domingo, 30 de agosto de 2015

Capitulo 2

- Siempre es interesante hablar contigo, -contesta lo más indiferente que puede.
- No sé si yo podría decir lo mismo de ti, -digo dejando claro que me irrita hablar con él.
- Estoy esperando a Mario, me dijo que le esperara aquí después de clase.
Como si a mí me importara lo que hace aquí, ¡será imbécil! - Mmmm, pues vale, -me limito a contestar. Por suerte para mi, aparece Daniela y dejo de ser el punto de mira de Leo.
-Hey chicos, ¿qué hacéis aquí? ¿Os lleváis mejor? -Dice con una sonrisa traviesa.
-Nunca nos hemos llevado mal, justo estábamos comentado lo mejores amigos que somos, -contesta Leo con petulancia.
-¿De verdad? Pues me parece estupendo, no me gustaría tener malos rollos en mi cumpleaños, -dice Dani que, o le está siguiendo el juego, o de verdad no ha captado la ironía de sus palabras.
-Dani, he de irme, tengo que terminar el trabajo de arte antes de vernos esta tarde, -digo como excusa para salir de aquí.
- Espérate y nos vamos todos, Mario no tardará en llegar.- Daniela intenta que me quede, y normalmente no me gusta decirle que no, pero no estoy dispuesta a darle a Leo alguna oportunidad para que me diga algún comentario desagradable, en serio, ¿por qué me habla así? ¿Es su carácter habitual o es que yo no le caigo bien? Sea lo que sea, me da igual, tengo que salir de aquí cuanto antes.
- No, Dani de verdad, tengo que terminar el trabajo y unas cosas más, ya hablamos para lo de esta tarde.
-¿Esta tarde? ¿Pasa algo interesante esta tarde? -Pregunta Leo que, claramente quiere enterarse para fastidiar.
-¡Nada! No pasa nada, ¿verdad Dani? Además al ir con vosotros no podría usar el skate, iría más rápido que vosotros.
-Emm no puedes seguir usando el skate siempre, en la universidad no van a ser tan considerados como en el instituto, deberías quitarte la costumbre ya.
- El skate va conmigo hasta el fin del mundo, sabes lo importante que es para mí, nada ni nadie puede decirme lo que debo hacer, ya lo sabes, así que os dejo, tengo cosas que hacer, -digo algo molesta. Me despido de Dani dándole un beso en la mejilla , le echo un último vistazo a Leo, que nos observa bastante entretenido con nuestra conversación, lanzo mi skate al suelo, y montada ya en él, salgo lo más rápido que puedo de allí.
Ya en casa, como con mis padres y subo a mi habitación sin mediar palabra. Sé que más tarde, mi madre me preguntará si me ocurre algo, pero no sé cómo explicarle que lidiar con un capullo que encima es amigo de tu mejor amiga no hace que estés de buen humor precisamente. Recibo un mensaje de Daniela para que me pase a las seis, y tengo otro de Martina que me pide que le envíe un correo con los apuntes de lengua, decido responder a Marti y de paso, termino el trabajo de historia del arte para no sentir que he mentido a Daniela.
A las seis menos cinco estoy tocando la puerta de la casa de Daniela, y como no, en el día de hoy, me abre la puerta Leo.
-Está claro que hoy no piensas dejarme en paz, ¿no?- Le digo en cuanto le veo.
-Creo que podría decir yo lo mismo, Daniela no está, así que ya te puedes ir a casa, -y tras esas palabras, Leo me cierra la puerta en la cara.
-¡¡Oye!! ¿¡Cómo te atreves a cerrarme la puerta en las narices!? ¡Claro que está en casa, quedé con ella a esta hora! -Grité super enfadada ante la puerta que me había cerrado en la cara. No sé porqué le estoy dando explicaciones, pero me saca de quicio cada vez que me habla.
Tras la puerta, escucho una risa risueña, casi adorable, pero luego recuerdo que esa risa procede del capullo que me ha dejado en la calle y dejo de deleitarme con ella. Vuelve a abrir la puerta, y todavía riéndose, me hace un gesto para que pase, no me siento convencida del todo, pero al final me decido y entro.
