lunes, 28 de diciembre de 2015

Capitulo 19

En cuanto abro la puerta el aire azota mi piel y lo agradezco. He estado bebiendo de más estos últimos días, no sé cómo he podido ser tan irresponsable. Nos acercamos al escalón y nos sentamos. Naim me observa y no puedo evitar sentirme culpable.
- Vuelve a la fiesta.
-¿Qué? –pregunta sorprendido.
-Ya me has oído, vuelve, no tienes que hacer de niñera porque yo haya decidido venir a esta fiesta de locos – suspiro - Has estado toda la noche conmigo y te lo agradezco, pero creo que es hora de que vuelva a casa – cojo el móvil y miro la hora. Las tres de la mañana. Al menos he aguantado más de lo que me esperaba.
-Emma, yo no estoy haciendo de niñera. He pasado la noche con una amiga, eso es todo – Naim sonríe. Su amabilidad hace que me sienta aún peor.
-No, Naim, eso no es así – me cubro la cara con las manos. Ahora que el subidón está bajando siento unas ganas terribles de llorar. ¿Por qué demonios insistí en venir aquí? –No he parado de pedirte que me acompañes a todos lados, y deberías de estar divirtiéndote, no cuidando de mí... No encajo en este lugar. Me voy a casa – quiero irme de aquí ya.
- Pero, ¿no has venido con Leo y Aaron?
-Me iré andando. Aaron estará con Ivana a saber donde, divirtiéndose...y no quiero aguarles la fiesta. Y Leo es un hijo de....
-¿De qué? – dice una voz a mis espaldas. Me giro y veo a Leo con cara de pocos amigos. Sus ojos están más inyectados en sangre que los míos, no sé cuanto habrá bebido, pero ni de coña está como para conducir. - ¿De qué Emma? Sigo esperando que termines – su voz suena atronadora.
-Nada, déjalo. Terminar la frase solo me haría ser peor persona que tú – escupo.
-¿Peor persona que yo? ¿Por qué soy mala persona? ¿Por traerte a la condenada fiesta a la que se te antojó venir? – cada vez sube más el tono de voz. Me está poniendo nerviosa, no quiero que Naim vea esto.
-Naim, ¿puedes volver dentro? Por favor, estaré bien, tengo que hablar con Leo. – le suplico.
Naim nos mira a ambos. Y aunque parece que no quiere irse, al final cede. – Como quieras. – Se levanta, se acerca hasta Leo, le susurra algo y se vuelve a meter dentro del edificio. Mientras, me levanto sin apartar la vista de Leo, el alcohol me hace más valiente y aunque haya disminuido, todavía corre bastante por mis venas.
- ¿Y bien? – Arqueo una ceja. - ¿Tienes algo más que gritar o lo reservas para arrastrarme hasta un callejón? - Él me ha gritado, ahora me toca a mí. - O mejor aún ¡Vamos a una puta fiesta donde puedas ignorarme por completo! Sí, me acabas de oír bien ¡Me has ignorado durante toda la noche! Pero no importa, tú no eres la mala persona... ¡Lo soy yo! Porque no te entiendo y te he obligado a traerme a una estúpida fiesta donde no encajo y...- no consigo terminar. Toda la rabia me sube por la garganta. No, ¡ahora, no! Mi cuerpo se echa hacia delante y las arcadas vienen a mí. Leo, que me observaba enfadado, se ha dado cuenta de que algo no va bien y corre hacia mí, me levanta a peso y me mete dentro del edificio. Me tapo la boca, no, no puedo, ahora no. Leo corre y me mete dentro del baño, me coloca delante del retrete y empiezo a vomitar. ¡Dios! Esto es horrible, Leo me recoge el pelo para que no lo tenga en la cara, no para de decirme que no pasa nada. Mi estómago se vacía y cada arcada es un dolor en todo mi cuerpo, me duele la cabeza, la garganta y de mis ojos se derraman lágrimas incontroladas. Por fin he parado y me siento en el suelo, Leo me suelta el pelo, rebusca en su bolsillo y me da un pañuelo.
-Gracias – intento decirle con las pocas fuerzas que tengo, aunque no le miro a la cara. Estoy muerta de la vergüenza.
- Emma, lo siento. ¿Estás bien? – ya no está hosco, ni pasota y mucho menos con ganas de pelea.
-Llévame a casa – le digo mientras me limpio la boca. Me levanto con dificultad, Leo me ayuda y le pido que me deje unos minutos sola. Voy hasta el lavabo, ¡¡puff!! Tengo una cara horrible, intento arreglarme el maquillaje corrido, el sudor de mi frente y me enjuago la boca con un poco de agua para eliminar el mal gusto. No estoy como al principio de la noche, pero al menos no estoy tan horrible. Descanso unos minutos y evacuo algo más de alcohol antes de salir del baño.
- Emma – dice Leo en cuanto salgo. Parece que el susto le ha despejado. – Toma, te he traído un poco de agua – me ofrece un vaso.
-Gracias – miro recelosa el vaso, pero lo acepto y le doy un pequeño sorbo. – Llévame a casa.
-Vale...- me ofrece su mano. Pero la rechazo y sigo el camino hacia la salida delante suya. No quería rechazársela, pero él se lo ha buscado.
Salimos y caminamos en silencio hasta el aparcamiento, subimos al coche y tras pedirle que me lleve a casa de Alex, retomamos el camino de vuelta. No pone la radio y tampoco coloca su mano en mi rodilla. Mira fijo a la carretera y, aunque noto que de reojo me observa, decido ignorarle. Bajo la ventanilla y una suave brisa acaricia mis mejillas, son más de las cuatro de la mañana y la que se suponía que sería una noche especial, ha resultado ser la peor de toda mi vida. En algún momento doy una pequeña cabezada, pero me despierto al notar que alguien me ha besado en los labios, abro los ojos y veo a Leo. Me observa ceñudo, lo que me sorprende un poco y entonces me doy cuenta de que me ha puesto su chaqueta a modo de manta.
- Ya estamos en casa de tu amigo...Emma yo... - me dice con voz trémula.
- No – le corto, observo la hora que marca el coche, ¿las cinco y cuarto? -¿por qué es tan tarde?
-No quería despertarte... - susurra cohibido por mi mal despertar.
- Pues lo he hecho sola. Gracias por traerme – le doy su chaqueta, me quito los tacones y salgo del coche con mis cosas.
-¡Emma! – Grita mientras sale del coche – ¡Por favor, escúchame!
- Has tenido toda una noche para que lo hiciera ¡Ahora solo quiero que me dejes en paz! – le chillo. En seguida me arrepiento. Mi propia voz me ha martilleado la cabeza.
- Emma...por favor... - escucho decir a mis espaldas. Iré por las escaleras, sino sé que acabaré volviendo al coche. Antes de irme debo dejarle algo claro.
- Leo lo de esta noche no voy a poder perdonártelo. Adiós – estoy tan enfadada que no le miro ni a la cara.
Escucho como me llama, pero no puedo dejar que se salga con la suya. Ya me ha demostrado la clase de persona que es. Subo las escaleras mientras escucho su voz y las lágrimas se agolpan en mis ojos. Entro en el piso de Alex y dejo que las lágrimas inunden mi rostro, me da igual que se corra el maquillaje, aquí estoy a salvo. Mi móvil vibra,... es Leo, le cuelgo. Vuelve a llamar ¡No! Apago el móvil, voy a la habitación en la que estuve la otra vez, dejo las cosas y me voy al baño donde me lo quito todo salvo el vestido. Veré si puedo buscar ropa de Alex sin despertarle, aunque no sé siquiera si ha llegado. No deja de caer lágrimas de mis ojos, sé que estaré así mucho rato así que no me molesto ni en secármelas. Voy a la cocina y cojo un vaso de agua.
-¿Qué tal la noche? – oigo a mis espaldas. Doy un pequeño respingo. Alex ya está aquí, me va a matar en cuanto me vea, pero me da igual.
-¿Tu qué crees? – susurro en un gemido quejumbroso mientras me giro despacio hacia él.
-¡¡Joder!! ¿¡Pero qué coño...!? – grita Alex en cuanto me ve. – Vale, donde está ese hijo de...
-Déjalo Alex – suplico. – No merece la pena, es mi culpa, no debí de insistir en entrar en su mundo. Sabía dónde me metía...ahora pago las consecuencias – digo mientras intento inútilmente reprimir un sollozo.
-Emma, no llores – Alex se acerca y me abraza. - ¿Qué te ha hecho? Tienes mala cara. Por favor Emma, no me ocultes nada, ¿Qué ha pasado?
-Alex...yo....creo que voy a vomitar otra vez... - corro hacia el fregadero y empiezo a vomitar. Alex se acerca y me coge el pelo como hizo Leo antes. Por fin las arcadas ceden y paro. Me limpio la boca y miro a Alex con culpabilidad.
-No me mires así, no pasa nada. ¿Emma qué ha pasado?
-Bebí de más por culpa de un estúpido juego, Leo me ignoró toda la noche, luego vino para gritarme y... – empiezo a sollozar, pero intento controlarme para seguir – Ivana se fue a algún sitio con Aaron o no sé, el caso es que me quedé toda la noche con Naim.
-¿Quién es Naim? – pregunta receloso.
-El amigo de Leo que nos invitó – sorbo por la nariz. Alex me da una servilleta. –Gracias.
- No te diré que ya te lo dije por cómo estas – suspira. – Necesitas dormir. Buscaré ropa. Mientras tómate un ibuprofeno. – Se va y me quedo sola buscando el ibuprofeno. Me lo intento beber aunque mi cuerpo se niegue en rotundo. Alex aparece al poco con ropa. Así que iré al baño y me cambiaré allí.
