domingo, 18 de octubre de 2015

Capitulo 9

Quince minutos después, entro a la habitación, con un pijama nuevo, el de los bajones lo he guardado. Llevo un pantalón negro y una camiseta rosa un poco ajustada, creo que mi madre me ha escondido las camisetas anchas. Alex sigue donde lo dejé, concentrado en el portátil, escuchando una canción. Conozco esa canción, fue él mismo el que me la enseñó, pero voy a hacerme la loca.
- Alex, ¿Qué has puesto?
- Ummm, no sé, algo del pasado, ¿la has olvidado?
- Jamás la olvidaría. Esas tardes en las que nos encerrábamos en tu cuarto, hablando durante horas mientras sonaba Green Day de fondo están aquí, - le digo señalando mi cabeza. –Todavía guardo el cassette que me regalaste, - le digo con una sonrisa.
- Esta canción, "Basket case", recuerdo que te la enseñé el día que te dije que me mudaba la primera vez. Este ha sido nuestro grupo desde entonces. En mis primeros días en Inglaterra los escuchaba sin parar, fingiendo así que no me había ido. Que seguía aquí, que estábamos en mi cuarto, hablando, jugando o planeando alguna travesura, escuchando esta banda de fondo y cantando las estrofas fingiendo ser uno de ellos, - me dice con voz melancólica, pero con una gran sonrisa recordando esos momentos.
-No te pongas melancólico, ahora estamos juntos y eso es lo que importa. Y a todo esto ¿Cuánto vas a estar aquí? – le digo cayendo en la cuenta de que no nos ha dicho a qué ha venido ni nada.
-De eso precisamente quería hablarte, ven, siéntate, - me dice mientras da unas palmadas al colchón para que me sienta a su lado en la cama. Le hago caso y me coloco en el lado libre.
- Verás, no he venido aquí de visita. He venido porque me gustaría hacer aquí mi último año de instituto. A mis padres no les ha hecho gracia la idea, no solo por querer dejar el instituto pijo y renunciar a la beca para ir a una buena universidad gracias al equipo de fútbol, sino porque me alejaba de ellos; pero echaba de menos esto, y te echaba de menos a ti. Ya soy mayor de edad, y quería aunque fuera hacer mi último año aquí, o al menos convencerte para que te vinieses conmigo a Inglaterra, - me dice muy decidido.
-¿¡Qué!? Alex, ¿¡cómo se te ocurre que yo me vaya a Inglaterra contigo!? – le grito. Luego me doy cuenta de mi reacción, y de que no puedo gritar porque es bastante tarde, así que respiro hondo y le digo más tranquila, - Alex, me encantaría, sabes que me encanta Inglaterra, y que siempre he deseado ir, pero ahora me es imposible. El curso ya está empezado, no tengo a donde ir, ni tampoco tengo tanto dinero, además tengo a mis amigas, tengo un futuro que organizar y Leo... - de pronto me sonrojo. ¿Frenaría mi viaje soñado por él? Gracias a Alex no he pensado en él en todo el día, solo cuando ha salido de tema en la conversación. ¿Habrá pensado Leo en mí? De alguna manera le echo de menos.
- Emma, no vayas por delante. No quiero que te vengas ahora mismo. Quiero que te vengas cuando empieces la universidad. Ven y haz el primer año allí, será una experiencia fantástica, además, vivirás conmigo, y no tendrás que pagarme nada, para eso está mi padre. Me debe mucho después de marearme todos estos años con estúpidas mudanzas. Yo he decidido venir aquí por voluntad propia, y aunque aquello es genial, necesitaba un cambio de aires.
- Alex no sé, esto es tan...repentino. Es demasiada información,... ayer estabas a más de siete mil kilómetros y hoy estas aquí...y me dices que te quieres quedar y que el año que viene me vaya, ufff, no sé qué decir.
- No digas nada. Todavía tienes mucho tiempo para pensar si te quieres venir conmigo o no. Estamos en noviembre aún. Yo por el contrario tengo que ver si me consiguen aceptar en tu instituto o en alguno del barrio y poder quedarme aquí, además de buscar un sitio para vivir. Paso de hoteles.
-Si te quedas, fijo que mi madre te dice que te quedes aquí, - le digo mientras bostezo.
- No quiero molestaros, ya buscaré algo y vámonos a dormir. Estás que te caes de sueño y mañana tienes clase, - dice tranquilamente. Quita el portátil, lo deja en mi escritorio, vuelve a la cama y aparta el edredón.