-Si Daniela no está aquí, ¿dónde está? ¿Por qué no me avisó? ¿Austin está? Él sabrá dónde está ¿no? ¿Por qué estás tú aquí? ¿No estabas con Mario?
-¿Siempre haces tantas preguntas? -Me dice un poco borde, pero se da cuenta y se gira, se sienta en el sofá y me hace un gesto para que me siente a su lado. Confundida, le sigo, pero me siento enfrente, no me fío de este tío.
-Cuando salí con Mario y Daniela del instituto nos fuimos a comer los tres por ahí, llamó Austin para saber donde estaba Daniela, y al saber que estaba con nosotros, dijo que nos pasáramos después por aquí para continuar con la maqueta. Estuvimos trabajando en ello y Mario recordó que le faltaba un tema que le dejó a Víctor y fueron a buscarlo, Daniela quería ir, pero recordó que tú estabas a punto de venir y le dije que yo me quedaría para abrirte y que se marchara tranquila.
Me quedé muda. No pensé que fuera a responder a mis preguntas, pero ha sido agradable por una vez en lo que va de día. Estoy segura de que si le contara esto a alguien, juro que no se lo creería. Así que aquí estoy, con un chico que conozco de vista desde hace unos meses y con el que nunca he mediado palabra,pero que hoy ha decidido hablarme para empezar una pelea conmigo. Y llevarmos todo el día como el perro y el gato y, espera, hace un momento me ha cerrado la puerta en las narices, y ahora, de repente, se está portando "bien" conmigo. ¡Incluso me ha insinuado que me sentara a su lado! Creo que debería responder algo, llevo un rato callada mirando el suelo y noto como sus penetrantes ojos azules funden mi piel.
-Aammm, -es lo único que soy capaz de decir.
-¿Ya está? ¿Eso es todo? ¿Me has abordado con un montón de preguntas y encima que me molesto en responderte lo único que consigo a cambio es un triste "aammm"?- Responde Leo con tono de burla.
- ¿Ya he acabado con tu buen humor? -No puedo reprimir una sonrisa con mi pregunta, no sé por qué me está pareciendo más simpático ahora que esta mañana.
- ¿Ves? Estas mejor con esa sonrisa que poniéndome mala cara, -dice con una sinceridad que no esperaba.
- Si no sacaras lo peor de mí, podría sonreírte sin que precediera después a llamarte capullo. -Intento bromear, pero le he dicho exactamente lo que llevo pensando todo el día.
-¿De verdad saco lo peor de ti? Si hemos empezado a hablarnos hoy, - me responde en un tono suave.
-Pero tus presentaciones no han sido las más amables precisamente, además, nunca nos decías nada ni a mí ni a las chicas cuando venías a ver a Austin.
- Eso es porque no tenía nada que deciros. Sois unas crías,  y en cuanto un chico más mayor os dice cualquier cosa, en seguida pensáis que está enamorado de vosotras, y no le dejáis en paz hasta haberlo cazado, pero después de un tiempo os aburrís de él y buscáis a otro nuevo. Todas sois iguales, y no quería arriesgarme a tener malentendidos, pero Daniela es muy persistente, y al final nos convenció para que nos pasáramos por su cumpleaños, aunque fue Aaron el que decidió por los dos, yo solo accedí al botellón. 
Mi cara tiene que ser un poema, ¿en serio acaba de decirme todo eso? ¿Cómo ha podido decir semejantes cosas tan tranquilo y tan fluido? ¿En serio piensa eso de nosotras? Me siento estúpida ahora mismo, parecía que por fin nos estábamos entendiendo, que nos estábamos llevando bien y que éramos capaces de llegar a tener una conversación normal sin decir comentarios impertinentes, pero no, la tregua se acabó.
- ¿¡Pero a ti qué te pasa!? Hace un minuto me dices algo amable, y de repente sales con esas. Mira, no sé con qué clase de chicas te juntas pero yo no soy así y mis amigas tampoco, eres sin duda el tío más capullo del mundo, y no sé que me hizo pensar que tal vez te había juzgado mal y decidí darte una oportunidad entrando en casa de Dani sin estar ella aquí.
Se ha quedado mudo, ahí está, sentado en el sofá, tenso y mirándome con esos malditos ojos azules que libran una batalla interna por decir lo que quiere o lo que cree pensar.