-Alex, me voy a la cama – le anuncio desde el pasillo tras acabar.
-Emma, ven aquí –oigo desde su habitación. - No pienso dejarte sola sabiendo que estás enferma y has pasado una noche de pena. ¡Hoy duermes conmigo!
No le discuto, simplemente me doy la vuelta y me voy a su cuarto. Me meto en la cama y me hundo en un profundo sueño entre lágrimas que no quieren abandonar a mis ya cansados ojos.
****
-¡Ni hablar! – grita Alex. ¿Qué? ¿Qué ocurre? ¡¡Dios!! Me va a estallar la cabeza. ¿Dónde está Alex y por qué grita? Oigo voces lejanas, la habitación está a oscuras, pero veo un pequeño claro de luz. No sé qué hora es. Anoche apagué el móvil y seguro que me meteré en problemas...
-¡Te he dicho que no! ¿No me oyes? ¡Mira, no sé qué coño le hiciste. Pero en las condiciones tan miserables que vino es como para que no te hable en lo que te queda de vida! ¿En serio? ¿¡Tú crees que venir llorando, sin tacones y vomitando es preocuparse!? ¡¡Lárgate y que no te vea!! – suena un enorme portazo.
Hago acopio de todo mi valor y me levanto. Me tambaleo ligeramente y voy hacia la puerta. Me encuentro en el pasillo a un Alex furioso.
-¿Qué ocurre? – susurro. No me atrevo ni a alzar la voz.
-Emma, ¿te he despertado? Lo siento – me dice suavizando el tono y me reconforta con un abrazo. - ¿Cómo estas hoy?
-¿Qué hora es? Me voy a meter en problemas... - sé que voy a tener muchos en cuanto llegue a casa. Pero me siento tan jodidamente patética que no soy capaz de soportar más odio, aunque solo sea una simple regañina.
-Son las once y no, no te vas a meter en problemas. Llamé a Ivana hace un rato y hemos hablado. Resulta que ellos se fueron al rato de estar en la fiesta porque no se sentían cómodos, y que te iba a avisar pero que no te encontró. También me dijo que Alicia la llamó porque tú no le cogías el móvil y le ha dicho que tendrías el móvil sin batería y que anoche te acostaste muy tarde estudiando y por eso todavía duermes. La ha tranquilizado y para darte margen le ha dicho que estarás hoy todo el día con ella repasando. Ha aceptado de mala gana y quiere que la llames en cuanto te sea posible – Alex me dedica una gran sonrisa.
- Os debo una y de las grandes – cierro los ojos. Solo quiero desintegrarme o dejar de existir – Gracias, muchas gracias – vuelvo a abrir los ojos y noto que Alex me observa con preocupación.
-Hay café – dice en un intento de animarme.
-Perfecto...
Vamos a la cocina, nos sentamos y Alex sirve café y tostadas. Desayunamos tranquilos, sin hablar. Diviso mi móvil al lado del vaso de agua de anoche y lo enciendo. Tengo dos llamadas de mamá, quince de Leo y trece mensajes de watsapp de Leo también. Lo borro sin leerlos si quiera, no quiero que me afecte, pero una lágrima cae de mi ojo izquierdo. Alex me observa, pero no se atreve a decirme nada, cosa que le agradezco, ahora mismo me siento sucia. ¿Por qué? Me besó y luego se volvió loco conduciendo a toda velocidad para enrollarse conmigo en el aparcamiento y luego en la fiesta ese vacío. ¿Por qué? Fue pisar ese lugar y hacer como si yo no existiera... me dolió tanto... no esperaba que se centrara solo en mí, solo quería estar como Aaron e Ivana. Juntos, hablando con otras personas....como una pareja normal....y luego ese dichoso juego con esa chica del pelo plateado que sé que solo me hacía beber para reírse de mí...y él, solo me observaba con mala cara...pero luego vino....para gritarme...Tengo una lucha interna, no sé cómo sentirme con respecto a Leo, el dolor es claramente notable. Desde el momento en que Leo le dijo a Naim eso de "yo no he perdido nada, ella venía detrás" como si yo fuera su perrito faldero que debo de seguirle...aunque en cuanto empecé a vomitar dejó la petulancia y el orgullo a un lado y cuidó de mí...no puedo estar al lado de alguien con una actitud tan inconstante. Leo tiene mil facetas y seguirle el ritmo es completamente agotador, tanto física como mentalmente....Debo alejarme de él.
Paso la mañana con Alex en su sofá viendo la televisión. Ni siquiera me he cambiado de ropa, sigo con el pijama de Alex, se parece al mío de los bajones, así que me siento como en casa. Me he pasado casi todo el tiempo dándole vueltas a todo lo ocurrido anoche, por suerte no bebí tanto como para olvidar algo, solo sé que cada vez me siento más patética. Alex ha intentado hacerme comer, pero no lo ha conseguido. A eso de las cuatro me sentía mejor y mis ojos apenas estaban hinchados, así que me fui a casa. O al menos en teoría. Ya que cogí el skate y di un largo rodeo. Tuve suerte y encontré mis cascos, así que puse algo de música... triste, porque soy masoca. Pongo una canción que solía escuchar con África, "Quit playing games with my heart" de los Backstreets Boys. Ellos fueron mi primera boyband favorita y nunca los olvidaré. Vago por la calle subida en mi skate mientras ellos me cantan lo que más me duele "Deja de jugar con mi corazón antes de que me lo rompas en pedazos, debería haberlo sabido desde el principio antes de que te metieras en mi corazón"... "a veces me gustaría poder dar marcha atrás en el tiempo"...Me encantaría retroceder hasta el martes, donde Leo me deseaba hasta el punto de consumirnos en la cabina de producción, donde ambos nos sinceramos y él prometió esperar.... Noto como se me va emborronando la vista con las lágrimas y decido quitar la canción a la mitad. Llego a casa y mamá se asusta al verme así. Le miento y le digo que me encuentro mal por haber forzado la vista estudiando y me encierro en mi habitación. Me paso el resto de la tarde a oscuras, escuchando música y tirada en la cama con mi pijama de los bajones, ¿desde cuándo me volví tan dramática? "Desde que Leo entró en mi vida", me recuerda mi conciencia...
Este pijama solo salía una o dos veces al año como mucho, y sin embargo, este año ya llevo unas tres o cuatro. Da igual, me lo tengo merecido. Él me lo advirtió, pero yo insistí...y ahora toca asumir las consecuencias. Apago el portátil y me meto en cama. Mis sueños son asfixiantes. Se repite esa noche una y otra vez, apenas puedo respirar....cada vez duele más. Me despierto. Las tres y media y más llamadas perdidas de Leo. Las borro. No sé cuantas lleva...pero no puedo, el valor se fue entre los restos de alcohol. Sé que no voy a poder dormir, entonces recuerdo que no he comido nada desde el café y la tostada en casa de Alex, pero tengo el estómago revuelto. Decido pues, estudiar para pasar el rato.
****
Las seis. Dejo de estudiar, me pongo un chándal y me voy a correr a ritmo de Daniel Powter con la canción "Bad Day". Llego a las siete menos cuarto, me doy una ducha rápida y voy a la cocina.
-Emma, ¿podemos hablar? – escucho la voz de mamá en cuanto entro.
-Si – me siento frente a ella y me ofrece una taza de café.
-La última vez que hablamos a esta hora tuviste problemas con un chico... - empieza. -¿Te ocurre algo ahora?
-Nada – le miento mientras observo la taza de café humeando.
-Cariño, ya sabes que podemos hablar de lo que sea. Últimamente no sé qué te pasa, no pareces tú... unos días estás radiante...pero otros parece que te han robado la vitalidad y hoy... tienes unas ojeras horribles – mamá está muy preocupada, pero no puedo contarle el desastre que es mi vida.
-Mamá no te preocupes, solo es que he estado estudiando hasta tarde todo estos días y me está pasando factura, eso es todo – hago ademán de levantarme, pero mamá me frena.
-¿No vas a desayunar?
- No tengo hambre... - veo su preocupación y me siento fatal. Encima me he ido a correr y noto que las piernas me tiemblan. No quiero desmayarme en clase. –Me tomaré el café. –Cojo la taza de café, una magdalena y subo a mi cuarto.
Al final solo he tomado media magdalena y el café, algo es algo. Me he puesto un chándal y me he recogido el pelo en un moño de aquella manera. Sé que voy horrible a clase, pero no me siento de humor como para vestir mejor. En clase la cosa no mejora, las chicas saben por Alex lo que pasó, así que no se atreven a hablarme,...cosa que agradezco y el resto se asusta cada vez que ven mi cara. Entre clase y clase suelo ir al baño y llorar, así que cada vez tengo peor cara. Mi móvil sigue apagado, no puedo soportar ver más llamadas de Leo. Me siento fatal. El nudo y esa opresión en mi pecho cada vez pesa más y solo quiero que termine este dolor. Duró poco, pero fue muy intenso...
Me giro y veo a Leo con cara de pocos amigos...