- Pero, ¿qué haces? – le pregunto divertida.
-Acostarme en la cama, y tú también, vamos, - me dice con una sonrisa a la misma vez que me coge de la mano para meterme en la cama con él.
-Alex tienes tu propio cuarto. Además, tienes novia y esto es raro.
-No es raro, bueno, tal vez un poco. Pero hemos dormido juntos muchos años, no veo la diferencia entre haberlo hecho antes y hacerlo ahora, - dice tan pancho. Todavía tiene las mismas cosas que cuando era niño.
-Ahora somos adultos, y por muy amigos que seamos, no deja de ser...raro... ¿no?
-Deja de darle vueltas, no vamos a hacer nada, solo dormir. Así que métete en la cama, pégate a mí y acuéstate de una vez, - me ordena en tono suave. Decido hacerle caso, no merece la pena llevarle la contraria. Son las dos de la mañana, apenas dormí ayer y tengo clase en seis horas.
- Esta bien, hazme un hueco, - le digo vencida.
-Buena chica, - dice y me dedica otra vez esa sonrisa de chico bueno que no ha roto un plato en su vida y me da un beso en la mejilla.
-Buenas noches Emma.
-Buenas noches Alex.
Estamos a punto de salir por la puerta y mamá se despide de nosotros. Se le hace raro que no haya cogido el skate. A mi también la verdad, pero ahora que Alex está conmigo no lo necesito. Caminamos tranquilamente hasta el instituto mientras le pongo al día de lo que ha pasado en su ausencia. Llegamos temprano, y decidimos quedarnos en la puerta para esperar a las chicas y así presentárselas a Alex de una vez.
-Entonces, ¿sigues con la idea de quedarte aquí? A ver, no es que me importe, al contrario, me encanta que estés aquí ya lo sabes, pero ¿qué pasa con tus padres? ¿Y el instituto? ¿Y Audrey?
-Emma, para, quiero seguir adelante con esto. Soy mayorcito para tomar mis propias decisiones, además, hablé con el director y le conté que quería estudiar aquí. No le hizo especial ilusión de que me fuera, ya que soy el mejor jugador del equipo y no sé cómo, todo el mundo me adora allí. El caso es que llegué a un acuerdo con él,... yo podía venir aquí a estudiar, siempre y cuando volviese para el tercer trimestre y jugase en la final. Aunque tendré que volar algún que otro fin de semana para algún partido importante. Así podía venir, pasar una temporada contigo y estar allí para contentar a todo el mundo y conservar mi beca para la universidad, ¿a que me lo he montado bien? – dice con una sonrisa de tonto en la cara.
-¿¡Bien!? ¿Me tomas el pelo? ¡Te lo has montado más que bien! Alex, sin duda, eres el capullo con más suerte que he conocido nunca, - le contesto mientras le doy un codazo.
- Te lo he dicho, allí me adoran, así que solo me queda hablar con el director de aquí y que me deje estar estos meses por aquí. Así me cuenta para la nota y no pierdo clase, ya que por mucha beca que me dé el futbol también debo sacar buenas notas.
- ¿Y al final qué vas a estudiar?
- Arquitectura. Lo decidí en cuanto llegué a Londres y vi la hermosa arquitectura de Hampstead, quedé hechizado. Sé que tengo un gran futuro en el fútbol, me lo ha dicho mucha gente, pero no quiero quedarme solo ahí. Me encanta y siempre será mi pasión, pero la arquitectura también me gusta. Debo esforzarme el doble, pues quiero ambas cosas y las quiero combinar en mi futuro, seré el primer futbolista que diseñe su propio edificio. – Alex está my convencido de sus palabras, su mirada se ha tornado soñadora, y sé que si se lo propone, lo logrará. Este chico siempre consigue lo que quiere, si no, no estaría aquí.
Noto que alguien nos mira. Me giro y veo a Sebas, que viene con otro chaval; Alex también se ha dado cuenta y se baja del muro de donde estaba sentado. Se pega a mí, pasándome el brazo por los hombros, mira a Sebas muy serio, ¡me está asustando! Me acerca y me besa en la mejilla, me susurra que le siga el juego y vuelve a mirar a Sebas. Está claro que Alex sabe como marcar el territorio ante lo que es suyo, y puede hacer que alguien se sienta intimidado, pues, Sebas ha seguido con el otro chico y no se ha atrevido a decirme nada. ¡Gracias Alex! Me encanta que sea tan protector conmigo.