- Me voy, -anuncio al cabo de unos minutos al ver que no reacciona. Me levanto del sofá, cojo mi mochila y me dirijo a la puerta.
- ¡Espera! -Dice Leo de pronto. No me lo esperaba y doy un pequeño brinco ante el sonido de su voz, pero he de irme antes de que me alcance y tengamos otra pelea más en el día de hoy. No podría soportar escucharle decirme algo más. ¿¡Por qué me siento tan vulnerable!?
-¡He dicho que te esperes! -Recorre la casa en dos zancadas y antes de que me dé tiempo a llegar a la entrada, me agarra del brazo.
- Oye, ¿además de cabezota eres sorda? Te he dicho que te esperes, -dice completamente serio.
- Y yo que eres un capullo, y si no quieres que te diga algo mucho peor deja de agarrarme del brazo, -contesto a la vez que doy un tirón para recuperar mi brazo.
-No he dicho eso para que te enfadaras.
-Pues no lo parecía. Tu comentario es lo más horrible que me han dicho nunca, ¡eres lo peor! Dani me dijo que eras un buen chico, pero yo no sé en qué se basa para decir eso. Si no querías malentendidos y sólo soy una cría que puedo enamorarme de ti y no dejarte en paz hasta que te tenga, ¿ por qué diantres te has quedado a esperarme? Si Daniela quería irse con su hermano, que me hubiera llamado y ya habríamos quedado en otro momento. ¡¡Joder!! ¡Dani me debe una de las grandes por haber siquiera respirado tu mismo aire! Pues que sepas que yo nunca me podría enamorar de alguien tan imbécil como tú, así que, no te preocupes, no te "daré caza"¡Y ahora me voy, y ni se te ocurra volver a agarrarme del brazo! - grito desafiante. No sé como hemos acabado otra vez a gritos. Me duele la garganta, me tiemblan las piernas, y solo quiero alejarme de él todo lo posible y echarme a llorar, odio en lo que me estoy convirtiendo a su lado. Nunca antes le he hablado a nadie así, tengo un carácter fuerte, pero jamás me he dirigido así a nadie.
- Es cierto que saco lo peor de ti, - dice con una mirada ¿triste? No, no puede ser, me estoy equivocando, vamos, no pienso sentir lástima después de lo que acaba de decirme.
En ese momento se abre la puerta y aparece Dani, Austin y Mario que no entienden que hacemos en mitad del pasillo con malas caras.
-¿Ocurre algo? empieza Austin
- Nada, simplemente me iba - contesto bastante seria.
-Emm, acabo de llegar, por favor no te vayas, -dice Daniela suplicante. Entonces, me mira a la cara, y al ver mi expresión, me aparta un poco, se pone delante de Leo y le grita -¿¡Qué le has dicho!? ¡Por esto mismo no quería que te quedaras aquí! ¡Es mi amiga, ella no es Colette, así que deja de tratarla como si lo fuera! ¡No te ha hecho nada, así que, deja de comportarte como un gilipollas porque si no, no quiero verte la cara en mi fiesta!, ¿entendido?
La tensión puede cortarse con un cuchillo. Daniela es bastante tranquila, alocada a veces, pero no suele enfadarse, aunque cuando lo hace, ocurren cosas como esta. Austin y Mario han decidido ponerse a salvo y suben a la habitación sin atreverse a hablar, Leo y Dani se están mirando fijamente y aunque no estén hablando, los ojos de ambos están librando una batalla de lo más aterradora. Mientras, sigo de pie, sin saber que hacer o decir, así que me limito a mirarles a ellos, al suelo y viceversa.
Leo es el primero en romper el silencio.
- No pensaba ir de todos modos, -dice casi en un susurro. Mira a Daniela, después a mí, y se va dando un portazo.
-Emma, cariño, ¿cómo estas? ¿Qué te ha dicho? Por favor, sube a mi cuarto y cuéntamelo todo, voy a preparar un poco de café, ¿vale? -me dice Dani muy dulce.
-Dani, estoy bien, no ha pasado nada, es solo que al ver que no venías decidí irme a casa a estudiar, -intento decirlo de forma natural, pero por algún motivo, estoy temblando, y me han salido las palabras nerviosas y atropelladas.