viernes, 25 de diciembre de 2015

¡Capitulo Especial! ¡Feliz Navidad Neverlanders! :) xx

Hace un año... 

 -¡Emma! Oigo a mi espalda. 

 -¿Qué? – me giro y veo a Sebas. Uff que guapo está hoy, lleva esa camiseta que tanto me gusta. 

 -Emma, estas muy guapa - me dice con una sonrisa. ¿Guapa? Llevo una cola alta, leggins y sudadera, eso no es ir guapa. 

 -Gracias – me sonrojo.

-¿Puedo pedirte algo? 

 -Sí, claro, lo que quieras – le dedico la mejor de mis sonrisas. Todo sea por estar contigo más rato. 

 - Verás...necesito que me des clase particulares de inglés....voy fatal y seguro que me queda si no me ayudas. A ti se te da genial, por favor – me suplica. No esperaba algo así.  Nunca antes he dado clases particulares, pero jamás desperdiciaría una oportunidad como esta. -Claro, será un placer ayudarte. 

 -¿En serio? Gracias Emma, eres la mejor – se cerca y me besa en la mejilla. Me pongo colorada. – Luego concretamos la hora – y tan pronto como vino se fue. Y aquí me hallo yo, en mitad del pasillo, sonrojada y con la oportunidad que siempre quise. 

                                                               **** 

 Son las cinco menos diez. He llegado diez minutos antes de lo esperado, pero no aguantaba más, ¡he quedado con Sebas! Toco al timbre nerviosa y espero pacientemente a que abra. Sebas me hace esperar poco y abre enseguida. ¡Madre! ¡No lleva camiseta! y su pelo está ligeramente mojado. 

 -Hola, llegas pronto. Estaba en la ducha – sonríe.

 -H-ho-hola – tartamudeo.

 -Pasa – se echa a un lado, dejando pasar. No hay nadie, cosa que me pone más nerviosa y me lleva hasta su cuarto. - Ponte cómoda – me indica su escritorio y dos sillas. Me siento en una silla y empiezo a sacar mis apuntes, pero no puedo evitar subir la vista y observar a 

Sebas que me da la espalda para buscar una camiseta en su armario. No puedo apartar la vista de su cuerpo, ¡guau! ¡Cómo está! Consigo retirar la vista antes de empezar a babear. 

- Ejem – carraspeo. - Aquí tengo todo lo que necesitas, podemos empezar por donde quieras. 

- Vale – sonríe y se sienta a mi lado. – Empieza por donde creas conveniente. 

 Empiezo a explicarle los verbos desde el presente simple. Su base es muy pobre y necesita mucha ayuda. Cuarenta y cinco minutos después, corrijo los ejercicios que le he pedido que haga para ver si por fin ha pillado los tiempos. 

 - Voy a por un refresco, ¿quieres? – pregunta. - Vale, sigo corrigiendo esto – le digo sin levantar la mirada del folio. Corrijo en rojo los fallos y veo más de uno. Todavía no ha pillado bien los pasados. 

– ¡Sebas! – le grito para que venga. 

 - ¡Voy! – dice desde la cocina. Entra y deja los refrescos en la mesa. - ¿Qué pasa? 

 - Tienes varios fallos con los pasados, debemos repasarlo otra vez – le digo señalando los fallos. 

 -Ajá, si... – se acerca más a mí. No se sienta, se coloca detrás de mí, sin apenas dejar espacio. 

 - Sebas....- intento decir. -¿Ocurre algo? – pregunta. Se pega más a mí y noto su respiración en mi mejilla. Se me eriza el vello de la nuca. 

 - N-nada, estaba....estaba pensando en otros ejercicios para ver si mejoras los pasados – consigo salir del paso. Tenerle tan cerca me pone nerviosa. Consigo dar la clase sin más nerviosismo, aunque me voy algo decepcionada. Tenía la esperanza de que al estar a solas Sebas se sinceraría conmigo. No sé si le gusto, somos amigos desde hace mucho tiempo y aunque no ha dado indicios de amor hacia mí, noto que siente cierta debilidad por mí. 

 - Emma, nos vemos mañana – se despide Sebas desde su portal. 

 - Sí, aunque sería mejor quedar solo dos días y estar dos horas – me da rabia imponer este horario, pero yo también tengo que estudiar lo mío. 

 -Vale, hasta mañana – me guiña un ojo y a mí se me corta la respiración. 

                                                      **** 

 Seis clases después.

 - ¡Perfecto! – exclamo contenta. – Todavía tienes algunos fallos, pero ya le estás cogiendo el truco a los tiempos – le sonrío.

 -A ver – Sebas me quita la hoja, observa los fallos y me observa con una sonrisa. – ¡Eres la mejor Emma! ¡Nunca lo hubiera conseguido sin ti! – grita contento mientras me abraza.  Suspiro y disfruto de la sensación de estar envuelta entre sus brazos. Se separa más rápido de lo que me hubiera gustado y me observa.

 – Emma, tienes un cuerpo realmente amoldable. Se ajusta de una manera deliciosa... - sisea mientras me mira de arriba abajo. 

 - Cállate... - miro hacia otro lado levemente avergonzada. ¿A qué ha venido eso? 