- ¡Como odio a ese capullo! En serio, si no fuera porque no puedo meterme en problemas, le partía la cara a ese desgraciado, ¡y después le cortaba esas manos para que ni se lo ocurriera tocarte nunca más! Además de arrancarle las pel...
-¡¡Alex!! ¡Para ya! Estás exagerando, - a veces se pasa de protector, me muero de la vergüenza cuando se pone así.
Antes de que a Alex le dé tiempo a seguir con sus amenazas, escucho la voz de mis tres chicas favoritas. Vienen muy animadas y distraídas, hasta que miran al frente, y ven a Alex a mi lado, abrazándome todavía. Sus caras son épicas, y bastantes divertidas, no se creen lo que ven, y no puedo recriminárselo, esta escena no es muy común en mí. No suelo dejar que los chicos, a excepción de Alex, se tomen tanta libertad conmigo. Cuando llegan a nuestra altura, Martina es la primera en reponerse y hablar.
-Pero bueno, ¿de dónde has sacado a este bombón? – siempre tan directa, nunca cambiará.
-Este bombón se llama Alex, y estoy encantado de conoceros al fin. Tuve ocasión de hacerlo, pero al mudarme, solo disponía de tiempo para estar con Emma, - responde Alex a modo de presentación.
-Chicas, ¿recordáis que siempre os hablaba de Alex? Pues, aquí lo tenéis. Ha venido para quedarse una temporada por aquí, pero antes tiene que hablar con el director para que le admitan.
- Emma, no podía haberlo resumido mejor, y ahora que sabéis quien soy y a qué he venido, os tocan las presentaciones, aunque creo que ya sé quiénes sois. Empezando por la izquierda, tú debes ser Danielle, siendo medio británica tendremos muchos temas de conversación, - dice mientras le guiña un ojo, después le da dos besos y se centra en Ivana. – Tú eres Ivana, llevas una trenza y... ahí, llevas un Darth Vader colgado en la mochila, algo friki, pero me gusta, yo también soy fan de las pelis de Star Wars, - le da sus respectivos dos besos, y termina centrándose en Martina, - ya solo me queda la capitana de voleibol y futura diseñadora de moda, Martina, ¿lo he hecho bien? – me dice con una sonrisa de mírame, lo he hecho perfecto, dímelo para que me lo creas más. ¡Agh! A veces se pasa de presumido, pero le quiero igual. Le da los dos besos a Martina y se vuelve a colocar a mi lado.
- ¡Diez puntos para Gryffindor! - grita Ivana, riéndose de su propia ocurrencia.
- Encantada de conocerte al fin Alex, pero puedes llamarme Dani o Daniela. Y si eres un forofo del Chelsea o del Manchester, te invito a venir a casa, allí tendrás a dos locos del fútbol, - Dani le dedica una sonrisa muy dulce, siempre es tan educada con todos que cuesta no quererla.
- Yo no soy una gran seguidora del fútbol, pero si necesitas algún diseño, soy tu chica, - le guiña un ojo y se queda tan tranquila, esta Martina nunca cambiará.
-Ahora entiendo por qué os lleváis tan bien con mi pequeña Emma, espero que me la hayáis cuidado mucho en mi ausencia.
-¡Alex! ¡No soy una niña, sé cuidarme sola!, - le digo haciendo un mohín. Me trata como si fuera una cría solo porque me sacaba una cabeza y media, pero a él parece que le divierte y suelta una carcajada tan encantadora que al final terminamos todos riendo. De pronto, suena el timbre, es hora de ir a clase.
-Chicas, ha sido un placer, ahora, he de camelarme al viejo director Don Hilario Quintana. Espero que todavía se acuerde de mí, pues no pienso irme hasta que me acepte. Emma, te enviaré un mensaje en cuanto hable con él en caso de que no pueda ir a vuestra clase. Nos vemos chicas, - dice mientras se dirige a la puerta. Las chicas me miran y decidimos entrar también a clase, tenemos historia de España, y es mejor no llegar tarde.