-Emm, no me obligues a gritarte a ti también. Estas temblando, no sé qué narices ha pasado aquí, pero, por la cara que tenías ha tenido que ser algo muy fuerte. Así que, voy a hacer café, cogemos esas galletas que tanto te gustan y una vez que estemos en mi cuarto, me cuentas de qué ha sido testigo mi salón.

martes, 25 de agosto de 2015

Capitulo 1

25 de Octubre.
Suena el despertador. Lo apago y me giro. Las siete. ¡Maldita sea! Definitivamente odio los lunes. Lo único bueno es que el sábado es el cumpleaños de Daniela y estaremos toda la semana organizando su fiesta. 
Me levanto y me arreglo para ir a clase, me despido de mis padres, cojo el skate y salgo de casa, no sin antes escuchar a mi madre que, como todas las mañanas desde hace tres años, ir al instituto con esa cosa es lo más peligroso que puedo hacer y que de gracias a Dios de que todavía no me haya matado y bla, bla, bla... siempre salgo antes de que termine su discursito mañanero.
Quince minutos después, estoy acercándome al instituto, y diviso a Ivana con Martina que hablan muy animadas para ser lunes. Me acerco lo suficiente como para darles un susto, pero me reprimo la travesura y las saludo normal.
- Buenos días chicas, ¿De qué habláis con tanto entusiasmo un lunes? ¿Ha faltado el de historia?
- Hola Emma, que va, ese nunca falta. Estábamos hablando de la gente que vendrá al cumpleaños de Dani, -dice Martina.
- Ya casi tenemos la lista, solo queda que Daniela le eche un vistazo por si le parece bien o quiere añadir a alguien más. Por cierto, ¿sabéis donde está?
- Detrás tuya para oír si me críticas a la espalda.
Ivana da un grito y todas nos giramos para ver a Daniela reírse por el susto que le ha dado a la pobre Ivana, que intenta darle un puñetazo por semejante susto.
- Entonces, ¿los invitados ya están decididos? -Le pregunto a Daniela.
- Si, aunque tenemos que añadir a dos más, pero no vendrán a la cena, vendrán después, para el botellón.
-¿¡Quiénes son!? -Preguntamos las tres al unísono con gran curiosidad.
- Pues, veréis, se trata de unos chicos algo mayores, tienen 23 años, y son estos chicos que cantan rap, ya sabéis, los que cantan con mi hermano. Vienen mucho por casa y somos muy amigos, así que les comenté que mi cumple era éste Sábado, y dijeron que se pasarían a vernos.
-Dani, corta, ¡dinos quiénes son de una vez! -Dice Ivana bastante inquieta. Sabemos que está colada por Aaron desde que coincidimos en casa de Dani y su hermano lo trajo a él y a otro chico para quedarse a dormir.
-Pues resulta, señorita impaciente, que los chicos que vendrán son nada más y nada menos que Aaron y Leo ¡¡Tachán!!
Ahogamos un grito por la impresión. Ivana se pone enseguida colorada y las demás le damos una exagerada reverencia a Daniela, pues, no solo trae a chicos más mayores, sino que enciman serán bastante atractivos. Es lo que tiene tener un hermano guapo, que sus amigos suelen serlo también. Mientras continuamos hablando de la increíble compañía que tendremos el sábado, todas callamos en cuanto vemos a Sebas pasar; nos ve y me saluda, como es su costumbre. Yo saludo algo tímida, y en cuanto dobla la esquina, mis tres cotillas toman posiciones y me abordan, como siempre, cada vez que nos lo cruzamos.
-Emma, ¿cuándo piensas salir con él? -Empieza Martina
-Si quieres, le puedo decir que venga a mi fiesta, y bueno, ya sabes, botellón, alcohol, luego te acompaña a casa... -Sigue Dani arqueando las cejas.
-Chicas, ¡Dejadlo ya! ¡No me gusta! Es verdad que sí me gustó en un pasado, pero estamos mejor de amigos, ambos lo hemos querido así. Él tiene novia, y yo estoy feliz tal y como estoy, debo estar lista para mi salto a la universidad, seré una tía con éxito, y no necesitaré depender de nadie, y un chico es lo que menos necesito.