 "Eso" fue solo el principio. Las demás clases fueron un día sí y otro también de "estás muy guapa", "deberíamos dar clase de anatomía, seguro que sería más divertida que la de inglés", "Emma, no te lo había dicho antes pero, tienes un buen culo", "Emma, si no fuéramos amigos te lo hacía encima del escritorio" "si me dejaras podríamos hacer cosas geniales, te sentirías tan relajada que no tendrías ganas ni de darme clase" y muchas, muchas cosas de ese estilo. Yo siempre le respondía poniendo los ojos en blanco o diciendo que dejara de decir chorradas. Pensé que estaba de broma, hasta la clase numero dieciséis... 

                                                                    **** 

Clase número dieciséis 

-Emma, ¿podemos estudiar hoy en la cama? Estoy un poco cansado del calentamiento de ayer – me pone cara de cachorrito y acepto. Llevo ocho semanas dándole clase y sigue sin decirme nada, pensé que tanto tiempo juntos podía terminar en algo, pero sigue sin pedirme salir o al menos decir que le gusto. 

 - Veamos, - cojo mis apuntes y me apoyo en la pared. Sebas coge unos folios y se apoya en el cabecero de la cama. Hoy toca los futuros, lo anterior todavía falla, pero al menos ya lleva una base medio solida. Noto cosquillas, levanto la vista y veo que Sebas me acaricia los pies con los suyos. - ¿Qué haces? – pregunto intentando no reír, soy de cosquillas fáciles. 

 -Nada – sonríe malicioso. Intento concentrarme, pero me resulta imposible. Sebas se mueve poco a poco más a mí y sigue dándome caricias con el píe, aunque ahora me acaricia la rodilla con la mano. 

 -Sebas... - intento decir. Está prácticamente a mi lado. ¿Cómo se ha movido tan rápido? Sigue sonriendo de una manera extrañamente sospechosa. Me acerca a él con un brazo, intento liberarme, pero rápido, me coge de las caderas y me coloca a horcajadas encima suya. Me pilla por sorpresa y un pequeño grito emana de mi boca. 

 -Emma, no sabes la de veces que he deseado que nos enrolláramos en mi cama – me observa con intensidad. Sus pupilas están dilatadas, observo cómo me mira de arriba a abajo y se relame los labios. Antes de poder decirle nada, me besa en el cuello y luego asciende hasta mi boca. Esto me pilla completamente por sorpresa. ¿¡De verdad acaba de ocurrir!? ¡Sebas por fin se ha atrevido y me está besando! ¡Mi primer beso! Bueno...mi primer beso fue Alex, ¡pero este es el primero de verdad! Mi boca recibe gustosa la boca de Sebas. Entra con fuerza y su lengua recorre mi boca a su libre albedrío. Intento hacer algo, aunque no tengo ni idea, este es mi primer beso con lengua, y prácticamente no puedo participar...la verdad es que me esperaba este momento de otra forma... Sebas sigue concentrado en mi labio, al que ahora ha decidido morder ¡au! ¿Por qué es tan brusco? De alguna manera intento seguirle el ritmo y empiezo a interactuar con mi lengua. Se oyen las llaves. 

 -¡Sebas! ¿Estás en casa? – ladra su hermano desde la entrada. Ambos damos un salto y nos separamos rápidamente. Bajo de la cama y empiezo a ponerme los zapatos. - Es Alberto – gruñe Sebas. 

- ¿Qué coño hace aquí? Se suponía que no vendría hasta la noche. Debes irte...- al ver la brusquedad con la que me ha echado rectifica sus palabras. – En la próxima clase termínanos la clase de anatomía – me guiña un ojo. 

 - ¿Qué? – no doy crédito. Me echa porque ha venido su hermano y encima "ya terminaremos en la próxima clase". Me gusta... y una parte de mi, estaba disfrutando el momento con el que siempre había deseado. Pero no pienso tolerar esto, antes de que me dé tiempo a reprocharle nada su hermano entra con otros dos chicos en la habitación sin llamar. 

 -Sebas....- Alberto me observa de arriba abajo. Es un año menor que África y es un buen chaval, o al menos de lo poco que lo conozco. – estas ocupado por lo que veo. 

 -Solo estábamos dando clase, pero Emma ya se iba – inquiere Sebas recordándome que no debo estar aquí. Recojo mis cosas, me despido y salgo lo más rápido que puedo, aunque puedo oír como uno de los amigos de Alberto le dice a Sebas "¡Tío menuda potra! Ojalá tuviera tu edad, está buenísima. Le habrás dado lo suyo, ¿no?" Me tapo los oídos para no oír nada, solo espero que no diga nada y sea discreto. 

                                                              **** 

 Por fin he obtenido lo que siempre he querido. Sebas al fin me ha correspondido y no puedo estar más contenta. En la siguiente clase, Sebas me dijo que sentía muchísimo lo que pasó la tarde anterior con su hermano Alberto y sus amigos...Además, me comentó que le encantó "la nueva asignatura", pues siempre ha tenido problemas con "lengua". Insistió tanto en volver a repetir, ya sin interrupciones, lo que empezamos en la clase anterior, que accedí en impartir "esa clase particular," pero solo después de dar gran parte de la clase. Allí, empezamos un ritual de besos una y otra vez, salvajes, voraces...sin nada de pasión, pero de alguna manera, deliciosos y con cierta necesidad de más. Ese fue el comienzo de tres semanas de clases de inglés y anatomía. Poco a poco, me fui acostumbrando a su brusquedad y, aunque Sebas intentaba meterme mano, siempre le reñía para que lo dejara estar. 

 - Nena... - gime en mi boca. – Algún día deberías quitarte esa vergüenza, solo así sabrás lo que es disfrutar. 

 - Cállate – le dije mientras abordaba su boca. Odio que me meta presión. No estoy preparada para llegar hasta ahí. –Solo te dejaré continuar si tenemos una cita.

 - Si...otro día si eso....sigue besando...- es lo que siempre respondía cuando intentaba que fuéramos algún tipo de pareja normal. 

 Durante ese periodo de mi vida, no fui consciente de lo estúpida que era. Sebas y yo nos conocemos desde niños. Hemos estado en la misma clase durante muchos años y hemos sido grandes amigos, ni siquiera sé con certeza cuando empecé a enamorarme de él. Solo sé que cuantos más años pasaban, más crecía mi amor por él, y aunque Sebas en ningún momento se mostró receptivo conmigo, albergaba la esperanza de que algún día cambiara. El día que me besó por primera vez, sentí una enorme ola impregnada de sentimientos muy discordes a los que creí que debía sentir. Sentí miedo, porque era mi primer beso de verdad. Sentí nervios, pues nunca pensé que Sebas daría ese paso. Sentí decepción, apenas podía mostrarme receptiva ante la voracidad de Sebas, pero, lo más importante no es que sintiera tantas cosas, lo que más me produjo confusión es que no sentí los típicos síntomas que tienes al besar a la persona amada...sentí un zumbido, una leve chispa....pero nada más....No es que no le quisiera...Yo he amado a Sebas durante mucho tiempo, tal vez demasiado...quizás es por eso que idealicé demasiado el momento y por eso ahora lo sienta demasiado vacío. O quizás, si Sebas se mostrara más receptivo o se implicara más en lo nuestro, tal vez, y sólo tal vez, consiga reavivar esos sentimientos que forjé hace tantos años por él. 

                                                               **** 

 Aun recuerdo el día en que mi primer amor se rompió en añicos. Todo empezó siendo un día como todos, fui a clase, bordé el examen de griego, Ivana y yo ganamos junto con el equipo la final del equipo de futbol femenino que organizábamos en los recreos. Nuestro equipo era el mejor, y aquel día lo demostramos llevándonos el mini trofeo a casa. Fue aquel subidón de autoestima el que me dio el valor suficiente para dejarle las cosas claras a Sebas. Llevo más de tres meses yendo a su casa dos veces por semana, y mes y medio que nos estamos enrollando y necesito saber en qué punto estamos. Él está a gusto así, pero yo quiero más, necesito más. Debemos dejar las cosas claras, o terminamos con esto, por mucho que me duela, o acepta que estamos en una relación y somos una pareja... Y esta tarde lo sabré. Esa misma tarde, a las cinco.