                                                                            ****
Ha pasado todo el día y no tengo noticias de Alex. Estoy muy nerviosa. En el recreo le he llamado varias veces, pero siempre me saltaba el contestador, así que le he ido dejando mensajes entre clase y clase. ¿Dónde demonios se habrá metido? ¿Qué ha pasado con el director? Dijo que me avisaría con lo que sucediera, y que no se iría hasta conseguir quedarse. ¿Se habrá ido porque no le han dejado quedarse? ¿Le habrá dado una rabieta y se habrá ido? Juro que como no me conteste lo estrangulo con el cinturón que llevo puesto. ¿Y si le ha pasado algo? ¿Ha vuelto a Londres? No es su estilo, pero, ¿y si ha decidido ir a por Sebas y se ha metido en líos? ¡Me va a dar un ataque! Por decimo quinta vez en el día, intento llamarle mientras salgo con las chicas a la salida del instituto, pero antes de que me dé tiempo a pulsar la tecla de llamada, le veo apoyado en una pared, mirándome y sonriendo como un bobalicón. Salgo corriendo hacia donde está y antes de que le dé tiempo a decirme hola, le doy un puñetazo en el brazo y empiezo a gritarle.
-¡¡Menos mal que me ibas a llamar!! ¿Se puede saber dónde te has metido? ¡Te he dejado como un trillón de mensajes y llamadas y Dios sabe que más! – hago una pausa para recuperar el aliento, lo que le da tiempo a las chicas a llegar hasta nosotros. Alex se frota el brazo donde he descargado la presión de toda la mañana. Todavía me estoy planteando lo del cinturón, así aprenderá a no volver a desaparecer sin decir nada.
-¡Auch! Emma, eso ha dolido, y mucho, - dice con una mueca de dolor, pero a la vez divertido por ver como he reaccionado, creo que no se esperaba que estuviera tan histérica.
- Hey, Alex, ¿Dónde te habías metido? A Emma casi le da un ataque al corazón al ver que no dabas señales de vida, - le dice Ivana para que yo me relaje un poco.
- Os lo contaré todo, pero quiero ir a comer por ahí, veniros todas y hablaremos tranquilamente.
-Alex fuimos ayer a comer, no podemos estar comiendo fuera todos los días, - le reprendo.
-Oh, vamos, Emma, no seas así. He visto un restaurante genial cuando venía hacía aquí, venga os invito a comer a todas, os cuento lo que ha pasado y después cada uno a lo suyo. Juro que no os distraeré y antes de las cuatro y media podréis estar en casa haciendo vuestras cosas, palabra, - lo dice tan convencido que al final acabamos aceptando.
Terminamos en un restaurante italiano llamado Spiaggia Capriccioli, en honor a una de las playas más bonitas y populares de la Costa Esmeralda, en Italia. Lo abrieron hace poco, los dueños son italianos, nacidos en la zona a la que le han puesto el nombre al restaurante. El sitio está ambientando al más puro estilo italiano, es como si estuviéramos en la mismísima Italia en vez de en España; son todos muy amables y tienen un menú tan exquisito y a la vez tan barato para una estudiante, que mentalmente lo he catalogado como uno de mis restaurantes preferidos. Tomamos asiento en un reservado, pedimos pizzas y Alex empieza dar explicaciones.
-Veréis, cuando os he dejado, he entrado al despacho del director y aunque al principio no me reconocía, le conté algunas de mis travesuras y enseguida se acordó de mí, - Alex y yo recordamos esos tiempos pasados, lástima que cuando él estaba aquí las chicas todavía no estaban en este instituto. – le conté mi experiencia en Londres y que, como parte de mi formación, debía quedarme unos meses aquí para la clase de idiomas.
-¡Alex, eso es mentira! –le digo atónita.
-No es una mentira, bueno, tal vez, pero es piadosa, no hago daño a nadie. – dice encogiéndose de hombros. – El caso es que no ha tenido ninguna objeción al respecto y me dijo que podía empezar hoy mismo. Le pedí que si podía estar en vuestra clase para que Emma me pusiera un poco al día y me ayudará en todo lo que necesitara. Al principio no estaba muy de acuerdo porque en vuestra clase sois muchos, pero después de persuadirle un poco y decirle lo importante que era para mí estar con Emma, terminó aceptando. Y como ya me había perdido casi las dos primeras horas, no le importa que empiece mañana. Iba decírtelo, pero luego pensé que primero debía buscar un sitio donde vivir. Así que fui a una inmobiliaria para estudiantes, le conté mi situación y tuve suerte de que una chica estaba libre y me atendió. Se llamaba Estefanía y fue muy agradable conmigo; me enseñó cuatro pisos, baratos y cerca del centro, yo le dije que el precio no era problema, pero ella no quería que me gastara mucho en alquiler. Al final me he quedado con el cuarto piso, que está a veinte minutos del instituto y media hora de la casa de Emma. He firmado todo lo que necesitaba, solo me queda hablar con los caseros está tarde mientras tomamos un café. Finalmente, fui al hotel a recoger mis cosas y cancelar la reserva.