-Eso me suena a excusa para decir que no te comes ni una rosca jajaja, venga, no disimules con nosotras, si te gusta, admítelo, y si no pues, te buscamos un novio en la fiesta de Dani, pero Aaron es solo para mí, quedas advertida señorita,- dice Ivana fingiendo una amenaza.
Prefiero que sigan pensando que me gusta, a la verdad. Mis amigas y yo siempre nos lo hemos contado todo, o en mi caso, casi todo. Hay algo que nunca me he atrevido a contarles, no porque me juzguen, eso sé que nunca lo harán, total, ellas han hecho cosas peores y nunca nos hemos juzgado, ni criticado por nuestros actos, pero me siento demasiado ridícula, patética y avergonzada como para que alguien lo sepa.
Es verdad que llevo años enamorada de Sebas, siempre hemos sido buenos amigos y aunque la gente decía que hacíamos buena pareja, siempre hemos bromeado al respecto, aunque se notaba la química entre nosotros. Intenté en muchas ocasiones que me pidiera de salir o dejarle claro mis sentimientos, pero él, o no los pillaba, o se hacía el loco, y siempre que intentaba pasar página, él se aferraba más a mí, y yo era incapaz de detenerle. Pero no hicimos nada, hasta el año pasado, cuando él me pidió que le diera clases de inglés. Quedábamos dos días a la semana, de cinco a siete en su casa, y aunque, en un principio, solo me limitaba a darle clase, al cabo de unas semanas Sebas comenzó a bromear sobre mi cuerpo, las cosas que podría hacerme, como me haría sentir y tal, y yo pensaba que era eso, una broma, pero todo cambió cuando me dijo una tarde que estudiáramos en la cama. Yo me apoyé contra la pared y él se apoyó en la cabecera, empezó a tontear y poco a poco se acercó más y más hasta que apenas quedaba espacio entre nosotros, me acercó hacía él, me agarró de las caderas, me besó en el cuello, y dijo que siempre había deseado hacerme eso; nos enrollamos durante unos minutos, hasta que escuchamos a su hermano entrar en casa con sus amigos. Nos separamos al instante, pero ambos nos quedamos con ganas de más y en vez de dejarlo ahí, lo convertimos en una costumbre y, durante unos meses, nos dedicábamos un rato a inglés y otro a enrollarnos. 
Yo me sentía feliz al ver que mis sentimientos eran correspondidos, pero luego me di cuenta de que Sebas nunca me dijo que me correspondía, solo me decía lo mucho que deseaba mi cuerpo, y entonces comprendí que eso tenía que parar. Él nunca me quiso, solo buscaba rollo sin compromiso, y yo era perfecta para él, no le dejaba hacer gran cosa, pero él se conformaba con cuatro besos y manosearnos un poco por encima.
Una tarde le dejé bien claro que si no me pedía de salir como pareja formal, se acabaron las tutorías. Él intentó persuadirme para continuar así, pero de pronto sonó su móvil, ambos miramos la mesa donde estaba, y reflejado en la pantalla, estaba él besando a una chica. Yo no sabía que tenía novia y comprendí que me había estado utilizando así que, recogí mis cosas y, con lágrimas en los ojos, le pedí que no volviera a llamarme.
Así terminó la única "relación" que he tenido con un chico. Nunca se lo conté a nadie, y nunca lo haré. ¡Bastante humillada me sentía ya! ¿Cómo pudo hacerme eso sabiendo lo que sentía por él? No lo dejó correr, me llamó varias veces e intentó hablar conmigo en el insti, pero le dejé bien claro que me sería imposible perdonarlo, aunque nunca se rindió y aún sigue buscando cualquier excusa para hablarme o saludarme como hace un momento para que no me olvide de él.
Sin darme cuenta, ya es casi la hora del recreo, me he pasado estas tres horas perdida en mis recuerdos y no he atendido en ningún momento. Debo evitar este tipo de cosas, sino no conseguiré aprobar. En el recreo decidimos salir del insti y quedarnos fuera, hasta que nos fijamos en tres chicos muy atractivos que se acercaban a nosotras, resultando nada más y nada menos que el hermano de Dani y sus amigos. 