 - Emma, tan puntual como siempre. Pasa, tengo una sorpresa. 

- ¿Una sorpresa? Entro a su casa y nos vamos a su habitación. -Sebas, quiero hablar.... 

 -Pues habla, ¿Quién te lo impide? – responde mientras escribe algo en su móvil. Que gilipollas está hoy. 

 - ¿En qué punto estamos? – directa, sin rodeos. 

 -¿Qué? ¿De qué hablas? – pregunta sorprendido. No esperaba esa respuesta, pero al menos ha soltado el móvil en la mesa y se acerca hasta la cama, donde yo me encuentro sentada. 

 - Llevamos mucho tiempo enrollándonos en esta habitación y todavía no me has dicho qué somos. No quiero seguir dándote clase si no aclaramos eso – le digo con cierto mohín. 

 - ¿Somos? No somos nada, ¿por qué deberíamos ser algo? – se remueve incomodo. – Emma, somos dos amigos que se lo pasan bien, ¿Qué más quieres? -¿Qué? – le observo incrédula. ¿En serio acaba de decirme eso? 

– Sebas, no pienso continuar con esto. Si no somos una pareja formal no creo que pueda seguir con esto. No soy un juguete que puedes usar a tu antojo – le digo mientras le fulmino con la mirada. 

 -Vamos nena, no digas eso. No eres un juguete, lo pasamos bien y los dos salimos ganando. ¡Qué más te da si somos o no pareja! A mí no me va eso, ya lo sabes – hace un gesto con la mano para restar importancia a su crueles palabras. 

 - Serás cabrón... - gruño apretando los dientes. Me levanto de la cama y me alejo, no puedo verle sin sentir ganas de darle un puñetazo. En serio, ¿qué no le va eso? ¡Desde que entramos en el instituto, no ha dejado de "coleccionar novias"! Desde las más jóvenes hasta las más veteranas o de otros institutos. Si cree que engaña a alguien con esa patraña va listo. Me agarra de la mano antes de que pueda salir por la puerta.

 - Emma, por favor, - mira hacia otro lado molesto – no quería decir eso. –Vuelve a fijar la vista en mí.

 – Sabes que te deseo, mucho. Si me hubieras dejado hace tiempo que te lo habría hecho de todas las formas existentes y esa era mi sorpresa de hoy. – Se mete la mano en el bolsillo y saca un paquetito plateado del bolsillo.

 -¿Un condón? – enarco una ceja. Observo el paquetito y entonces me doy cuenta de la verdad. Siempre estuvo ahí, pero nunca la quise ver...Sebas, la persona a la que yo consideraba el amor de mi vida, mi razón de ser, mi sol y todas mis estrellas del firmamento...mi todo, resuelta que solo se aprovechaba de mis sentimientos para llevarme a la cama. Nunca me amó. Nunca sintió por mi nada que no fuera físico... y acaba de confirmarlo al sacar el paquetito endemoniado. 

–Quiero que me dejes en paz – me muestro beligerante. No he podido estar más ciega. Donde antes había palabras de afecto ahora solo cabe la hostilidad y el desprecio. -No digas eso, lo pasamos bien. - se acerca.

 – No seas tonta. Me importas, pero el compromiso es algo que se puede dejar para el futuro,...aún somos jóvenes. Emma, ven a mi cama...déjate llevar...- me acerca más a él, soy incapaz de moverme. Me tiembla el cuerpo de la misma rabia que siento. Suena su teléfono y ambos observamos el móvil vibrar encima de la mesa. Sebas lo ignora e intenta acercarse a mí, pero yo me echo a un lado para que no me toque con sus asquerosas manos. Cojo su móvil y puedo ver "llamada entrante de...". Ni siquiera puedo ver como se llama la chica, solo tengo ojos para la foto que sale junto al nombre. Es Sebas, lo reconozco rápidamente, y está besando a una chica. Esa chica en cuestión. La bilis se me sube por la garganta y las lágrimas me arden en los ojos. ¡Lo sabía! ¡Sabía que era demasiado bueno para ser verdad! No solo está el hecho de que nunca le he gustado, es que encima me estaba usando para ponerle los cuernos a su novia. Me tapo la boca intentando asimilar lo que acaba de ocurrir. Sebas se acerca y me quita el móvil para rechazar la llamada. 

 -Emma, yo... – empieza. No le dejo terminar. Le cruzo la cara con toda la mano abierta, recojo mis cosas y me dirijo lo más rápido que puedo a la puerta. He de irme de aquí. Sebas vuelve a cogerme, pero esta vez del brazo. Tiene los ojos muy abiertos, tal vez confuso por mi reacción, aunque también noto el temor en sus ojos. Pensó que nunca sabría la verdad, pero era solo cuestión de tiempo que supiera que tenía novia, ¡Joder, joder, joder! ¿¡Por qué me pasa esto a mí!?  – Emma. Escúchame, puedo explicarlo.... – se lamenta. 

 -¡Déjalo! – le ladro-. Doy un golpe en el suelo con el pie para dar énfasis a mi enfado. – ¡No quiero que vuelvas a dirigirme la palabra en la puta vida! ¿¡Me oyes!? – grito furiosa con lágrimas en los ojos, me zafo de su brazo y salgo corriendo de su casa. Corro sin rumbo fijo, no puedo ir a casa en este estado. Me paro al cabo de quince minutos para recobrar el aire, las lágrimas ruedan todavía con fuerza por mis mejillas. Me siento tan estúpida. Escucho mi móvil sonar. Es Sebas, tengo ganas de estampar el móvil, pero este no tiene culpa, solo lo apago y lo vuelvo a guardar. Me seco las lágrimas y vuelvo a pasear para tranquilizarme, no miro al frente, ni siquiera a la gente que pasa por mi lado. Solo camino mirando al suelo, esperando que remita el dolor tan profundo que siento en mi ahora destrozado corazón. Después de todo lo malo solo puede pasar algo bueno, tal vez conozca a alguien capaz de sanarme... -Perdona – se disculpa alguien. Alzo la vista y veo a dos chicos. Uno rubio y otro, el que se ha chocado conmigo, con el pelo negro. Apenas me ha rozado, pero se ha disculpado... 

 -Debes tener más cuidado Naim – escucho que le dice el rubio al otro chico. Sonrío ligeramente por el detalle de ese chico y cruzo el paso de peatones que tengo a la derecha. Dejando a aquellos extraños seguir recto por la avenida. Les vuelvo a observar, esbozo una ligera sonrisa y continúo a la deriva. Este momento debe de ser una señal...A lo largo de mi vida personas como Sebas, que conozco desde siempre, pueden hacerme daño. Puede que los perdone o puede que, como ahora, los eche de mi vida. Luego habrá personas como ese chico, que ha entrado y se ha ido, pero que, en ese breve instante, me ha hecho sonreír y olvidar por un momento mis problemas. 

