu decisión te apoyaremos – me reconforta Daniela.
- Estaremos contigo – Ivana no me ha soltado aún la mano y agradezco el detalle.
- Emma – Martina se para en seco y se coloca delante de mí muy seria. – Los chicos solo dan problemas, si quieres conservarlo como amigo, adelante. Pero aléjate de él antes de que vuelva a hacerte daño.
-Vale – sonrío. Alex no ha dicho nada, porque ya sé su opinión pero si se acerca y me da un beso en la frente. Les sonrío y entonces me doy cuenta de que nunca debí alejarles de mí cuando estuve mal. Las chicas, cada una a su manera, me apoyan de forma incondicional y están para mí en cada caída, nunca me han fallado. Ahora veo lo estúpida que he sido, Ivana, Martina, Daniela y ahora Alex. Ellos saben hacerme sentir especial, me escuchan y a pesar de que no les cuente todo o los aleje, ellos siempre esperan y confían en que vuelva. Porque eso es lo que hacen los verdaderos amigos.
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Jueves 26 Nov
Aunque el lunes me pareció una locura, Leo y yo no hemos parado de hablar desde entonces. El lunes por la tarde hablamos un rato después de comer, y el resto de días hemos hablado por mensajes o me ha llamado un rato por la noche. No sé si estamos llevando esto bien, pero funciona. No discutimos, al menos no en serio y de alguna forma, nos conocemos más.
Anoche hablando dijo que quería verme. Al principio me negué, pues, tenía miedo de que al volver a vernos en persona se estropeara todo. Hemos mejorado mucho e incluso tenemos más comunicación. Y aunque le he echado mucho de menos, tengo miedo de hacer alguna estupidez si vuelvo a ver esos preciosos ojos azules. Después de insistir muchas veces, accedí a vernos, pero después de mi clase de yoga con Ivana. Y aquí me encuentro, a diez minutos de que den las ocho y termine la clase. Hoy no me he relajado en absoluto, más bien, me he ido poniendo más nerviosa conforme ha ido avanzando la clase. Termina la clase puntual y aunque sigue sonando la música para los últimos minutos de relajación, no soy capaz de quedarme quieta y me levanto. Mónica, la profesora, no me dice nada. Me acerco a los vestuarios, mientras recojo mis cosas, el sonido del piano consigue tranquilizarme un poco.
- Vas a verle ahora, ¿no? – me pregunta Ivana mientras termino de ponerme el abrigo.
-Sí – vuelvo a mirar el reloj.
- Estás haciendo lo correcto. Dale una oportunidad – Ivana me da un abrazo
- Gracias – le sonrío y le devuelvo el abrazo. Me despido de ella dándole un beso y prometiendo llamarla si ocurre algo. Entonces me dirijo a la puerta para encontrarme a Leo.
- Emma – oigo en cuanto salgo al exterior.
-Leo – respondo al segundo.

Outfit de Domingo