- Pequeñaja, ¿qué haces tú, aquí fuera en horario escolar? -Dice el hermano de Daniela
-¿Pequeñaja? Austin sabes que cumplo 18 este sábado, ¡deja de tratarme como una niña! Y por cierto, ¿qué hacéis vosotros aquí? Que yo sepa, ya os habéis graduado todos hace bastante, ¿no tenéis nada mejor que hacer, o qué? -Pregunta Dani de forma burlona.
Siempre olvido que la madre de Dani es inglesa, y les puso a sus hijos nombres británicos. En realidad, Daniela se llama Danielle, pero prefirió usar su nombre con la traducción española porque no soportaba que la gente pronunciara mal su nombre.
- Ja, ja muy graciosa. Venimos a buscar a Mario, tenemos que comentarle los cambios que le hemos hecho a la nueva maqueta, dice Austin. Mario va a nuestra clase y también es parte del grupo de raperos de Austin, creo que se llamaban "Dream With Nightmares" o algo así, es lo que tiene que el que mande sea medio británico.
-Si, le hemos añadido dos temas más, y algunas colaboraciones con otros grupos, además a Leo se le ha ocurrido nuevas ideas para el videoclip, -dice Aaron mirando a Ivana, que, está roja como un tomate al ver tanta atención por parte de Aaron. Leo se limita a asentir y a mirarme fijamente, no con una mirada intimidante, más bien, una mirada profunda, como si quisiera decirme algo, pero algo le impidiera hacerlo.
Martina se ofrece en nombre de todas para buscar a Mario, así que terminamos dando la vuelta para ayudarles a buscarlo, al girarme, alguien me agarra del brazo.
Es Leo. Me está mirando con esos profundos ojos azules, no me había dando cuenta, aunque también es verdad que nunca reparé en él en las pocas veces que hemos coincidido. Me agarra con fuerza el antebrazo, y solo despega los labios para decirles a sus amigos que busquen a Mario sin él, que prefiere quedarse esperando y  hablar un momento conmigo.
Me encojo al ver que nadie le parece extraño que Leo muestre algún tipo de interés por mí y ni el hecho de que nos quedemos aquí solos. Una vez que doblan la esquina y los perdemos de vista, me suelta y dice suavizando su tono:
-Espero que no te importe hacerme compañía mientras vienen mis amigos, la verdad es que no tenía muchas ganas de entrar, cada vez que me encuentro a algún profesor, me aborda con varias preguntas para ver si he madurado un poco y ya no soy tan problemático como lo era cuando estudiaba aquí. -Dice Leo tan tranquilo.
-Emmm, no, no me importa, contesto algo cortada y bastante incómoda de que me haya elegido a mí para quedarme con él. -¿Por qué no ha elegido a otra?
-Oye, relájate ¿quieres? No voy a comerte, solo quería que alguien me hiciera compañía.
- Si solo querías compañía, ¿para qué me eliges a mí? Podría haberse quedado Daniela o Martina, a ellas las conoces más que mí, de hecho, es la primera vez que hablamos, contesto algo molesta por decirme que me relaje. ¿Quién se cree que es?
Algo perplejo ante mi respuesta dice: Tal vez tengas razón, pero tú pareces más tranquila que las otras, ni siquiera pensé que me contestarías, así que pensé que nos quedaríamos en silencio hasta que regresaran los demás.
- Si querías silencio, mejor no haberme arrastrado a quedarme contigo, -digo con desdén.  No suelo caer en este tipo de provocaciones, pero su socarronería saca lo peor de mi.
-¡Guau! Menudo carácter te gastas, al final resulta que eres peleona y todo, -me dice con una media sonrisa.
- Peleona se queda corto, no me busques las cosquillas si no quieres disfrutar de una larga soledad hasta que vuelvan los demás, no tengo por qué aguantar tus tonterías. -Digo en un tono más borde del que pretendía, y en cuanto me giro para volver al instituto, Leo me vuelve a agarrar del brazo.
-Oye, no te confundas conmigo, solo bromeaba, intenta decir de forma desinteresada,- pero sus ojos reflejan la pasión que su voz no es capaz de transmitir.