 Y eso es como todo, unos vendrán para quedarse, otros simplemente se irán a la primera de cambio, todos tendrán algo que enseñar, o por el contrario, yo seré la que les enseñe algo. Pero solo los que merezcan la pena, lucharan por seguir en otro capítulo de mi vida. Sebas es solo un capitulo, no es el resto del libro,...y a pesar de que ahora duele, pronto será una cicatriz marcada por el recuerdo que, a pesar de ser invisible, permanecerá conmigo, como señal de que hoy soy un poco más fuerte... Levanto la mirada y observo el cielo nocturno de la ciudad. Sonrío ligeramente... sí, algún día seré lo suficientemente fuerte como para sanar mi corazón y entonces, será cuando encuentre a esa persona...

lunes, 21 de diciembre de 2015

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Capitulo 18

Volví de casa de Martina a eso de las doce. Hablé con mamá para poder quedarme a dormir en casa de Ivana para estudiar para los próximos exámenes. No se lo tomó muy bien, ya que últimamente no paso mucho tiempo en casa y siempre estoy demasiado ocupada para estar con ella. Así que, nos sentamos en el salón y decidimos hablarlo largo y tendido, pues el año que viene me iré fuera y mamá solo quiere aprovechar que todavía estoy aquí. Al final, me ha dejado ir, pero porque es para estudiar. Le doy las gracias y le beso en la mejilla antes de correr hacía mi habitación. Llamo a Ivana rápidamente, hemos quedado en que nos veremos en la fiesta porque ella se va a arreglar en el piso de Aaron. Yo no puedo hacerlo en casa, África y Fran vendrán dentro de un rato y aunque mamá estará ocupada con ellos, notará si me voy muy arreglada. Tendré que hacerlo en casa de Alex...aunque primero le tendré que avisar.
Paso el resto de la tarde estudiando porque el hecho de que vaya a una fiesta no significa que deje mis estudios a un lado. Ya tengo decidido lo que me voy a poner, tengo que darle a Afri las gracias otra vez por su regalo, creo que es una buena ocasión para estrenarlo. Suena el canto del loco en mi portátil "Insoportable", me dio mucha pena cuando se separaron, me encantaba ese grupo. Mientras estoy buscando la ropa y guardándola en mi mochila, oigo ruido abajo, fijo que Fran y África ya están aquí. Querían contar que estaban embarazados, así que yo ahí no pinto nada. Leo dijo que me recogería a las once, pero debo avisarle de que debe recogerme en casa de Alex.
-¡Emma! – escucho que me llama mamá desde el piso de abajo. Dejo todas mis cosas, apago la música y bajo.
- Hola – les digo nada más entrar en el salón.
Mamá y papá están sentados en un sofá y Fran y África en otro. Todos están muy contentos, así que creo que ya se ha dado la noticia.
- Emma, ¿sabías que tu hermana estaba embarazada y no me dijiste nada? – me pregunta mamá indignada.
-No era yo quien debía decirlo – me excuso encogiéndome de hombros.
- Estamos muy felices, es una noticia estupenda. No sabéis la alegría que nos da – papá no puede estar más contento con la noticia.
- ¿No os importa tener a vuestro primer nieto sin habernos casado nosotros? – pregunta África.
- No es lo ideal, pero los tiempos cambian, si hubiera sido por tu padre, nosotros tampoco nos hubiéramos casado –mamá se ha tomado muy bien la noticia. Menos mal.
- Era un crío, no quería casarme tan pronto – se defiende papá. Mis padres se casaron con veintiún años y tuvieron a mi hermana dos años después.
-El caso es que debemos celebrarlo. Queríamos ir fuera a cenar, pero como Emma debe irse... - mamá me mira haciendo pucheros para que ceda, pero no pienso concederle la victoria. Tengo muchas ganas de ver a Leo...aunque...dios no puede hacerme esto, ¡no me mires así!
-Podría quedarme a cenar e irme después.... – oferto con la esperanza de que mamá deje de hacerme chantaje emocional.
- Bueno....vale – cede vencida. Mamá resopla porque no se ha salido con la suya, pero se recompone rápidamente y se va a la cocina para preparar una gran cena.
Papá y Fran se quedan en el salón hablando y África me sigue hasta mi habitación.
- Has quedado con Leo – me acusa nada más cerrar la puerta.
-¿Tanto se nota? –pregunto.
- Yo también usaba la escusa de estudiar para irme con Fran – se ríe.
- ¿Y mamá se cree esta mentira? No me gustaría que apareciera de pronto – empiezo a tener dudas sobre si estoy haciendo bien.
- Supongo que sí, si no, no te dejaría irte. ¿Qué te vas a poner?
- El vestido y la chaqueta que me regalaste. Gracias otra vez, por cierto. – Cojo el móvil y le dejo un mensaje a Alex, me contesta rápido y dice que vaya a su casa a eso de las diez.
- De nada, ¿hablas con él? – creo que ya sé de donde he sacado mi curiosidad.
-No, con Alex. Me voy a vestir en su casa y Leo me recogerá allí... si se lo digo. ¿Me dejas intimidad para que le llame? – espero que Afri no se lo tome a mal, solo quiero escuchar la voz de Leo.
- Upps, claro, claro, voy abajo a ayudar a mamá. – se levanta de la cama y me deja sola. Busco el nombre de Leo y le llamo.
- Hey nena, ¿qué tal? –responde al segundo bip.
-Con ganas de verte. Veras, esta noche necesito un favor.
-¿No quieres ir? Lo entiendo si es eso, podemos hacer otras cosas más...Interesantes – dice sensualmente.
-¡Ni hablar! ¡No es nada de eso! – ¿por qué insiste tanto en que no vaya? Aunque es bastante tentadora su propuesta....no, debe demostrarme que soy algo más que un ligue. – necesito que me recojas en casa de Alex, mis padres no pueden saber que me voy contigo a esa fiesta.
- Vale, vale – suspira. Me da que tenía la esperanza de que me echara atrás. Lo he pensado, pero si quiero que esto funcione debo entrar en su mundo y ver que puedo formar parte de él. - Envíame la dirección por watsapp y te recogeré a las once como habíamos quedado, ¿vale?
-Perfecto. Gracias Leo, hasta luego.
- Nos vemos, nena – y cuelga. Observo el móvil y suspiro. Solo espero que todo salga bien.
A las nueve cenamos todos en la cocina, mamá ha hecho una gran cena y la disfrutamos entre risas y bromas. Lo estoy pasando genial, pero son casi las diez y debo ir todavía a casa de Alex y arreglarme. Me despido de todos y cojo el skate para ir más rápido, la verdad es que lo he echado de menos, es la primera vez que me paso tanto tiempo sin usarlo. Llego a casa de Alex a las diez y veinte.
- Hey, llegas tarde – sonríe Alex.
- Lo sé, espero que no necesites el baño, voy a encerrarme allí. Leo vendrá a las once – le informo mientras corro hacía el baño para arreglarme. Tengo que volver a ducharme, por suerte el pelo me lo planché en casa, y el vestido lo doblé con cuidado. Lo colgaré mientras me ducho y el vapor lo dejará perfecto. Me pongo las medias, el vestido y empiezo a maquillarme. Me aplico un poco de sombra de ojos negro, la raya y un poco de rímel, añado un poco de mi gloss para ocasiones especiales con sabor a sandía para darle volumen a mis labios y lista. Cojo la chaqueta y salgo del baño. Alex me mira con cara de pocos amigos.
- Ya estoy lista jeje – pongo mi cara más inocente y le dedico la mejor de mis sonrisas para ablandarlo.
-No eres la única que ha quedado – dice algo molesto, pero suspira y me sonríe – estás muy guapa. Por cierto, Leo acaba de tocar, le he dicho que enseguida bajabas.
-Gracias Alex – le abrazo. – Eres genial. Si no te importa dejo la mochila y el skate, ya vendré a por ellos.
-Descuida, pásalo bien, con lo que sea me llamas...aunque, toma – me da una llave.
-¿Y esto?
- Es la copia de la llave de este piso, por si necesitas dormir aquí. Diviértete.