-Entonces, has sabido aprovechar al máximo el día, - dice Martina tras un breve silencio.
-Se podría decir que sí. Dejé mis cosas en casa de Emma, y cómo ya era casi la hora de que salierais, le dije a Alicia que nos iríamos a comer fuera.
- Alex, eres demasiado derrochador, deberías controlarte un poco, - le digo preocupada. Sé que no tiene problema alguno con el dinero, pero tampoco puede estar despilfarrando dinero porque sí
-Pero si se lo gasta en comida tampoco es nada malo, - dice Ivana terminando su porción de pizza.
- Una al año no hace daño, y esta comida lo merece. Gracias por invitarnos otra vez Alex, - Daniela es siempre muy agradecida.
-No hay de qué, las amigas de Emma, son mis amigas, y creo que os lo debía por no querer conoceros en el pasado – contesta Alex con su mejor sonrisa.
Terminamos de comer mientras hablamos tranquilamente de temas variados, después, los dueños nos invitan a su postre más popular, tiramisú italiano, receta especial de la familia de la dueña que, según nos ha contado, proviene de una larga dinastía de pasteleros. Es todo un manjar, está delicioso y mira que a mí nunca me gustó mucho este postre. Mientras repetimos por segunda vez de este maravilloso postre, suena de fondo "Scusa ma ti chiamo amore", de Sugarfree. A las cuatro y cuarto estamos todos en la puerta, comentamos algún que otro detalle del instituto y nos vamos cada una a nuestra casa. Alex se viene conmigo a casa, querrá arreglarse un poco si dentro de un rato se va hablar con los caseros de su nuevo piso. Llegamos a casa y mamá está en la puerta, tiene mala cara.
-Hola mamá, - le digo al entrar.
-Hola Alicia, ya estamos aquí.
-Emma, ¿no tienes nada que decirme? – su tono es preocupado.
-Emmm, no sé, ¿debería? Mamá, ¿ha ocurrido algo malo? Por favor, no le des vueltas, lo que sea dilo ya, - odio que vacile a la hora de decirme algo.
-Emma, ¿habías quedado hoy con un chico que no fuera Alex?
¿Qué? ¿Me está tomando el pelo?
-No. No había quedado con nadie, es más, ni siquiera sabía que Alex iba a buscarme. ¿Por qué preguntas eso?
-Verás... - empieza dubitativa, - estaba esperando a que tu padre viniera, porque hoy se ha retrasado y tal, y al asomarme por la ventana de la entrada...había un chico. Era alto, rubio y parecía que esperaba alguien, no dejaba de mirar de un lado a otro, se paseaba nervioso, y de vez en cuando miraba hacía la casa. Pensé en llamar a la policía, pero cuando cogí el móvil, vi a tu padre venir y él se alejó, pero en cuanto entró tu padre, volvió a colocarse en la puerta. Ha estado aquí casi dos horas esperando y después se marchó. Pensé que habría quedado contigo y te estaba esperando.
Rubio...era Leo. Estoy segura, no me cabe duda. ¿Qué hacía aquí? ¿Por qué me ha estado esperando? ¿Querrá decirme algo? Me estoy poniendo nerviosa, Alex se da cuenta, me agarra la cadera, dándome a entender que está aquí, le dice a mi madre que sería alguien del instituto que me buscaría para algo, y tras una breve excusa, me lleva a mi cuarto y me sienta en la cama.
-¿Quieres hablar? – dice muy suave, cree que me romperé si me habla más alto. Niego con la cabeza y me pego a él, abrazándole, Alex me coloca en una posición más cómoda y me acurruca entre sus brazos. Me alegra tenerle aquí, no sé cómo sentirme en estos momentos. Decidí alejarme de él, no puedo dejar que me afecte, tengo un futuro en el que pensar, y él no puede permanecer en él. ¿Para qué me busca? ¿Debería seguir evitándole o plantarle cara? De repente suena mi móvil, la habitación se inunda del tono de "Last Friday Night" de Katy Perry, me alejo un poco de Alex y sacó mi móvil del bolsillo. No tengo ese número guardado, y por un momento me cunde todo el pánico del mundo., no será...Alex me mira con expresión "haz lo que creas correcto", eso no me ayuda, debo cogerlo antes de que cuelgue o no.... luego me arrepentiré, pero ahora necesito saberlo.
-¿Quién es? – digo con voz temblorosa.
-¿Emma, eres tú? Soy Leo...

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