Escuchamos la voz de Austin, que nos indica que ya han encontrado a Mario y viene a buscarnos. De un tirón, recupero mi brazo y le digo: ya vienen tus amigos, así que ya soy prescindible para ti.
Y antes de que le dé tiempo a agarrarme otra vez del brazo, me voy hasta Martina, le susurro que me voy a adelantar a clase y me voy, lo que menos necesito es pelearme con Leo. Nunca habíamos hablado, hemos tenido un par de encuentros en la casa de Dani, pero nunca se dirigió a mí hasta hoy, y solo para molestarme, creo que no caigo muy bien, aunque he de decir que él tampoco me cae bien.
En clase, Ivana me cuenta lo bien que se lo ha pasado con Aaron; parece que ambos tienen buena química por lo que me cuenta, aunque Martina y Daniela enseguida la interrumpen para preguntarme qué he hecho con Leo en el rato que hemos estado solos.
-¡Ya os he dicho que nada! Él ha intentado hablar conmigo, pero solo para buscar pelea y yo he pasado de él, punto.
-Pues, yo diría que no ha pasado solo eso, ¿verdad, chicas?
-Marti tiene toda la  razón, en cuanto te has ido, ha preguntado si seguía en pie lo de ir al cumple de Daniela, y que si tú vas, vendrá más temprano, que le has parecido muy divertida. -Dice Ivana.
- Emma, yo creo que deberías darle una oportunidad, no es mal chaval, es solo que le gusta mucho bromear, mira ven esta tarde a mi casa y me ayudas a organizar lo que vamos a comprar para el botellón, ¿vale? Necesito ayuda, y estas petardas tienen mañana recuperación, por favor, ven, te prometo que no estará ni Leo, ni mi hermano, van a estar toda la tarde grabando los nuevos temas, anda, ¿vendrás?
Me es imposible decirle que no a Daniela, así que termino aceptando su invitación, y en silencio, da por terminada la última clase del día. A la salida del instituto veo a Leo apoyado en la pared.
-¿¡Tú otra vez!? 

Prólogo

Siempre he tenido las cosas claras, incluso desde pequeña. Nadie era capaz de decirme lo que podía o no hacer, y es por eso por lo que, este año, en cuanto termine mi último año de instituto, cojo carretera y manta y me voy de cabeza a la universidad para convertirme en la próxima editora de la mejor revista que pueda existir.
Al menos eso pensaba yo, en mi dulce inocencia. Lo que no me esperaba, era que la vida fuera tan dura una vez que eres adulta, y mucho menos pensé que el amor se toparía en mi camino, pues, al contrario que mis amigas, nunca fui afortunada en ese campo.
No se si las cosas hubieran salido de otra manera si, para variar, hubiera escuchado a alguien más que a mí misma, y, aunque no me arrepiento de las cosas que he hecho en este año, muchas de ellas hubiera preferido haberla hecho de otra forma, pues, nunca pensé que algo tan trivial como conocer a un chico podría convertirse en un enorme quebradero de cabeza.
Podría decir que conocer a Leo fue una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, pero también podría decir que fue lo peor. Despertó cosas en mí que, de alguna manera que desconocía, me enseño grandes cosas de la vida, y aunque pasé malos momentos, tuve el apoyo de Alex, y sobre todo, y por suerte, mis amigas estaban a mi lado.
¿Que quiénes son? Ellas son Martina, Daniela e Ivana, mis mejores desde que tenemos 8 años. Nos conocimos una tarde en el parque del barrio, las cuatro empezamos a jugar y al final de la tarde, prometimos volver al día siguiente a la misma hora, para jugar otra vez.
Hemos sido inseparables desde entonces, aunque, ahora estamos algo preocupadas por el camino que cogerán las demás en su viaje a la universidad.
Cada una va a ir a un sitio distinto para cumplir su sueño y aunque siempre permaneceremos unidas a pesar de la distancia, existen cosas que pueden separar incluso a las mejores amigas.
Soy Emma, tengo 18 años y una expectativa demasiado alta de la vida, y puedo asegurar, que el que creía que seria el mejor año de mi vida, se convirtió en el más caótico en el momento que pise el instituto aquel 25 de Octubre. Ya nada volvió a ser igual, ni yo misma, ni mi vida, ni nada.