- Gracias –cojo la llave y la meto en un bolsillo del bolso – hasta luego, pásalo bien. – me despido rápido de Alex y bajo a gran velocidad por las escaleras, el ascensor es muy lento. Abro el portal y ahí veo a Leo. Lleva sus clásicos jeans ajustados, una camiseta azul marino y una chaqueta de cuero.
- Leo – le llamo la atención. Gira la cara y me sonríe, corro a su encuentro todo lo rápido que me permiten los tacones y le abrazo.
- Hola Emm, ¿me has echado de menos?
-Muchísimo – digo pegada a su cuerpo mientras mis fosas nasales se deleitan con la fragancia que desprende Leo. Se separa ligeramente y me observa con una sonrisa, se agacha un poco y me da un beso pero se aparta rápido...demasiado rápido ¿Qué pasa?
-¿Pasa algo? – le pregunto confusa, pero a la vez haciéndole un mohín de protesta.
-Sabes bien...dulce – dice mientras se lame el labio inferior. Sus pupilas se han dilatado.
-Es por mi gloss....- no me da tiempo a terminar cuando me coge de la mano y me lleva hasta el coche.
-Entra, pero no te pongas el cinturón – dice mientras me abre la puerta. Le observo como da la vuelta y entra en el coche. Mira a su alrededor, masculla alguna palabrota y mete la llave.
- Leo... - empiezo.
- Espera – está muy decidido. Ni siquiera enciende la radio, se pone en marcha y conduce rápido, No sabía que tuviera tantas ganas de ir a la fiesta. Seguimos en silencio, avanzando deprisa por las calles, no suele ir tan rápido y me asusta un poco. Pronto llegaremos a la casa de estudiantes, pero se desvía a otra calle y acabamos en un descampado que usan de aparcamiento. Se quita el cinturón y me observa.
-Leo, ¿qué....?
-Ponte encima de mí –exige sin dejarme terminar.
-¿Qué? – no lo entiendo, pero Leo no me deja dudar y termina cogiéndome él y colocándome a horcajadas encima suya.
- Sé que te dije que iría despacio.... – no termina la frase cuando junta sus labios con los míos, los lame y muerde con deseo. Lo último que esperaba es que su desesperación por venir aquí era para que nos enrolláramos en el coche.
-Leo... - intento decir entre sus insaciables besos. – Leo....Tenemos que irnos...Ivana y Aaron nos esperan...
- Que se esperen – gruñe mientras me besa con más ganas, sus manos se aferran con más fuerza a mis caderas y me empujan hacia él.
- Leo...por favor...vamos tarde.... luego seguimos, por favor...- mis palabras causan efecto en Leo y se detiene.
-Perdona...- sus labios están ligeramente hinchados por nuestros besos y un tanto rojos por mi gloss.
-No importa....- jadeo. Esto podemos hacerlo después – le guiño un ojo. Me bajo de su regazo y me coloco el vestido. Leo me observa mientras me retoco los labios.
- Estás guapísima...me encanta cuando llevas vestido – su sonrisa a medio lado me derrite el corazón.
- Tú tampoco te quedas atrás – le observo de arriba abajo y en seguida me arrepiento de haberme quitado de encima de él. - Ahora deja que te quite el gloss – me acerco y con un pañuelo le quito algunas marcas de gloss que le he puesto sin querer. Leo me observa mientras hago mi trabajo. – Listo – le sonrío.
- Genial, vamos a la dichosa fiesta – responde con sarcasmo.
Salimos del coche y caminamos hasta la casa de estudiantes que está un poco más adelante. Ese edifico empezó como otro cualquiera, pero al estar entre las universidades, poco a poco empezaron a llenarse de estudiantes... hasta ahora que es exclusivo para ellos. Oí que hicieron reformas para adaptarlo a sus necesidades, pero nunca llegué a entrar. Hasta hoy. Vemos a Ivana y a Aaron en el portal, esperando.
-Llegáis tarde – nos regaña Ivana en cuanto nos ve. Me acerco a ella y nos damos dos besos.
- Nos hemos distraído – dice Leo indiferente, pero cruza una mirada con Aaron y ambos sonríen cómplices. No me gusta ni un pelo ese gesto.
- Estás guapísima Ivi – se ha puesto unos pitillos, botas de tacón y una camiseta de media manga negra de encaje.
-¿Yo? ¡Guapa tú! Ese vestido es precioso – me mira de arriba abajo.
- Chicas, ¿podéis seguir diciendo lo guapa que estáis dentro? – nos dice Aaron divertido.
- Hola Aaron – le sonrío.
- Hola Emma – me devuelve el saludo.
Entramos los cuatro al edificio. ¡Vaya! Parece la típica fraternidad americana. No es que sea un edificio muy grande, pero han compuesto la planta baja y el primer piso de zonas comunes y los otros tres de pequeños apartamentos para los estudiantes. Hay muchísima gente, suena la música muy alta y hay alcohol por todos lados. Alguien ha llamado a Leo y Aaron y estos se dirigen hacia un grupo de gente. Ivana va detrás de Aaron, yo intento ir detrás, pero alguien me ha cogido la mano y me ha dado un vaso de plástico. Lo huelo. Es ron. No sé quien me ha dado eso, pero veo que todo el mundo tiene un vaso así que no creo que me hayan echado nada raro. Me doy la vuelta, pero ya no veo a Leo ni a los demás. ¿Acabamos de entrar y ya me acabo de perder? ¡Esto no puede estar pasándome! Debo encontrarles, intento moverme entre la gente, alguien me toca el hombro, me giro asustada, pero me tranquilizo al ver una cara conocida.
-¡Naim! – chillo para que me oiga a través del ruido.
-¡Hola, Emma! ¿Qué tal? – me da dos besos. - Me alegra de que al final hayas podido venir – me sonríe. Me quedo embelesada ante sus encantos. Había olvidado lo guapo que es. Lleva una camiseta blanca de manga corta y vaqueros. ¿Cómo un look tan sencillo puede ser tan sexy?
- Bien, gracias por invitarme – es difícil hablar con la música.
-¿Cuándo has venido? ¿Has venido sola? – pregunta.
- He venido con Leo, pero cuando me he querido dar cuenta ha desaparecido – mi voz suena alarmada.
-No te preocupes, acabo de verle. ¿Quieres que te lleve con él?
-¿Podrías? – mi voz suena esperanzada. No he venido a este lugar para perderme a los cinco minutos.
- Por supuesto – Naim me coge de la mano y me da un vuelco el corazón. ¿Pero, qué? me recompongo y poco a poco, vamos haciendo camino hasta llegar donde están Leo y los demás.
-Emma, ¿Dónde estabas? – pregunta Ivana
- Os perdí – me excuso – pero Naim me ha traído – le señalo a mi guapísimo salvador. Ivana le observa y se queda boquiabierta, Aaron se da cuenta rápido y tira de Ivana para captar su atención. Leo está hablando con dos chicos. ¿En serio? Ni siquiera se ha dado cuenta de que me había ido. Naim me da un toque en el hombro y me indica que lo acompañe. Llegamos hasta Leo.
- Leo, ¿Qué te cuentas? ¿Te has dejado algo? – pregunta Naim
- Hey tío, ¿todo bien? – le saluda amistosamente. - ¿Qué me he dejado? – pregunta.
- Te has dejado a esta preciosidad sola – le dice mientras posa su mano en mi hombro. Agacho la cabeza muerta de vergüenza, Naim acaba de decirle a Leo que me "ha olvidado" y me ha llamado "preciosidad".
-Yo no he dejado a nadie. Ella venía detrás – dice algo molesto.
- ¿Y por qué la he encontrado sola? Deberías tener cuidado, ya sabes que aquí una chica sola dura poco – le guiña un ojo. ¿Qué habrá querido decir?
- Lo sé. Emma, ¿de dónde has sacado esa copa? – se dirige a mí en un tono borde que no me gusta nada.
- No sé, me lo han dado – observo el vaso que me han dado nada más llegar.
- Mejor dámela, no te fíes de las copas que te den. Si quieres algo, sírvetelo tú misma – me advierte. Su carácter es algo hosco desde que hemos salido del coche. Le doy la copa y le da un sorbo mientras vuelve a hablar con sus amigos. Ivana y Aaron se han ido y no me he dado ni cuenta. Creo que venir aquí fue una mala decisión.
-¿Quieres una copa? – me ofrece Naim.
- Si – beber no es la solución, pero al menos hago algo.
-¿Me acompañas? – pregunta Naim mientras me tiende la mano. Observo a Leo que sigue hablando sin prestarme la más mínima atención. Sé que le dije que no me importaba si me presentaba como a una amiga, pero él ha pasado de querer hacerlo conmigo en el coche a ignorarme por completo o hablarme borde. Está muy raro y sé que si le digo que me voy con Naim no me dejará. Aparto mi vista de él y la vuelvo sobre Naim, asiento y le cojo de la mano, noto un cosquilleo al hacerlo, que raro. Nos dirigimos a la cocina. Hay una gran mesa con cubiteras, vasos, botellas...todo un reino de alcohol está a nuestro alcance.
-¿Qué te apetece? – me pregunta.
- Lo que sea – cualquier cosa que me haga olvidar cinco minutos al idiota que me ha dejado tirada. Sé que él no quería venir y desde que salimos del coche ha estado tenso y con mirada inexpresiva. No creí que pasara nada, pero ahora sé que me oculta algo. Naim prepara dos copas de ron cola y me da una.
-Gracias – chillo entre la música. Naim es un buen chico, no le ha importado quedarse conmigo mientras mi "acompañante" ha pasado de mí. Llevamos casi una hora aquí charlando, o al menos intentándolo, ya que la música está muy alta. Ya voy por la cuarta copa y empiezo a sentirme entonada con el ambiente.
-¿Te apetece volver con Leo? – pregunta Naim después de verme lanzar cuchillos con la mirada a la sala donde está la fiesta. En realidad no he dejado de mirar desde que entré aquí con Naim, con la esperanza de ver entrar a Leo y venir a por mí. Me equivoqué.
-Leo puede hacer lo que le dé la real gana – escupo con cierto veneno en la voz. –Pero, espera, ¿sabes qué? Si, vamos a ir a verle – esta vez soy yo la que busca su mano y nos dirigimos hacia el gentío. Leo no está donde lo dejé. Buscamos durante un buen rato, hasta que le encuentro con otra gente. Están sentados en unos sofás jugando a algo, ¿la oca?
- Es el Ocalimocho – responde Naim a mis pensamientos. – Hasta que la fiesta se anima, se suele jugar a varios juegos de beber, como "el Ocalimocho", "el Birra-pong", "Verdad o desafío", "Yo nunca"...para entonarnos un poco – suena bastante estúpido pero al decirlo él parece que es algo vital en la fiesta.
-Emma – mi cuerpo se tensa al oír mi nombre. Me giro y veo a Leo que me observa inexpresivo con los labios fruncidos. No tiene por qué mirarme así. Él está jugando a ese estúpido juego sin importarle donde estaba yo.
-¿Qué? – le contesto en tono borde. No dice nada, se limita a observarme sin mostrar algún tipo de emoción. No aparto la mirada, ni siquiera me achanto, se la sostengo con una mirada desaprobatoria. Solo aparto la mirada en el momento en que una voz nos llama la atención.
-¿Queréis jugar? Vamos a empezar con "Verdad o Desafío". – dice una chica con un vestido muy escotado. Se nota que ha bebido. Vuelvo a observar a Leo y veo que él también ha bebido, ...aunque bueno si ha estado jugando a eso es normal.
-Vale, ¿seguimos jugando aquí? Emma, siéntate, así verás un poco como es esto – Naim se encarga de hacerme un hueco a su lado en el sofá. Unos cuantos se han levantado y han traído más alcohol. Me siento al lado de Naim y sé que Leo me observa. También sé jugar a esto, así que le ignoro y hablo con Naim.
- ¿Siempre jugáis a este tipo de juegos? – le pregunto.
- Si, supongo, no suelo venir mucho por aquí. Solo vengo cuando me insisten mucho.
-Mmmm, ¿desde cuándo conoces a Leo? – antes solo hemos hablado de temas triviales, pero ahora quiero profundizar un poco.
- Nos conocemos desde el instituto, aunque la primera vez que nos vimos fue jugando un partido de fútbol. Su clase contra la mía.
- ¿Y desde entonces sois amigos?
-Que va, te he dicho donde nos conocimos, no nos llevamos bien hasta que estuvimos juntos en la misma clase al año siguiente. Aunque también fue año de rivalidad – se ríe. No me imagino a ellos rivalizando.
-Oíd, si habéis terminado, vamos a comenzar el juego – dice molesta una chica de pelo plateado y mechas rosas con varios piercings. Asentimos y da comienzo el juego. No sé bien como va, pero según avanza el juego, puedo ver que van haciendo desafíos de beber, besar o contar verdades íntimas. Creo que no me gusta este juego, pronto me tocará a mí. La chica del pelo plateado y mechas rosas no deja obsérvame. ¿Le pareceré tan rara como ella a mi?
-Hey, ¿tú eres nueva? No te he visto antes – me está incomodando, no cumplo la mayoría hasta el mes que viene, espero que eso no sea un problema.
- Eva, déjala, la invité yo – me defiende Naim.
-¿De verdad? – dice petulante, creo que no le gusto. – A ver rubita, ¿verdad o desafío?
- ¿Qué? Pues...- la verdad es lo más seguro, pero no pienso contarles nada a estos extraños. – Desafío – digo sin pensar.
- Bien – la tal Eva se relame – Voy a empezar por algo sencillo ¿Tienes la copa llena?
- Sí – me la acaban de servir y está hasta arriba.
-Bébetela entera – sonríe maliciosa.
-Eva – gruñe Leo. ¡Vaya! Por fin parece que se preocupa por mí. Todos me observan y se les escapa alguna que otra risita a mi costa, ¿creen que no voy a hacerlo? Miro la copa con decisión, no sé por qué pensé que esto era buena idea. Cierro los ojos y me la bebo de un trago, todos aplauden menos Leo que sacude la cabeza censurando lo que acabo de hacer. Pero esto para empezar, es culpa suya. Sonrío tímida a los demás, aunque en el fondo noto un ardor abrasador en mi garganta. El alcohol recorre mi cuerpo salvaje.
- ¿Estás bien? – me susurra Naim.
-S-si – tartamudeo. No. No estoy bien. ¿Por qué se me ocurrió semejante tontería? Jugamos varias rondas más y en todas me piden que me beba la copa que tenga en la mano. Esto va cada vez peor, he perdido la cuenta de las copas que me he tomado, noto que todo me da vueltas y la garganta me arde de tal manera que podría lanzar fuego como si fuera Godzilla. Necesito parar de una vez, no los conozco, que piensen lo que quieran. Intento levantarme y las piernas me fallan, me libro de la caída porque Naim me agarra. Le sonrío agradecida, y aparto la mirada rápido para suprimir la arcada que amenaza con subir por mi garganta.
-Emma, ¿A dónde vas? – Naim está preocupado, me siento fatal por hacerle cargar conmigo toda la noche.
- Al baño – digo rastreando las palabras. Me pesa hasta decirlas. - ¿Dónde hay un...baño? – hipo.
- Hay uno cerca, pero estará ocupado, mejor te llevo al de arriba. Chicos, nosotros dejamos de jugar, vamos a tomar el aire.- Veo a Leo hacer un ademán de levantarse, pero al final no lo hace. ¡Gilipollas! Naim me coge de la mano y me lleva a la planta de arriba, aquí hay menos gente, pero muchos corretean para entrar en los apartamentos o salen abrochándose algún pantalón o camisa. Encontramos un baño muy espacioso, con duchas y todo, supongo que el apartamento tendrá solo baños básicos, no sé.
- Pasa, yo te espero aquí, - ¿vale?
-Vale....gracias – le digo antes de entrar. Cierro la puerta y me acerco al espejo. Tengo los ojos inyectados en sangre, mis mejillas están rojísimas y me veo borrosa. Humedezco un pañuelo y me lo paso por la cara para espabilarme. Creo que voy a vomitar, corro a uno de los retretes y me echo hacia delante. Nada, no vomito, pero tengo unas nauseas horribles. Al menos haré pis antes de salir y así quito algo de alcohol de mi cuerpo. Al salir Naim me observa preocupado.
-¿Estás bien?
-Mejor que antes – me revuelvo incómoda.
-¿Has vomitado?
-No... ¿Puedes ayudarme a salir? Quiero que me dé el aire.
-Por supuesto. – Me coge de la mano y poco a poco bajamos al piso de abajo, donde nos desplazamos hasta la salida.
Outfit de Emma para la fiesta